lunes, 29 de julio de 2019

Reforma laboral y el regreso de la teoría del derrame

Reforma laboral y el regreso de la teoría del derrame


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

Hemos marcado en anteriores oportunidades que la firma del acuerdo Stand By con el FMI tuvo una significación que, trascendiendo de los meros alcances de las condiciones en las que se negocia el préstamo, radica en la redefinición del conjunto de la política económica.

Esta, bajo la tutela del organismo internacional, se va orientando hacia un esquema neoliberal, cuya armonización definitiva espera su cristalización a posteriori del proceso electoral.

Como ya hemos mencionado, en este giro, también se modifica la determinación de quienes son los "ganadores" económicos del proceso de Cambiemos ya que, al desplazar el acento desde la dolarización de los precios de los alimentosi y la energía hacia el incremento de la proporción con que se retribuye al capital y al sector empresario, se amplía el selecto grupo de beneficiarios hacia el conjunto del establishment.

Es por ello que la reforma laboral anunciada por el ministro Dujovne en Estados Unidos, se erige como uno de los elementos de contexto clave.

Ahora bien, es previsible que en nuestro país, una iniciativa de tal naturaleza no resulte de simple implementación, atento a las posibles resistencias sociales que despertará.

Una historia reciente

Durante 2017, en la misma dirección que la que aquí se impulsa, Brasil aprobó dos reformas profundas en la materia.

En el primer semestre, la que establece las pautas del régimen de las contrataciones temporarias o eventuales, que amplió notoriamente las fronteras de la tercerización, y en el segundo, la modificación de 115 artículos de la norma conocida como Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT) -que data de 1943, durante la presidencia de Getulio Vargas-, que alteraron de manera significativa el corpus legislativo que Brasil fue desarrollando hasta la fecha en materia laboral, con profusión de medidas que flexibilizan las condiciones en las que los contratos pueden ser convenidos y las tareas desarrolladas.

Entre los aspectos más relevantes, se destacaron:


  • el orden de prelación establecido para un amplio espectro de componentes del contrato de trabajo, en el que predominan los arreglos individuales o por empresa por sobre los convenios colectivos de la actividad;
  • que las negociaciones que pueden desarrollarse por fuera de los acuerdos paritarios entre empleadores y empleados, alcanzan a la estructuración de las jornadas laborales, las pautas organizativas de las tareas, la distribución de las licencias, entre otros aspectos, permitiendo, por ejemplo, pactar indemnizaciones por despido por debajo de lo estipulado;
  • la permisividad para la tercerización de actividades (incluso en el caso de la principal);
  • la habilitación de formas de contratación en las que los trabajadores pueden permanecer a disposición del empleador, recibiendo remuneraciones solamente por el período de prestación de servicios (el que puede pautarse por jornadas u horas inclusive); y
  • la creación de la figura de los "autónomos exclusivos", cuando los trabajadores prestan servicios para un único cliente, al que se exime de reconocer el vínculo laboral permanente.

El debilitamiento del papel de los sindicatos atraviesa la totalidad del nuevo ordenamiento legal, afectando el financiamiento y la afiliación, e incluso en la admisión de la subordinación a los acuerdos individuales o por empresas, aun en los casos de despidos masivos, al igual que en la facultad reconocida a comisiones no sindicales para negociar como representación de los trabajadores ante las compañías.

La polémica sobre las reformas trascendió holgadamente las fronteras, encontrando en nuestro país tanto a exégetas que vieron en ellas el futuro deseable para la regulación del mercado de trabajo argentino, como fervorosos críticos que consideran a esa legislación un retroceso a los albores del siglo XX.

Como puede apreciarse en el gráfico, su puesta en marcha no redundó en mayores niveles de empleo, por lo que la tasa de desocupación se mantiene, en forma persistente, en el orden del 12% de la Población Económicamente Activa.

Adicionalmente, dada la caída de la inversión bruta fija2, tampoco se observa un efecto significativo en el Producto Interno Bruto, cuyas variaciones interanuales se encuentran en similar orden de magnitud que las del crecimiento poblacional.

Finalmente, transcurridos dos años de vigencia del nuevo ordenamiento laboral en Brasil, los resultados fueron lejanos a los esperados por sus promotores y sin efecto positivo alguno.

Reforma laboral argentina, ¿para qué?

Hemos señalado con anterioridad que las regulaciones laborales son, en general, soluciones obtenidas frente a tensiones existentes, surgidas y situadas en un determinado contexto. Y que, por ello, en ocasiones, especialmente ante transformaciones que los mercados particulares experimenten (transitorias o permanentes), la búsqueda de las mejoras para el conjunto de los actores podría incluir la revisión de aspectos puntuales que estuvieran resultando disfuncionales.

Pero, como se marcó, las reformas, tanto en el caso brasileño como en el argentino, no están motivadas en la salvaguarda de actividades en dificultades, sino que el objetivo teórico común es la utilización de la fuerza de trabajo, con un promedio salarial menor al vigente en el momento de las enmiendas.

Esto a su vez queda implicado en un debate de mayor alcance, en el que finalmente se trata de determinar si la ganancia empresarial se basa en un markup (margen) mayor sobre volúmenes negociados pequeños (con el consecuente subconsumo de segmentos poblacionales), o si aspiramos a su contrario, en la que la utilidad se amplíe disminuyendo los márgenes por unidad vendida y aumentando el volumen de comercialización en un mercado demandado.

Por lo tanto, sería deseable que, en el marco de la disputa por el recambio presidencial, este debate subyacente se haga explícito: política de derrame o modelo de desarrollo económico.

1 Política revisada desde el acuerdo con el FMI con el restablecimiento de las retenciones a las exportaciones agrícolas.
2 Entre el primer trimestre de 2019 y el mismo período del año anterior, la caída fue del 3,14%.

*MM y Asociados


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lunes, 22 de julio de 2019

Drama y tragedia: del BCRA a la economía real

Drama y tragedia: del BCRA a la economía real


Por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Norberto Itzcovich, Dr. Claudio Comari

La producción y circulación de bienes y servicios se encuentra hoy, en nuestro país, entre otros aspectos, con un tipo de cambio inferior al de los últimos cinco meses.

Ello es producto de la oferta de dólares alimentada por las liquidaciones del complejo agroexportador y la disponibilidad de parte de los prestados por el FMI en el último acuerdo Stand by, en tanto la potencial demanda, por ahora, continúa seducida por las altas tasas de interés reales en pesos ofrecidas por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

En ese contexto, mientras el oficialismo se conforma con aprovechar cierto análisis superficial para tratar de arrogarse pequeñas "victorias" de sus propuestas, el mundo empresarial y sus decisiones, por el impacto que conllevan en el nivel de producción y empleo, necesita realizarlos con mayor profundidad.

Es por ello, que en el presente artículo escudriñaremos el balance del BCRA, así como el resultado de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos (CC) y la cuestión fiscal, intentando dilucidar cual es el marco situacional en el que se desarrolla la pelea por la supervivencia para un extenso número de empresas y sus trabajadores.

La caja negra del BCRA

Al cierre de la primera semana de julio, el balance del BCRA mostraba un patrimonio neto de US$ 12.100 millones, habiéndose reducido en US$ 3.900 millones en las últimas doce semanas.

En igual período, las reservas cayeron US$ 9.700 millones, alcanzando los US$ 63.700 millones1 y el Tesoro nacional, que tenía depositados en el BCRA 19.500 millones de dólares, retiró para sus gastos US$ 10.900 millones.

Ahora bien, si analizamos el balance del BCRA descontando los activos netos del Gobierno Nacional, ya que es de imposible cumplimiento que el Tesoro rescate los bonos que la autoridad monetaria tiene en su poder, el Patrimonio Neto resulta negativo en US$ 34.500 millones.

Paridad cambiaria a la baja: ¿déficit de cuenta corriente del Balance de Pagos al alza?
Mientras tanto, el dólar mayorista, a mediados de julio, se encontraba en valores similares a los de fines de setiembre pasado, con una inflación acumulada, en el período, de aproximadamente 40%.

A raíz de ello, realizamos un ejercicio, tomando como base el año 2001, para obtener el nivel de la capacidad de compra del dólar, expresada en pesos, en términos reales (considerando la evolución de los precios de los bienes industriales de la demanda intermedia de Estados Unidos y el índice de precios internos al por mayor argentino).

El resultado muestra que, para fines de abril de 2019, cuando el dólar mayorista tocó su pico máximo, resultaba 42% superior respecto del último año de vigencia de la convertibilidad. Sin embargo, la posterior revaluación del peso llevó esa paridad, en junio pasado2, a 1,18 pesos por dólar3.

Este último valor es similar al que arrojó el ejercicio para el año 2016, cuando la CC había resultado en un déficit de 14.693 millones de dólares.

En consecuencia, más allá de la mejora circunstancial de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones) producto de la profunda recesión en la que se encuentra la economía argentina y su impacto directo en la abrupta caída de las compras externas, queda en evidencia que la actual paridad cambiaria es insuficiente para equilibrar el déficit de la CC que, en los términos actuales, alcanzaría al 3,1% del PIB, teniendo en cuenta solamente los intereses devengados de la deuda (exigible) en dólares, vinculada a tenedores extranjeros.

Y por el lado de las cuentas públicas, ¿cómo andamos?
En referencia al déficit fiscal primario, el oficialismo, por el acuerdo con el FMI, se propuso equilibrarlo, mediante la reducción del gasto público.

Ello, en el entorno de una economía recesiva, resulta de imposible cumplimiento.

Para demostrarlo, retomamos el ejercicio que realizamos en nuestro artículo "2019. Un escenario lábil" (BAE, 21-1-19), donde calculamos la caída de la recaudación en términos reales, con la siguiente metodología:


  • indexamos la recaudación de diciembre de 2017 mediante un conjunto representativo de indicadores, obteniendo un valor teórico de los ingresos tributarios que debieran haberse alcanzado en diciembre de 2018, para mantener el mismo "poder de compra" que el año anterior;
  • comparamos ese valor teórico con lo efectivamente obtenido y, finalmente,
  • estimamos la magnitud de la pérdida de ingresos reales acaecida.
  • Repitiendo dicho procedimiento para junio de 2019, se concluye que, en el sexto mes del año, hubo una pérdida interanual de recaudación de 7,2%.


Adicionalmente, si no se hubieran registrado modificaciones del régimen de retenciones y tasa de estadística, la baja hubiera alcanzado el orden del 11,4%.

La diferencia entre los valores estimados y la recaudación efectiva finalmente obtenida refleja claramente las pérdidas por el menor nivel de actividad.

En consecuencia, como viene quedando plasmado en los últimos meses, la caída de la recaudación se produce a mayor velocidad que la del gasto público, con lo cual la disminución del Déficit Fiscal Primario se transforma en una quimera.

Por ello, existe ya un consenso acerca de que no se alcanzará el mentado equilibrio primario que, por el contrario, se mantendrá en el entorno del 2,7% del PIB.

Así, sumados el déficit primario y los servicios de deuda estimados, persiste en la economía argentina una necesidad de financiamiento de U$S 26 mil millones por año, equivalente a aproximadamente el 6% del PIB. Ello, sin tener en cuenta el déficit cuasi fiscal que, anualizado, alcanza otro 5%4.

Rienda corta para los negocios

Dada la actual coyuntura, es bueno repasar algunas recomendaciones para que los hombres de negocios mantengan su empresa en marcha.

Ellas son, tener "calzada", en lo posible, la relación entre pagos y cobranzas; minimizar la deuda en dólares o, en su defecto, operar en el mercado de dólar futuro; comercializar los productos tratando de evitar "rifar" el stock y prestando especial atención al valor presente y futuro del inventario, en pesos y dólares, para poder evaluar, en función de la expectativa de devaluación, si es conveniente incrementarlo o disminuirlo, a los fines de la valorización patrimonial de la empresa.

Ante la incertidumbre acerca de la resolución de la Supercrisis5, cualquiera sea el resultado electoral de los comicios que se avecinan, los criterios de "rienda corta" y de "sana prudencia" están más vigentes que nunca.

1 Con la colaboración del Mg. Oscar Carreras. Cabe consignar que con posterioridad a la fecha de referencia se incorporó a las reservas el último desembolso del FMI, con lo cual, al margen de otras modificaciones, al 16 de julio su monto alcanzó los U$S 68.739 millones.

2 El ejercicio se realiza al mes de junio ya que, aun transcurriendo el séptimo mes del año, no se cuenta todavía con la información de variación de precios.

3 Siempre refiriéndonos a aquellas exportaciones que no están afectadas por retenciones, ya que las sumas fijas en pesos, por dólar exportado, representan una pérdida de competitividad de entre 7% y 9% adicional.

4 El quantum del déficit cuasi fiscal resulta variable, porque depende centralmente de la tasa de interés que el BCRA paga por las Leliq.

5 Oportunamente caracterizamos a la Supercrisis como la situación a las que nos llevó la alianza Cambiemos, que incurrió a un mismo tiempo en los desequilibrios macroeconómicos fiscales y externos que colapsaron los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa, respectivamente.

*MM y Asociados


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lunes, 15 de julio de 2019

Acuerdo Mercosur-UE: un complot contra la historia

Acuerdo Mercosur-UE: un complot contra la historia


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

Pocos días atrás, bajo la pretensión de haber alcanzado un gran éxito diplomático, el gobierno argentino anunció la firma del "Acuerdo estratégico Mercosur- UE".

Ello podría resultar un hecho transcendental, si en el campo de las relaciones entre las naciones los postulados de la globalización conservaran la vitalidad y la potencia que mostraron en las postrimerías del siglo pasado.

En tal caso, la discusión de cada detalle de un acuerdo comercial con unos de los "ganadores" de ese esquema económico mundial, sería indispensable, mientras que, paralelamente, ello implicaría concebir que el resurgimiento de las medidas proteccionistas, incluyendo los virajes introducidos en EE.UU. por Trump, sólo son un efímero incidente.

Pero si el marco de interpretación de la realidad global es el de la III Guerra Mundial en cuotas por los puestos de trabajo, como lo caracteriza el papa Francisco, pierden toda relevancia las particularidades del entendimiento, al quedar cuestionadas sus condiciones de posibilidad y por ello condenado a una obsolescencia prematura, víctima de su propio complot contra la historia.

Por ahora, un convenio marco

En simultáneo con la reciente Cumbre de Líderes del G20, realizada en Osaka, se firmó el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, cuyas negociaciones iniciales datan del año 2000.

Convertido en uno de los objetivos fundamentales de la gestión de Cambiemos y luego de casi tres años de anuncios de inminentes resoluciones, con sus consiguientes sucesivas frustraciones, el primer paso formal ha sido dado, quedando por delante un complejo proceso hasta que sus disposiciones sean aprobadas y pueda ser considerado "en vigencia" ya que, a la fecha, se trata de un convenio marco.

No podría ser de diferente manera, por razones que son operativas y otras de naturaleza política.

Las negociaciones faltantes, que incluyen además del conjunto de las particularidades sectoriales, la intervención y aprobación legislativa de los suscriptores, no permiten una seria estimación de los años que podrían insumir.

Pero, es además necesario considerar los períodos adicionales requeridos para que las medidas empiecen a tener efectividad, ya que aun cuando algunos compromisos entrarían "en vigor" junto con el acuerdo, las modificaciones de preferencias, aranceles, patentes, normas de origen, medidas pararancelarias, etc., cuentan con diversos plazos de implementación posterior que, en algunos casos, se acercan a las dos décadas.

Claro que, para que esto finalmente ocurra en la intensidad prevista, las condiciones del contexto modélico internacional deben permitirlo, entre las que se cuenta, la continuidad como tales de los bloques comerciales.

Al respecto, hemos señalado en otras oportunidades1, que la política exterior de la administración Bolsonaro, pone en severas dudas la continuidad del Mercosur, toda vez que se orienta a suscribir convenios comerciales bilaterales (como los que firmara en marzo para las importaciones sin aranceles de trigo de los Estados Unidos y automotores desde México), a lo que se suma, por otra parte, que para la Argentina, este bloque arrojó, en forma sistemática, resultados desfavorables, dada la irresoluble ausencia de complementariedad entre las dos economías más importantes del bloque (al tratarse de entramados productivos que compiten entre sí), por lo que, más temprano que tarde, nuestro país podría buscar otras asociaciones más convenientes.

Del mismo modo, no son menores las presiones para la redefinición y/o desintegración de la Unión Europea.

Por lo tanto resulta determinante, en un plano más general, en cuanto a la factibilidad del acuerdo, el modo predominante de las relaciones comerciales de los países dentro de su bloque económico de pertenencia, la perdurabilidad de estos en el tiempo (como interrogante) y, dado el caso, la relación entre ellos.

¿Singularidad histórica o Nuevo Orden Internacional?

Como hemos tratado en múltiples oportunidades en nuestros artículos, el mundo globalizado emergente a posteriori de la desarticulación del "bloque socialista" y la desintegración de la Unión Soviética estableció un modelo hegemónico de relaciones, cuyas expresiones más plenas quedaban instituidas mediante los tratados de libre comercio, y donde los organismos internacionales, especialmente la Organización Mundial de Comercio ( OMC), fungían como garantes de tal orden, en capacidad de retaliación de cualquier intento de protección de los aparatos productivos nacionales que supusieran alguna restricción a la libre circulación de bienes y servicios2.

Obviamente, el principal soporte de aquel orden internacional fue Estados Unidos, que hoy no sólo dejó de sostener la vieja arquitectura, sino que pasó a ser su principal contrincante.

La autoexclusión del tratado transpacífico y la redefinición del viejo NAFTA en un acuerdo sustantivamente disímil como el actual USMCA, son una suficiente muestra de la actual política de los EE.UU. hacia los acuerdos de libre comercio.

Pero tal vez mayor significación, es la que emana de la conducta gubernamental en cuanto a la administración del comercio exterior y el explícito desdén por la acción de la OMC.

Esto no tendría mayor importancia, respecto al acuerdo de referencia, si tal giro de EE.UU. fuera, como algunos piensan, un suceso aislado, una anomalía histórica que, encarnada por un personaje político de excepción y marginal desde el punto de vista de la estructuralidad económica de su país, está destinada a un tránsito fugaz.

Lejos de ello, desde nuestra mirada, las principales políticas económicas de la actual administración norteamericana encarnan los intereses orgánicos del complejo productivo estadounidense y, en la medida que resulte exitoso para restablecer su "zona de confort" en los mercados internacionales aprovechando el conjunto de ventajas competitivas de las que goza, entre las que obviamente se destaca la obtenida en su revolución energética3, tenderá a perdurar.

Por eso es importante comprender que se trata de una estrategia de orden mundial, con el notable agregado de que, ignorando la máxima futbolera de que "equipo que gana no se cambia", algunos sectores dirigenciales de los EE. UU. tuvieron la audacia de cambiar un mundo que su país venía liderando.

Esa misma impronta, opuesta por el vértice a los principios nodales de la globalización, es la que también se expresa en otros lares, signando tanto la recomposición de la Federación Rusa, como las tensiones eurofóbicas que atraviesan el viejo continente, cuya expresión descollante fue el Brexit.

Este conjunto de evidencias es la que nos lleva a entender este proceso como la emergencia de un Nuevo Orden Internacional, cuya predominancia actual no es transitoria, sino constitutiva.

El ahistórico "acuerdo histórico"

Calibrar entonces los posibles impactos del acuerdo Mercosur- UE, requiere, en primer término, esclarecer cuáles son los causes principales del ordenamiento internacional en los años venideros, porque debemos elegir entre dos caracterizaciones de los tiempos por venir, de la que dependerá la correcta inserción internacional de nuestro país.

En este debate encontramos: por un lado, a los que, discutiendo aspectos particulares, asumen como inmutable el orden globalizador, y por el otro, a quienes, al considerar el Nuevo Orden Internacional, juzgamos abstracta la discusión de "la letra chica" preguntándonos, lisa y llanamente, si el acuerdo es viable o no.

Las siguientes elecciones presidenciales de los EE.UU., ayudarán a clarificar sobre la perdurabilidad o fugacidad de las transformaciones en curso que, a nuestro criterio, son las más profundas desde la culminación de la Guerra Fría y, si esto es cierto, los verdaderos debates no versarán sobre el libre comercio, sino sobre las estrategias más eficaces y eficientes para desenvolvernos en un mundo donde "cada cual atiende su juego".

1 “Requiem al Mercosur” (BAE Negocios, 1/4/19). “Bolsonaro y la Argentina: una de cal y una de arena” (BAE Negocios, 14/1/19).

2 A modo de ejemplo: a partir de una demanda conjunta de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, el tribunal de apelaciones de la OMC ratificó, a principios de 2015, un fallo de primera instancia, que entraría en vigencia el 9 de diciembre de ese año, que un tribunal especial de esa organización había emitido en septiembre de 2014, a raíz de una denuncia de 2012. Allí se indicaba que el Gobierno debía “cumplir con las reglas del comercio internacional”. Así, la OMC entendió que las medidas de administración de comercio, que en su momento implementó el gobierno argentino, constituían “una violación de las normas del comercio internacional”.

3 “El America first y el Nuevo Orden Internacional”, (BAE Negocios, 28/1/19)

*MM y Asociados


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lunes, 8 de julio de 2019

Las disputas de EE.UU. en el nuevo orden internacional

Las disputas de EE.UU. en el nuevo orden internacional


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

Descifrar el real significado de cada una de las situaciones conflictivas que surgen en el mundo, permite comprender cabalmente las nuevas "reglas del juego" internacionales, cuyo entramado experimenta la transformación más profunda desde el final de la Guerra Fría.

Esto es producto del drástico cambio de enfoque que los Estados Unidos (EE.UU.) imprimieron a sus políticas tanto internas como externas, a partir de la consigna "America first", que se plasma bajo la administración de Donald Trump, cuyo sustrato es el proceso que hemos caracterizado como la "revolución energética norteamericana"1.

Esta determinó el fin de la globalización como modelo hegemónico y excluyente de las relaciones entre los países, así como el surgimiento del Nuevo Orden Internacional (NOI), cuya singularidad es la puesta en valor de los vectores de competitividad en las economías nacionales.

De un mundo en el que EE.UU. necesitaba completar su abastecimiento doméstico de energía fósil (EF) con ingentes importaciones, se ha pasado a otro en el que el principal consumidor de hidrocarburos no sólo logrará su autoabastecimiento, sino que se convertirá en exportador neto, tal cual se desprende del ritmo de crecimiento de la producción, y lo certifican las negociaciones entre Trump y su colega Xi Jinping, para que la República Popular China (RPC) realice las inversiones necesarias para abastecerse de gas, desde Alaska.

Así, la primera potencia mundial desde su propia base material2, reinstala su "zona de confort", que se veía amenazada tanto por la Unión Europea ( UE) como por la RPC, extendiendo en el tiempo la supremacía económica, política y militar.

Comprender este tipo de transformaciones, en la incordiosa posición de hacerlo mientras están ocurriendo, resulta imprescindible si se quiere lograr una correcta inserción internacional de nuestro país.

La energía como vector de competitividad

A partir de avances tecnológicos, EE.UU. logró la puesta en valor de los reservorios de esquisto, haciendo posible el abaratamiento de los costos de extracción y la masificación de la producción cuya comercialización, dados los valores de mercado, pasó a ser rentable.

Ahora bien, así como el precio del petróleo (dada una cierta demanda estable en el tiempo), se encuentra determinado por la oferta que proveen múltiples productores, no sucede lo mismo en el caso del gas, cuya comercialización internacional necesita de un gran número de procesos logísticos adicionales que incrementan significativamente el valor de exportación.

En la actualidad, la explotación de los yacimientos de shale gas en los Estados Unidos, se extiende desde la frontera con Canadá hasta la de México, por casi todos los estados exceptuando la mayoría de los costeros. De esta manera, al no requerirse de grandes infraestructuras de transporte, ni procesos de licuefacción y regasificación, se redujeron significativamente los costos de distribución a las grandes aglomeraciones urbanas y complejos industriales.

Basta señalar que las principales instalaciones extractivas se sitúan entre Nueva York y Chicago, a escasos centenares de kilómetros de la primera y tercera de las ciudades más pobladas y, a la vez destacados centros manufactureros.

Todo ello determinó el abrupto descenso del costo del insumo3. En orden de magnitudes, las compañías en EE. UU. cuentan con gas natural a menos de dos tercios del valor que pagan las europeas.

En el corto plazo la inestabilidad en Medio Oriente es funcional al NOI

La inestabilidad de esta región impide que los grandes productores allí afincados puedan incrementar de manera sostenida los volúmenes de EF que ofertan al mercado.

Ello constituye la razón de que economías como la de la RPC y las europeas, competitivas con la de EE.UU., sólo pueden tener un proveedor "confiable": la Federación Rusa.

Y va de suyo que ésta, no tiene ningún interés en disminuir el precio de los productos que ofrece.

A los históricos litigios de la zona, se sumó en el pasado reciente el surgimiento de ISIS, y la creciente rivalidad entre sus potencias petroleras, en disputa por la preminencia en la región.

Y, "echando leña al fuego", a mediados del año pasado, el presidente Donald Trump anunció que su país se retiraba del acuerdo nuclear con Irán4, y reestableció sanciones económicas para aquel país.

Posteriormente, impuso nuevos castigos, luego del derribo por parte de las FF.AA. iraníes de un dron norteamericano y de que dos grandes buques petroleros que transitaban por el estrecho de Ormuz, sufrieran explosiones cuyo origen aún no pudo esclarecerse.

Sin embargo, la clave para entender el pensamiento profundo de los EE.UU. en la región, se halla en dos mensajes vertidos a través de las redes sociales por Trump, donde señaló que "China obtiene el 91% de su petróleo de la zona, Japón el 62% y muchos otros países también. Entonces, ¿por qué estamos protegiendo las rutas de navegación para otros países sin ninguna compensación? Ellos deberían proteger sus propios barcos".

Y luego agregó: "Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor de energía del mundo. Ni siquiera tenemos que estar allí".

Una vez más, ya que "entre los dichos y los hechos hay largos trechos", corresponde al análisis sistémico desentrañar el porvenir.

Tipificando los conflictos

Debe comprenderse que la propia existencia del conflicto de Medio Oriente, y no su resolución ni su escalada, es, en el corto plazo, funcional y orgánico a la configuración del NOI.

Y se enmarca en lo que oportunamente caracterizamos como "conflictos de primer orden"5, que son aquellos de carácter económico, y en los cuales la disputa fundamental de EE.UU. es con la UE6 y con la RPC, y está determinada por la cuestión energética.

En tanto, el enfrentamiento de carácter geopolítico que protagonizan los EE.UU. y la Federación Rusa (FR), es un "conflicto de segundo orden".

Por sobre las disputas en la distribución de zonas de influencia en el mundo, entre ambos países existe una tácita convergencia de intereses (que tiñe toda la relación), en mantener una situación en la que:

Estados Unidos obtiene como beneficio que ni la UE ni la RPC reciban EF con precios que les permita recuperar la capacidad competitiva de sus complejos manufactureros a escala global, y
la Federación Rusa consigue que no se consoliden en esos mercados otros proveedores confiables de hidrocarburos, ni se reduzcan sus ingresos por exportaciones de EF.
Por ello, de ninguna manera se llegará a una confrontación generalizada (aunque sí podría producirse algún tipo de escaramuza) entre EE.UU. y la FR, ya que lo que pondrían en juego (que podría incluir hasta su propia existencia) es mucho mayor que el "premio" a obtener en una hipotética victoria.

Por lo tanto, en Medio Oriente, el conflicto tenderá a seguir en estos mismos causes.

Comprender en profundidad los eventos que se suceden en el marco del NOI, es condición sine qua non para el diseño de un modelo de desarrollo económico para la Argentina, cuyo éxito también depende de optimizar su inserción internacional.

1-“El ‘America first’ y el Nuevo Orden Internacional”, BAE Negocios, 28-1-19.

2- Entendemos por base material a los recursos naturales, de capital, empresariales y laborales que, articulados por el “estado del arte tecnológico”, ofrecen una determinada dotación de bienes y servicios.

3-De acuerdo con el Banco Mundial, el precio del gas (por millón de BTU) hacia 2008, era de US$8,9 en suelo norteamericano y US$3,4 en el viejo continente, mientras que en mayo fueron US$2,6 y US$4,3 respectivamente.

4-El acuerdo, firmado entre Irán y el Grupo 5+1 (EE. UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido, más Alemania) en el año 2015, limita el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales.

5-“Situación internacional, conflictos de primer y segundo orden”, BAE Negocios, 20-5-19.

6-Tal cual está diseñada actualmente, sin la inclusión del Reino Unido.

*MM y Asociados


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lunes, 1 de julio de 2019

Gobernar es crear trabajo

Gobernar es crear trabajo


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

Esta máxima del buen gobierno no se refiere a la creación de puestos de trabajo en el sector público, sino a la responsabilidad de los funcionarios de establecer las condiciones para que, por medio de las empresas, todos los ciudadanos tengan la oportunidad de acceder a un empleo productivo, que genere un ingreso justo, con seguridad en el lugar de trabajo y adecuada protección legal y social para ellos y sus familias.

En este sentido, venimos señalando que las verdaderas esperanzas para que así ocurra, residen en que se produzca un viraje en términos económicos, de tal contundencia que sea capaz de abrir un proceso que se oriente, en forma simultánea, a restituir los equilibrios macroeconómicos, dinamizar los mercados y proteger al entramado social.

También hemos recalcado que sus posibilidades dependen, íntegramente, de que las representaciones institucionales (políticas y sectoriales) enfoquen sus voluntades en darle nuevamente prioridad a la producción de bienes y servicios, rompiendo con el actual enfoque, cuya continuidad sólo puede profundizar la Supercrisis en curso.

Ahora bien, si desde el punto de vista de las empresas el panorama es desolador, más graves aún son las consecuencias que se descargan sobre las familias, especialmente por el proceso destructivo del empleo, como medio de vida y ordenador de los hogares, células madre de la comunidad.

Como ya hemos tratado en otras oportunidades, el mercado de trabajo no sólo está siendo incapaz de absorber la oferta laboral de las personas que se incorporan a la población económicamente activa (PEA) por el crecimiento vegetativo, sino que está destruyendo sistemáticamente empleo, especialmente entre los asalariados del sector privado (al margen del tamaño de las empresas), y los cuentapropistas.

Pasado, presente y futuro del empleo

En nuestra nota "Ocupación, informalidad y desempleo: más fracasos del gobierno" (BAE Negocios, 29/4/19), hicimos un repaso analítico de las dinámicas que experimentó el mercado laboral durante la gestión de Cambiemos, período en el que reconocíamos tres fases distintivas:

la primera, netamente destructiva de empleos, como consecuencia del daño irreparable que produjo a la demanda en el mercado interno la alteración de los precios relativos de los alimentos;
una segunda, expansiva, basada en la ampliación del empleo estatal directo e indirecto (planes sociales) y en la apelación al gasto público como dinamizador de la economía; y
un nuevo ciclo destructivo, desde la puesta en marcha del acuerdo con el FMI, por la estabilización del quantum del empleo público y la recesión inducida en el sector privado.
El análisis de los datos sobre el empleo registrado que provee el Ministerio de Producción y Trabajo, patentiza el rotundo fracaso de la política económica. Según el último informe, entre noviembre de 2015 y abril de 2019, sólo creció en 72.000 el número de trabajadores inscriptos, muy por debajo del crecimiento vegetativo de la PEA.

Sin embargo, el saldo real es negativo si se considera que la cifra informada, está matizada por el crecimiento de 108.000 inscripciones en la categoría de "independientes monotributo" ya que, en este caso, la mayor parte de las nuevas registraciones no corresponden a la creación de empleos, sino que son explicadas por la inscripción de trabajos preexistentes, declarados a partir de estímulos fiscales.

Es que, desde abril de 2016, el Gobierno Nacional resolvió que los trabajadores inscriptos como "monotributistas" podrían acceder al sistema de asignaciones familiares, del que estaban excluidos hasta ese momento, decisión que tuvo un fuerte y sostenido impacto, alentando el empadronamiento de posiciones antes desempeñadas en el ámbito informal de la economía.

También, en la nota citada, calculamos que, en el mes de abril pasado, la tasa de desocupación, para el total del país, había alcanzado niveles cercanos al 12% de la PEA.

En los primeros cuatro meses del 2019, las variaciones promedio interanuales muestran que el sector privado viene perdiendo una media de 163.300 inscripciones (131.400 en asalariados y el resto entre independientes), que el empleo basado en planes sociales decae a razón de 67.300, y que sólo crecen el número de asalariados del sector público (+ 4.700) y los de casas particulares (+15.500).

El ritmo de destrucción que nos muestran estos saldos es de 210.400 inscriptos al año. Eso implica que, en el ámbito del empleo informal, se produce un número de pérdidas similar a la del sector privado registrado (entre 160.000 y 180.000), según las correlaciones observadas a lo largo del tiempo entre ambos grupos de trabajadores.

Y como denotáramos ut supra, en simultáneo a la destrucción de los empleos preexistentes, se da el proceso de crecimiento vegetativo de la PEA, por el que van ingresando al mercado laboral aproximadamente 240.000 personas al año, las que, lógicamente, no pueden acceder a un puesto de trabajo.

De este modo, para cada período de doce meses, entre quienes perdieron su trabajo y los que no lograron empezar su experiencia laboral, suman la friolera de entre 613.700 y 630.000 personas.

Por lo tanto, de no mediar eventos disruptivos que alteren sustantivamente el comportamiento de la economía, para abril del año que viene, en un cálculo absolutamente conservador, las personas desempleadas superarán los 2,9 millones, representando aproximadamente el 15% de la PEA.

De continuar la actual tendencia, esta proporción subiría hasta el 17% para finales del año próximo, e incluso acercarse al 20% de la PEA si se acelera el proceso de destrucción de empleo.

¿De casa al trabajo?

Desde la firma del acuerdo Stand By con el FMI, y bajo su tutela, la política económica se va orientando hacia un esquema neoliberal, cuya armonización definitiva espera cristalizar a posteriori del proceso electoral. Con este giro, también se modificó la determinación de los "ganadores", ampliándose hacia el conjunto del establishment, al desplazar el acento desde la dolarización de los precios de los alimentos1 y la energía, hacia el incremento de la proporción con que se retribuye al capital y al sector empresario en la distribución funcional del ingreso.

Es indudable que se trata de un intento cuya factibilidad queda severamente amenazada por las implicancias en términos de sustentabilidad económica y social, pero también, y esencialmente, por la distancia existente entre los desequilibrios macroeconómicos que constituyen el punto de partida y la convergencia esperada.

A su vez, desde la órbita pública, el empleo no tiene ninguna chance de crecer por las exigencias en las cuentas fiscales, ya que, aun renovando todos los vencimientos de capital en el mercado voluntario de deuda, se les exigirá un ajuste de entre el 5% y el 6% del PIB para el cumplimiento de los pagos de intereses.

Todo ello explica que, al menos en el inicio de la campaña electoral, los discursos económicos de los principales contendientes políticos no se alejan, en lo sustantivo, en sus trazos esenciales.

Si la alianza gobernante resulta reelecta, se revitalizará el proyecto de reforma laboral (y también la previsional, entre otros), en sintonía con la realizada en Brasil, con el objeto de flexibilizar las condiciones de acceso y permanencia en el empleo2.

En el caso de que sea la principal oposición quien asuma el próximo período presidencial, sólo podrá revertir la dinámica del mercado laboral en la medida que también cambie de raíz los fundamentos de la economía, lo que, a la fecha, no se ha explicitado en forma contundente.

En síntesis, el comportamiento del mercado de trabajo estará signado en su totalidad por lo que suceda en el sector privado, cuya recuperación y posterior crecimiento, requiere de que se le garantice la hegemonía en un dinámico mercado interno y una adecuada inserción en el internacional.

Sólo bajo estas condiciones, podrá hacerse realidad que todos tengamos la posibilidad de "ir de casa al trabajo y del trabajo a casa".

1-Política revisada desde el acuerdo con el FMI con el restablecimiento de las retenciones a las exportaciones agrícolas.

2-Como sabemos, en el credo neoliberal se entiende a la protección de los derechos laborales como un obstáculo para la creación de puestos de trabajo.

*MM y Asociados


Ver en el diario

lunes, 24 de junio de 2019

Sin piso para la supercrisis (Tercera parte)

Sin piso para la supercrisis (Tercera parte)


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

En nuestros últimos artículos, hemos venido examinando los fallos fatales de los principales razonamientos económicos del oficialismo, que llevan a que, una vez más, los ilusorios pronósticos de recuperación económica se vean frustrados por la realidad.

Hemos mostrado ("Sin piso para la Supercrisis", BAE Negocios, 10/6/19) que la primera de las conjeturas oficiales1, relacionada con el resultado de la Balanza Comercial (BC), carece totalmente de consistencia. El saldo positivo de la BC no se alcanzó por la revitalización de las exportaciones, sino que se basa en la caída de las importaciones, por lo que sólo es sostenible en tanto la depresión continúe, dado que mayores niveles de actividad implican el inmediato retorno a los resultados deficitarios2.

También vimos la semana pasada, que mejorar las cuentas fiscales continúa siendo una quimera, ya que no es factible alcanzar el saldo neutro entre los ingresos y gastos corrientes (resultado fiscal primario), por la velocidad de la caída de la recaudación tributaria, que supera a la del recorte de las erogaciones, además de que los elevados servicios de deuda imposibilitan cerrar el déficit financiero.

A ello hay que sumar los efectos de la acción del BCRA, que constantemente asume deuda nueva (sólo en Leliq se aproxima a $1,2 billones), devengando servicios inusitadamente altos, a lo que hay que agregar que, con tipo de cambio constante, la tasa de interés en pesos se traslada linealmente como tasa en dólares, lo que potencialmente duplicaría en un año el capital invertido en un carry trade.

Este descalabro de las cuentas públicas, con un déficit fiscal total (DFT3) que ronda el 12% del Producto Interno Bruto ( PIB), parece un autoatentado de las autoridades contra su propia conjetura.

En estas condiciones, cuando para el sector privado el crédito resulta inaccesible, tanto por las prohibitivas tasas de interés como por el volumen de ahorro absorbido por el sector público, el efecto sobre la actividad económica es asfixiante y la reactivación, imposible.

La tercera de las apuestas cambiemitas, es la de la mejora en el consumo privado, por el incremento en el poder adquisitivo de los ingresos populares que se produciría al disminuir los índices de inflación.

A diferencia del conocido mentalista que decía "puede fallar", esta tercera conjetura "necesariamente fallará".

El reparto de la torta, cuando es más pequeña


Los comportamientos de las dos principales variables (ingresos e inflación) que constituyen los puntos de partida de la presunción oficial son de dudoso ajuste a la realidad imperante.

Por una parte, pese a la contracción de los saldos monetarios reales que ejecuta el BCRA desde setiembre del año pasado y la severa profundización de la recesión inducida, dicha política no tuvo efectos sustantivos en la reducción de la inflación, que ronda, en el acumulado de los últimos 12 meses el 60% en la variación de los precios al consumidor y se acerca al 70% en la de precios mayoristas. No hay a la vista descenso, significativo, de la dinámica inflacionaria.

La otra cara de la conjetura, la mejora en el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, (Remuneración al Trabajo Asalariado -RTA-), y el resto de los ingresos populares (jubilaciones, pensiones y asignaciones), también es errónea, en tanto los porcentajes de crecimiento de esas retribuciones se encuentran por debajo de los de los precios de bienes y servicios a consumir. Como se sabe, "los salarios suben por la escalera, los precios por el ascensor".

De modo que no es esperable una secuencia en la que, al revertirse tal dinámica, se traslade al consumo y éste estimule la producción y la inversión.

Es que, en un contexto de contracción del PIB, no es posible aumentar la participación de la RTA sin que sea en desmedro del Excedente de Explotación Bruto (EEB), es decir de la porción del Valor Agregado Bruto, que a posteriori de netear amortizaciones, corresponde como retribución a los dueños del capital como Excedente de Explotación Neto.

El persistente incremento, en proporción, de los costos fijos sobre cada unidad vendida (producto de la depresión) imposibilita que se incremente el salario por encima de los precios, ya que ello sólo aceleraría los quebrantos empresariales dada la baja de la productividad de la mano de obra, por razones no atribuibles a ésta, sino como efecto de las brutales condiciones imperantes.

No es razonable en este marco otorgar, aunque sean mínimas, probabilidades de ocurrencia a un cambio en la distribución funcional ingreso a favor de la RTA.

Como ya afirmamos, la falta de ventas y las exorbitantes tasas de interés vienen disminuyendo la rentabilidad de las compañías, casi sin excepción, a punto tal que las principales noticias de cada día (para quienes entendemos la economía desde la producción), son las que dan cuenta de cuál es el establecimiento que cerró o suspendió a su personal y cuáles las compañías que han entrado en procesos preventivos de crisis o solicitado la quiebra.

En este marco, con sus colaterales de destrucción de empleo y actualizaciones de ingresos por debajo de la inflación, la masa salarial no puede crecer y, por el contrario, tiende a disminuir.

Entre lo certero y lo posible


A diferencia del mencionado mentalista, que a pesar de la meticulosidad y rigor de su trabajo reconocía que podría haber factores no controlables que afectaran los resultados de las pruebas, el plantel económico gubernamental va improvisando, ensayando "a tontas y a locas" soluciones a los problemas (de magnitud creciente) que él mismo genera, sin tener en cuenta su complejidad y, por lo mismo, obteniendo resultados notoriamente distantes de los esperados.

Ello explica los frecuentes virajes, que siempre son presentados como "el único camino", en las decisiones económicas del gobierno, al igual que el devastador panorama que atraviesa el aparato productivo nacional.

Los pronósticos oficiales, por enésima vez, fallarán, constituyendo el único horizonte de certezas.

Las verdaderas esperanzas para nuestro aparato productivo se encuentran en el orden de lo posible y dependen, íntegramente, de las representaciones institucionales (políticas y sectoriales), en tanto sean capaces de producir un rotundo viraje, que abra paso a un proceso de sentido opuesto al transitado hasta ahora, y así restituir los equilibrios macroeconómicos, dinamizar los mercados, y proteger al entramado social, en forma simultánea.

1 “En esta nueva ola de optimismo infundado, (el oficialismo) plantea casi desesperadamente que a partir del segundo cuatrimestre la economía revertirá su tendencia, debido a:


  • el saldo positivo de la Balanza Comercial (BC) que disminuye el déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, y que a través de la oferta de dólares que genera en el mercado cambiario contribuye a su aparente estabilidad;
  • la búsqueda del equilibrio entre los ingresos y gastos operativos (déficit primario cero), que coadyuvaría a la disminución del Déficit Fiscal Total lo cual, vía la baja del riesgo país y la subsecuente disminución de la tasa de interés nominal, facilitaría el proceso de inversión privada, y
  • la mejora en el consumo privado producto del incremento en el poder adquisitivo de los ingresos populares, que se produciría por la disminución en los índices de inflación.”


2 Si las cantidades importadas fueran iguales a las de un año atrás, pero a los precios del período actual (que son inferiores) el resultado de la Balanza Comercial, para los primeros cuatro meses de 2019, hubiera sido deficitario en más de US$2.900 millones, una diferencia de aproximadamente US$6.100 millones respecto los US$3.200 millones de superávit oficialmente observado.

3 El DFT incluye los déficits de Nación, provincias, municipios y el cuasi fiscal generado por los pasivos netos remunerados del BCRA.

*MM y Asociados

Ver en el diario

lunes, 17 de junio de 2019

Sin piso para la supercrisis (Segunda parte)

Sin piso para la supercrisis (Segunda parte)


Por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Norberto Itzcovich, Dr. Claudio Comari

Como mencionamos en nuestra anterior entrega, en sucesivos artículos nos propusimos refutar tres conjeturas (ya que ni siquiera revisten el carácter de hipótesis) que, con necedad y cinismo, repite en las últimas semanas el gobierno a través de sus voceros oficiales y oficiosos, y que permitirían recuperar la economía.

Ellas son:


  • el saldo positivo de la Balanza Comercial (BC) que disminuye el déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, y que a través de la oferta de dólares que genera en el mercado cambiario contribuye a su transitoria estabilidad;
  • la búsqueda del equilibrio entre los ingresos y gastos operativos (déficit primario igual a cero), que coadyuvaría a la disminución del Déficit Fiscal Total (DFT) lo cual, vía la baja del riesgo país 1 y la subsecuente disminución de la tasa de interés nominal, facilitaría el proceso de inversión privada; y
  • la mejora en el consumo privado producto del incremento en el poder adquisitivo de los ingresos populares, que se produciría por la disminución en los índices de inflación.

Quedando dilucidado el primero de los ítems en "Sin piso para la Supercrisis" (BAE, 10-6-19) y dejando el tercero para nuestra próxima publicación, nos ocuparemos ahora del segundo.

Al respecto, el DFT está conformado por el déficit primario (la diferencia entre ingresos y gastos operativos), el financiero2, que resulta de adicionar al anterior los servicios de la deuda, y el cuasi fiscal que viene dado por los intereses que el BCRA paga por los pasivos financieros remunerados, descontados los ingresos que obtiene por los depósitos de las reservas en efectivo en el exterior (monto que es irrelevante) y por los pases ofrecidos en el mercado.

A continuación, nos ocuparemos de los dos componentes del DFT que en el corto y mediano plazo están sujetos a decisiones de política económica: el primario y el cuasi fiscal.

El gasto baja por la escalera, la recaudación por el ascensor


El sentido del subtítulo, paráfrasis de la conocida sentencia "los precios suben por el ascensor, los salarios por la escalera", se refiere a que el oficialismo propone equilibrar el déficit fiscal primario mediante la reducción del gasto público. Ello, en el marco de una economía sin tipo de cambio competitivo ni administración de comercio exterior, con un tremendo entorno recesivo como el actual, resulta de imposible cumplimiento.

Para demostrarlo, retomamos el ejercicio que realizamos en nuestro artículo "2019. Un escenario lábil" (BAE, 21-1-19), donde calculamos la caída de la recaudación en términos reales3, con la siguiente metodología:

indexamos la recaudación de diciembre de 2017 mediante un conjunto representativo de indicadores, obteniendo un valor teórico de los ingresos tributarios que debieran haberse alcanzado en diciembre de 2018, para mantener el mismo "poder de compra" que el año anterior;
comparamos ese valor teórico con lo efectivamente obtenido y, finalmente,
estimamos la magnitud de la pérdida de ingresos reales acaecida.
Repitiendo dicha metodología para mayo de 2019, una conclusión relevante es que, en el quinto mes del año, hubo una pérdida interanual de recaudación de 9,3%.

Adicionalmente, si no se hubieran registrado modificaciones del régimen de retenciones, la baja hubiera alcanzado el orden del 14,3%.

Al respecto, cabe mencionar que, si bien a la firma del acuerdo Stand By con el FMI había diversas opiniones que consideraban plausible obtener ese equilibrio, hoy existe un consenso acerca de que el objetivo es inalcanzable en las actuales circunstancias.

Así, mientras las voces más optimistas lo ubican entre el 1% y el 1,5% del PIB, la brutal caída de la recaudación por el desplome de la actividad económica, así como el incremento del gasto, producto de la recomposición de las jubilaciones que deberá aplicarse en septiembre y diciembre (que incorporará el fuerte impacto inflacionario del primer semestre del año), entre otros, hacen prever que ese porcentaje se mantenga, o incluso supere, el 2,7% del año pasado.

Como viene quedando palmariamente demostrado en los últimos meses, la caída de la recaudación se produce a mayor velocidad que la del gasto público, con lo cual la disminución del Déficit Fiscal Primario se transforma en una quimera.

Altísima tasa en pesos, exorbitante en dólares


Con respecto al déficit cuasi fiscal, cabe consignar que desde hace prácticamente un año las tasas de interés que la entidad monetaria rectora paga por sus pasivos remunerados4 (principalmente, primero Lebac y ahora Leliq) son extraordinariamente altas.

Ello se debe a la necesidad oficial de mantener el tipo de cambio controlado, secando la plaza, e imposibilitando bajar las tasas de interés. Como afirmábamos hace un año atrás, ("Subir la tasa de interés: un remedio peor que la enfermedad"-BAE Negocios, 23-7-18): " fiel a su impronta de la improvisación como "modus operandi", y con su característica incapacidad de caminar mientras masca chicle, el gobierno ha concentrado todos sus esfuerzos en la contención de la tendencia ascendente del tipo de cambio, elevando la tasa de interés, y en consecuencia el costo del crédito, a niveles inauditos".

Actualmente, la tasa de interés nominal anual que ofrece el BCRA para las operaciones con Leliq se encuentra en el entorno del 70%, expresando una tasa efectiva anual superior al 100%. En este marco, los servicios de la deuda devengados a partir de los pasivos remunerados alcanzan el 6% del PIB.

Si se tiene en cuenta que ello ocurre, en los últimos 40 días, con un tipo de cambio "estabilizado", la exorbitante tasa de interés en pesos se transforma en una más que ridícula en dólares5.

El riesgo país o el país en riesgo


Por lo expuesto, queda claro que no existen posibilidades de que el DFT baje.

En tanto, la única alternativa de que lo haga la tasa de interés doméstica, para que las empresas del sector privado puedan encontrar un ritmo razonable de inversiones y producción, es que disminuya violentamente el indicador de riesgo país6.

Ello sólo será posible estableciendo un proceso que, vía extensiones de plazos y renovaciones, dé sustentabilidad a la gestión de la deuda en divisas.

A su vez, demandará que el Tesoro cuente con los recursos necesarios, mediante el superávit fiscal primario que, para ser social y económicamente viable, no debe fundarse en la contracción del gasto público (aun cuando pueda optimizarse) sino en la expansión de los recursos tributarios.

En consecuencia, deberán fijarse de manera precisa las nuevas políticas que permitan alcanzarlo, donde cumplirán un papel destacado los derechos de exportación, principalmente sobre lo producido en la zona núcleo de nuestro país.

Es obvio que un nivel adecuado de tasa de interés real es condición necesaria pero no suficiente para alimentar el proceso de inversión. Se necesita que la demanda doméstica, vía recuperación del poder adquisitivo de las familias, así como la externa, a partir de generar adecuadas condiciones de competitividad7 sistémica, hagan lo suyo.

En definitiva, la manera de conseguir recursos para equilibrar el factor fiscal, propiciando adecuadas condiciones de inversión, y garantizando el repago de los compromisos externos, forma parte del debate necesario sobre el nuevo Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable que los argentinos debemos darnos, ante el inminente y esperado final del calamitoso contexto generado por el gobierno nacional.

1 El superávit primario garantizaría honrar los compromisos externos, y por lo tanto la disminución del riesgo país y de la prima de seguro contra default.

2 El déficit financiero, que está constituido principalmente por los intereses de la deuda denominada en dólares y representa un quantum relativamente fijo, al ser medido en términos de PIB depende del tipo de cambio. Si el precio del dólar se incrementa, el PIB en dólares disminuye y la ratio deuda/ PIB crece.

3 El concepto “real” alude a la capacidad de compra de la recaudación en términos de bienes y servicios.

4 Al inicio de la gestión de cambiemos las letras “estrella” del BCRA eran las Lebac (letras del banco central), y posteriormente fueron las Leliq (letras de liquidez).

5 Si se colocan 100 pesos, en un año se obtendrán $200. Al inicio, ese monto equivale a U$S 2,17, a un tipo de cambio de 46 pesos por dólar. Si este no se modifica, al cabo de ese plazo se podría comprar el doble de dólares.

6 Es un indicador elaborado por el JP Morgan que mide la diferencia de rendimiento entre los bonos del Tesoro de Estados Unidos y los del resto de los países. Este cálculo lo realiza por intermedio de su índice EMBI (Indicador de Bonos de Mercados Emergentes).

7 La profundización de esta temática se encuentra en “Sin piso para la Supercrisis”, BAE Negocios 10-6-19.

*M.M. y Asociados

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lunes, 10 de junio de 2019

Sin piso para la supercrisis

Sin piso para la supercrisis


Por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Norberto Itzcovich, Dr. Claudio Comari

Cuando, como ahora, los tiempos del proceso político se van acelerando, surgen distintas opiniones sobre el camino que puede y debe seguir el devenir económico.

En este sentido, quienes pretendan modificar el statu quo tienen que, imprescindiblemente, realizar un diagnóstico preciso, sometiendo al debate público las vías de acción para ponerle piso a la actual Supercrisis1, y de esta manera poder comenzar, a posteriori, la necesaria implementación de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS).

Lo contrario, podría suponer que "cambiarle el collar al perro" será condición suficiente para llevar la economía, hoy a la deriva, a buen puerto.

Este accionar, nos vemos en la obligación de advertirlo, podría desembocar en un desenlace aún peor, y arrastrarnos a una Hipercrisis2.

Por estas razones resulta de suma relevancia discutir, en todos los ámbitos posibles, en torno de estas cuestiones.

Falsando las "hipótesis" del gobierno


Después de que el indicador oficial de actividad económica de marzo pasado dio por tierra con el falaz argumento, reiterado hasta el cansancio (y el ridículo), acerca de que "lo peor de la crisis ya pasó", ahora, en plena campaña electoral, el oficialismo vuelve a las andadas.

En esta nueva ola de optimismo infundado, plantea casi desesperadamente que a partir del segundo cuatrimestre la economía revertirá su tendencia, debido a:

el saldo positivo de la Balanza Comercial (BC) que disminuye el déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, y que a través de la oferta de dólares que genera en el mercado cambiario contribuye a su aparente estabilidad;
la mejora en el consumo privado producto del incremento en el poder adquisitivo de los ingresos populares, que se produciría por la disminución en los índices de inflación; y
la búsqueda del equilibrio entre los ingresos y gastos operativos (déficit primario cero), que coadyuvaría a la disminución del Déficit Fiscal Total3 lo cual, vía la baja del riesgo país4 y la subsecuente disminución de la tasa de interés nominal, facilitaría el proceso de inversión privada.
Simplemente realizando un somero análisis del impacto del comportamiento de la BC y sus componentes en el conjunto de la economía, queda en evidencia lo errado de la conjetura gubernamental (basada en razonamientos incompletos y sesgados), que no alcanza siquiera la estatura de hipótesis.

En posteriores entregas, examinaremos los dos restantes ítems, y sus falacias de origen.

La balanza no pesa



Las decisiones empresariales sobre cuánto importar se ajustan, principalmente, al nivel de producción y dinámica comercial previstos para el futuro, resultando un "correcto orientador" del porvenir inmediato del conjunto de la actividad económica.

Afirmábamos en "Resultados rojos, perspectivas negras" (BAE Negocios, 11-2-19) que "El superávit comercial resulta necesario para la economía argentina, pero lo que actualmente ocurre es que este se consigue por un desplome de las importaciones".

En este marco, podemos mencionar que, en valor5, las compras argentinas al exterior, comparando el primer cuatrimestre de 2019 con igual período del año anterior, cayeron casi 29%, destacándose especialmente las del rubro bienes de capital, que lo hicieron un 40,7%.

Queda evidenciado, aunque resulte reiterativo mencionarlo, que el saldo de la BC es reflejo de la inédita contracción de las importaciones, y no del incremento de las exportaciones, las cuales disminuyeron 1,2%.

Así, estamos en presencia de un nuevo y grosero error de análisis de la alianza gobernante pues, tal como viene ocurriendo desde el inicio mismo de su gobierno, invierte las causalidades de los fenómenos económicos. El saldo comercial se explica por la caída brutal de la economía, y no por el dinamismo de la demanda externa que se expresaría en un impulso de las exportaciones y subsecuentemente en la recuperación de la actividad.

Para demostrarlo, realizamos un ejercicio estimando un hipotético saldo comercial, bajo el supuesto de que la economía no se deterioró entre 2018 y 2019.

Como puede visualizarse en el cuadro, recalculamos las cantidades importadas un año atrás a los precios del período actual, y obtuvimos el nuevo resultado de la BC para los primeros cuatro meses de 2019, que habría sido negativo en más de U$S 2.900 millones (una diferencia de aproximadamente U$S 6.100 millones respecto del oficialmente observado).

El ejercicio deja en evidencia la falsedad de la primera de las suposiciones planteadas por el gobierno. En el actual contexto de insuficiente "competitividad sistémica" no hay posibilidad de que se expanda el producto sin resentir el saldo de la BC.

La única forma de lograrlo es, con un nuevo modelo de desarrollo, conseguir una equilibrada complementación entre un tipo de cambio competitivo y la utilización de herramientas de administración de comercio exterior.

El mundo que terminó, el global, basado en una de las epistemes de la economía, exaltaba la libre circulación de bienes y servicios, pero el Nuevo Orden Internacional (NOI), con otros paradigmas, facilita la interrupción de dichos flujos, priorizando la defensa del empleo y la preservación de los mercados locales.

A diferencia de lo que ocurría hasta hace pocos años, todos los países del mundo están poniendo en valor estas herramientas.

En síntesis: tipo de cambio competitivo con una adecuada utilización de la administración del comercio exterior es lo que permitirá al próximo gobierno, entre otros elementos, insertar correctamente a nuestro país en el NOI, y a partir de allí garantizar el Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable.

1-Caracterizamos como Supercrisis a la situación generada por el actual gobierno donde convergen los desequilibrios fiscales del ’89 con los del sector externo de 2001.

2-Si a la Supercrisis se le adicionara el agravante de un proceso anómico producto del deterioro de los emergentes políticos, se configura la posibilidad de una Hipercrisis.

3-Incluye el del gobierno nacional, más los de las provincias y municipios, así como el cuasi fiscal producto de los pasivos remunerados del BCRA.

4-El superávit primario garantizaría honrar los compromisos externos, y por lo tanto la disminución del riesgo país y de la prima de seguro contra default. 5-Cuando se menciona el “valor”, se hace referencia al resultado de multiplicar el precio unitario por las cantidades importadas (p*q).

*MM y Asociados

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lunes, 3 de junio de 2019

De Argentina al mundo: la armonía es superior al conflicto

De Argentina al mundo: la armonía es superior al conflicto


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

Los resultados de las elecciones para el parlamento europeo marcaron, en países relevantes como Italia, Francia y Reino Unido, por ejemplo, un nuevo retroceso de las fuerzas políticas que predominaron desde la caída del muro de Berlín, durante el apogeo de la Eurozona.

Las formaciones liberales y socialdemócratas que lideraron "la globalización" en el viejo continente, retroceden a medida que la disconformidad y las frustraciones se adueñan de los ánimos de contingentes cada vez más masivos de residentes europeos, que buscan su representación en fuerzas no tradicionales, antieuropeístas y, en su mayoría, portadoras de discursos xenófobos.

El tránsito, lejano a lo lineal, hacia el Nuevo Orden Internacional (NOI) en curso, apareja, como lo hemos tratado en anteriores oportunidades, la revalorización de los vectores nacionales de desarrollo, cuyo virtuosismo se opaca frente a la peligrosidad de ciertos contenidos ideológicos y sus potenciales derivaciones.

Sin dudas, es un tiempo en el que los nacionalismos reverdecen a consecuencia del fracaso de la globalización y tenderán a prevalecer. Pero, en este heterogéneo campo se registra una contraposición entre aquellos que proponen la "construcción de muros" (algunos países de Europa, los EE.UU. y recientemente Brasil1) y los que aspiran a "tender puentes" (nacionalismos inclusivos).

En nuestra última columna, tratamos la problemática de las tensiones entre los intereses individuales y los colectivos, y la noción de comunidad como condición de permanencia y sustentabilidad para un Modelo de Desarrollo Económico en nuestra Patria. Pero, es innegable que este debate importa dimensiones que trascienden las fronteras, ya que también involucra los principios y valores (PyV) que sostienen la arquitectura social y orientan la acción de los pueblos como sujetos colectivos.

Fue probado como falaz que el egoísmo individual sea el motor del mejoramiento colectivo

La prevalencia de la violencia o de la paz, entre naciones, grupos y personas, en gran medida depende de cuáles de estas orientaciones ideológicas se impongan.

La cuestión doméstica


Decíamos que la supremacía de la globalización aparejó el simultáneo predominio cultural y filosófico del inmediatismo y el individualismo, donde sólo importa el presente (ni el pasado ni el futuro) y la satisfacción de las apetencias personales.

Nuestro entorno no fue ajeno a ese proceso, que se impuso como lógica dominante y dejó profundas marcas que aún perduran.

Anidan entonces en el seno de la sociedad argentina las contradicciones emergentes entre los PyV insolidarios e individualistas que impregnan la conciencia de influyentes franjas de la población y aquellos supraindividuales en los que se identifican las mayorías populares y que orientan nuestras difundidas y tradicionales prácticas colectivas.

Como continuidad histórica de antinomias precedentes (civilización o barbarie, entre otras), tal confrontación de PyV forma parte de la irresuelta pugna entre los proyectos políticos populares inclusivos y los de las minorías privilegiadas.

Meses atrás, en un análisis comparativo de los procesos argentino y brasileño2, decíamos que "el peronismo no pudo terminar con el orden oligárquico conservador, y este último, aunque sí fue capaz de interrumpir el desarrollo del modelo del nacionalismo popular criollo, no pudo ofrecer un esquema económico idóneo para la incorporación de otros actores en una alianza de carácter permanente, ni desarticular los altos niveles de organización social alcanzados, especialmente por el movimiento obrero.

De manera que quedan en pie dos contendientes de peso, que al mismo tiempo no logran la entidad suficiente para imponer su hegemonía, dando lugar al proceso pendular que vivimos los argentinos desde hace prácticamente 80 años."

Principios y valores para un modelo nacional


Si, como resulta deseable, al inminente final del ciclo de la alianza Cambiemos, le sucede un modelo económico de sentido antitético, su verdadera profundidad y persistencia dependerá de la encarnadura que tome entre sus protagonistas.

Vale la pena entonces pensar cuáles serán las mecánicas que permitirán su enraizamiento social, tanto como los principios y valores que determinan la acción individual y colectiva de los ciudadanos y sus representaciones.

Al igual que filosofía y método se retroalimentan hasta alcanzar un todo indivisible, lo propio sucede en la interacción el pueblo y el Estado.

Los conceptos "nación" y "pueblo" como "todos" superiores a sus partes, a las que, a la vez, le otorgan significado, lejos de ser unívocos, pueden ser inconciliables, dependiendo de los valores orientadores que los sustentan, tal como hoy se expresa entre los renacidos nacionalismos excluyentes, que se contraponen a los que emergen de la propia tradición del pueblo argentino entre otros jóvenes y mestizos de la Hispanoamérica.

La Patria, concebida como un pueblo en un espacio con una historia y un destino común, en la que todos los hombres y mujeres que quieran habitar en territorio argentino son incluidos, se da de bruces con las concepciones restrictivas de nación que se fortalecen en otros lares y ubican como enemigos del propio bienestar a minorías o extranjeros.

La persistencia de actitudes y discursos discriminatorios (por razones de orígenes étnicos o lugar de nacimiento, económicas, de religión, de edad o de género, etc.), no es compatible (tampoco tolerable3) con las mejores tradiciones de nuestro pueblo ni, mucho menos, con un futuro venturoso.

Asimismo, ya ha sido suficientemente probado como falaz el razonamiento de que el egoísmo individual es el motor del mejoramiento colectivo. Por el contrario, para que cada quien pueda dar lo mejor de sí, el conjunto social debe fungir como garante del bienestar de cada uno de sus integrantes, especialmente de los más desfavorecidos, por lo que, en un modelo de desarrollo exitoso, también debe prevalecer la solidaridad, entre otros PyV, por sobre la competencia y la indolencia.

Esto también se vincula con los modos de relación que se impulsan y privilegian para la resolución de las ineludibles tensiones de intereses que todo individuo, grupo o nación experimenta en la interacción con sus pares. Diversos serán los resultados que se obtengan, si los desenlaces son producto de procesos (más o menos) armónicos (síntesis superadoras para los contendientes) o de la confrontación lisa y llana (imposición del más fuerte).

Equilibrar adecuadamente los diferentes yo con un nosotros, no es sino la búsqueda de la expresión de cada una de nuestras individualidades en entidades de orden superior (Pueblo y Nación) que no las anule y que, por el contrario, las potencie y les otorgue la trascendencia de los objetivos perdurables en el tiempo.

Por ello es que, reiteramos, forma parte de las obligaciones del Estado la promoción y el fortalecimiento de los lazos comunitarios, al igual que la articulación de la acción (entre sí y con las distintas instancias estatales), de las organizaciones intermedias representativas de todos los segmentos del quehacer nacional.

La comunidad como principio, y su realización como valor, debe ser el continente y el destino de la práctica social, erigiéndose en la clave de la consolidación del Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS).

Un modelo nacional, pero para todos los pueblos del mundo


Ningún modelo de desarrollo tendrá viabilidad si no se ajusta a las reglas que rigen al NOI, que tanto se erige como una ventana de oportunidad para nuestro aparato productivo, como en una potencial amenaza para la humanidad toda.

A nivel internacional, como en la canción infantil, cada cual atiende su juego; la batalla de la hora se libra por la protección del trabajo y del empleo en cada una de las naciones, a partir de la defensa de la producción y los mercados domésticos.

Los conjuntos de PyV que operen como sustrato de cada uno de los actores que interactúan en esa contienda (que el papa Francisco caracteriza como la III Guerra Mundial en cuotas), serán determinantes de la direccionalidad que adquieran sus vías de resolución.

Los argentinos tenemos la oportunidad de darnos un modelo social y económico exitoso, capaz de incluir a todos, potenciando las individualidades, velando por los más débiles, donde la armonía prevalezca sobre el conflicto.

Si lo logramos, haremos una monumental contribución a la humanidad al mostrar lo que se puede lograr organizando la comunidad, ya que, en palabras de San Agustín, no hay contagio más intenso que el del ejemplo.

1 En este marco, resultan especialmente preocupantes las declaraciones del diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente de Brasil y titular la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, respecto de impulsar la construcción de armas nucleares en el vecino país.

2 “Sobre las representaciones y lo representado: los casos de Brasil y de Argentina” (BAE Negocios, 5/11/18).

3 Ejemplo extremo y reciente fue la brutal agresión con combustible y fuego que sufrieran dos personas indigentes en los límites de la Capital Federal.

* MM y Asociados

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lunes, 27 de mayo de 2019

El día después de Cambiemos

El día después de Cambiemos


Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari, Lic. Norberto Itzcovich

El inminente final del ciclo de la alianza Cambiemos impone la urgencia de definir los trazos principales del "día después".

El autodenominado "mejor equipo de los últimos 50 años" condujo a la economía argentina a una situación de crisis sistémica1, que resulta la más profunda de la historia, cuyas vías de superación estarán determinadas tanto por el calamitoso punto de partida, como por los horizontes que pretendan alcanzarse.

De allí la importancia del debate sobre la estructuración del aparato productivo que definirá el futuro del país, y nuestra insistencia en reflexionar sobre los caminos que nos llevarán a un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), y los que no.

Adquiere entonces central relevancia el enfoque con que se aborden tres planos destacados para el modelo en cuestión:


  • si el sesgo se orientará hacia el consumo o a la producción;
  • si su inserción internacional se subordinará a las viejas lógicas emergentes de la hegemonía de la globalización o se adaptarán al nuevo escenario en el que los vínculos entre los países están determinados por las interacciones desde cada interés nacional; y
  • si su distribución del ingreso será regresiva o progresiva.

Claro que ello supone, primero, ponerle coto a esta situación, en que la economía se desliza imparable hacia el abismo sin fin generado por el gobierno nacional.

Ponerle un piso a la Supercrisis


Hemos explicado con antelación que de los diferentes diagnósticos derivan distintas propuestas, y señalado que una divergencia fundamental es la existente entre quienes caracterizan las actuales circunstancias como una crisis del orden estrictamente financiero y los que entendemos que su naturaleza es económica y su alcance enraíza en el conjunto del aparato productivo.

Para los primeros, sin discrepancias de fondo con la actual administración gubernamental, la recomposición de la economía nacional requiere de poco más que de un manejo astuto de las intervenciones del BCRA en el mercado de cambios y de ciertas habilidades en el de capitales. Para los segundos, implica drásticos virajes en todos los ámbitos de la economía.

Una vez pasado Cambiemos, resultará imperioso establecer un proceso que, vía extensiones de plazos y renovaciones, dé sustentabilidad a la gestión de la cuantiosa deuda en moneda dura irresponsablemente contraída por el gobierno que se va. Es claro que su cumplimiento demandará que el Tesoro cuente con los recursos para hacerlo, mediante el necesario superávit fiscal primario2.

Pero este, para ser social y económicamente viable, no puede fundarse en la contracción del gasto público (aun cuando pueda optimizarse) sino en la expansión de los recursos tributarios, por lo que deberán fijarse las nuevas bases imponibles que permitan alcanzarlo y los sectores que por su capacidad contributiva deben cargar con el mayor peso en la obtención de las nuevas metas.

En simultáneo, se requiere que, por la vía del superávit en la balanza de bienes y servicios, el sector privado genere los dólares que exige el normal funcionamiento económico, con un excedente suficiente para que la Tesorería pueda adquirir los necesarios para los servicios de deuda.

Un papel destacado, como punto de articulación, entre lo fiscal (en pesos) y el sector externo (en dólares), lo juegan los derechos de exportación, por los que el Estado participa de las rentas extraordinarias de la economía, en particular, de la agrícola.

Hemos marcado, en otras oportunidades, que la contribución tributaria de los gravámenes sobre las exportaciones de alimentos es secundaria respecto de la función primordial de desacoplar los precios internos de los internacionales, aunque debe destacarse que en esta etapa ambas preservan roles significativos.

Es que la escasez de dólares de origen financiero derivada de la permanencia del cierre de los mercados voluntarios de deuda y de los raquíticos aportes restantes del acuerdo Stand By con el FMI, determinará per se un nivel del tipo de cambio real más alto que los de los últimos años, generando condiciones iniciales de revitalización de la industria.

Claro que el reverdecer del consumo interno y de la producción industrial, en un marco de administración del comercio exterior, y con los precios de los alimentos en una relación justa y razonable con los ingresos populares, no será posible si no se resuelve la actual dolarización de las tarifas energéticas.

Pero, lo que resulta suficiente para ponerle finalmente un piso a la Supercrisis, no lo es para la puesta en marcha del MoDEPyS.

Reconstrucción y despegue


Restablecidos los equilibrios macroeconómicos, el desafío pasa a ser la búsqueda de la plena utilización y expansión de los factores de producción.

Cobra significativa importancia, en el debate que subyace implícito, la definición de cuáles serán los vectores de competitividad de nuestra economía y cómo operarán.

Nosotros hemos señalado como tales a las rentas extraordinarias, definidas como "aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de la explotación de algún recurso natural", condiciones que, en Argentina, la cumplen algunas tierras y la energía fósil.

A diferencia de quienes aspiran a su apropiación por parte del Estado para que (sustituyendo al sector privado) sea quien organice la economía o se destinen al sostenimiento de una pobreza supuestamente estructural, algunos pensamos que dichas rentas deben ser distribuidas en la totalidad del entramado empresarial, con el objetivo de incrementar la rentabilidad por unidad vendida, garantizando su hegemonía en el mercado doméstico y facilitando su adecuada inserción en los flujos internacionales de comercio.

Subyacente, o al menos colateral, está la tensión entre las visiones de quienes privilegian como factor dinámico el estímulo de la Demanda y los que se lo otorgan al de la Oferta.

Desde nuestra visión, el aprovechamiento de los vectores de competitividad mencionados, mediante las políticas regulatorias pertinentes permite, en forma simultánea:


  • alcanzar precios justos y equitativos para los alimentos, recomponiendo el poder adquisitivo de los presupuestos familiares, estimulando así el crecimiento del consumo privado, por el lado de la Demanda, y
  • contar con precios de la energía (en todas sus formas) adecuados a los valores de los mercados de referencia internacionales, lo que redunda en la baja de los costos totales de las empresas que la utilizan como insumo, y en la recomposición de su rentabilidad, por el lado de la Oferta, orientando el sesgo hacia la producción a partir de incentivar la inversión.

Ello también potencia la capacidad exportadora de nuestras empresas. Pero mejorar sustantivamente su posición respecto al acceso de bienes y servicios provistos por competidores extranjeros implica, necesariamente, la administración del comercio exterior, estableciendo nuevas condiciones para el intercambio comercial internacional, haciendo uso de la ventaja de que, tales políticas, hoy no colisionan con el resto del mundo sino que se imponen como el mainstream de las relaciones entre las naciones.

Nada de ello será posible si no se alinean las relaciones internacionales con las transformaciones que se operan a nivel mundial, especialmente considerando la obsolescencia del Consenso de Washington y la necesidad del diseño de un nuevo ciclo de integración económica, adaptado a las necesidades de nuestro modelo de desarrollo.

Como hemos señalado en otras oportunidades, a la multiplicación de los bienes, corresponde el concepto de crecimiento, y a su reparto, el de distribución, conformando, en conjunto, el de desarrollo económico.

En los años por venir, la ampliación de la participación de los asalariados en la distribución del ingreso, también debe involucrar la instauración de mecanismos para que ellos sean beneficiarios del conjunto de las ganancias de productividad, incluso las que devienen de la incorporación de nuevas tecnologías.

Asegurar los necesarios niveles de bienestar para el conjunto de la población, será posible si:

las empresas obtienen adecuada rentabilidad,
el mercado de trabajo tiende al pleno empleo, con salarios de alto poder adquisitivo, y
los sistemas de seguridad social, en un sentido amplio, son suficientemente vigorosos.
Esto distingue un modelo de desarrollo de uno de simple crecimiento económico.

La realización individual y la colectiva


La hegemonía de la globalización aparejó el simultáneo predominio cultural e ideológico del inmediatismo y el individualismo, donde sólo importa el presente (ni el pasado ni el futuro) y la satisfacción de las apetencias personales.

Pensar un MoDEPyS implica pensar la Patria, un pueblo en un espacio con una historia y un destino común en el que se equilibran adecuadamente los diferentes yo con un nosotros y, lograr su permanencia y sustentabilidad, requiere que sea apropiado por parte de todos los protagonistas.

Ello sólo será posible mediante la promoción y el fortalecimiento de los lazos comunitarios, así como la articulación de la acción (entre sí y con las distintas instancias estatales), de las organizaciones intermedias representativas de todos los segmentos del quehacer nacional, como ya se han atrevido a promoverlo numerosos antecedentes de políticas en la Argentina.

No hay desarrollo económico sin construcción de comunidad, porque sabemos desde hace muchos años que nadie se realiza, si la comunidad no se realiza!!!

1 Hemos caracterizado a la coyuntura como Supercrisis, ya que Cambiemos consiguió generar, a un mismo tiempo, los desequilibrios macroeconómicos, fiscal y del sector externo, que provocaron el colapso de los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa, respectivamente.

2 Superavit Fiscal Primario: cuando los ingresos superan a los gastos, antes del pago de intereses de deuda pública.

*M.M. y Asociados

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lunes, 20 de mayo de 2019

Entrevista en "Modo verano"

Situación internacional: conflictos de primer y segundo orden

Situación internacional: conflictos de primer y segundo orden


Por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Norberto Itzcovich, Dr. Claudio Comari

Un elemento central en rededor del debate sobre el nuevo modelo de desarrollo económico lo constituye la determinación de una adecuada inserción internacional de nuestro país.

Discusión que es necesario abordar, ante el inexorable hecho de que la globalización naciente con la finalización de la guerra fría hoy se diluye, y en su lugar surge el Nuevo Orden Internacional (NOI).

El punto de inflexión entre ambos "sistemas de relaciones internacionales" fue el drástico cambio de enfoque que los Estados Unidos imprimieron a sus políticas, interna y externa, desde la asunción de Donald Trump, bajo la consigna "America first", cuya "condición de posibilidad" fue la "revolución energética estadounidense" (ut infra explicada) que funge como sustrato de tal viraje.

En ese marco, analizaremos la realidad internacional a partir de dos tipos de conflictos que Estados Unidos (única potencia que expresa de manera concurrente su hegemonía política, económica y militar) enfrenta con determinados espacios regionales y/o países:

los de "primer orden", de carácter económico, donde la disputa es con la Unión Europea ( UE), tal cual está diseñada actualmente (sin la inclusión del Reino Unido) y con la República Popular China (RPC).
el de "segundo orden", de carácter geopolítico, con la Federación Rusa (FR).
Comprender cabalmente los conflictos que atraviesan el NOI permitirá a la Argentina optimizar su inserción internacional y, en consecuencia, lograr mejores resultados para su modelo de desarrollo.

Conflictos de primer orden


En 2007 el entonces presidente norteamericano, George W. Bush, abogaba por reducir la dependencia energética que sufría su país.

Concomitantemente con ello, los avances tecnológicos le permitieron a EE.UU. incrementar la disponibilidad de petróleo y gas mediante la explotación de esquisto (shale), con una relevante disminución de su precio, y en consecuencia de los costos primos unitarios de los bienes manufacturados.

Esta caracterización tipifica lo que, desde 20171, venimos mencionando como revolución energética norteamericana2, denominación ratificada recientemente por el propio Donald Trump.

Ello permitió, por ejemplo, que sus compañías cuenten hoy con gas natural a menos de la mitad del valor del que sus pares pagan en la UE.

Justamente esa región, al igual que la RPC (que habían penetrado la zona de confort de Estados Unidos) deben abastecerse de combustible por proveedores que no están interesados en bajar significativamente los precios (FR), o atraviesan conflictos por los que no pueden aumentar y estabilizar los volúmenes de abastecimiento (Medio Oriente).

Asimismo, las decisiones del gobierno de Trump respecto a la administración del comercio exterior dificultan el acceso de la producción foránea a su mercado.

El mundo va encontrando, en los diversos modelos nacionales, un nuevo funcionamiento sistémico

La actual "guerra comercial" con China, así como las declaraciones de Trump a través de las redes sociales deben ser leídas en esa clave: "esto debe ser un gran negocio para los Estados Unidos o simplemente no tiene ningún sentido. Tenemos que hacer algo respecto del tremendo terreno que hemos perdido con China en materia de comercio desde la ridícula formación de la OMC".

Finalmente, el diferencial de recursos productivos permite avizorar el desenlace de los conflictos de primer orden, donde la UE3 y la RPC se replegarán y los Estados Unidos recuperarán y/o ampliarán el espacio que supieron obtener en la segunda posguerra.

Conflictos de segundo orden


La disputa de EE.UU. con la Federación Rusa puede considerarse un conflicto de segundo orden.

Entre ambos países hay un acuerdo que tiñe toda la relación, a partir de una condición objetiva: ninguna de las dos naciones desea que la UE ni la RPC reciba energía fósil con precios a la baja que les permitiera recuperar la capacidad competitiva.

Adicionalmente, existe un respeto mutuo en el ámbito militar, dada la cantidad y envergadura de las armas de destrucción masiva que ambos contendientes poseen.

Es bajo el paraguas de ese pacto tácito, que se establecen las disputas por la distribución de las zonas de influencia en el mundo como, por ejemplo:

el conflicto con Ucrania, focalizado en la península de Crimea, que se encuentra bajo soberanía rusa, así como en las regiones de Donetsk y Luhansk, en la zona este de aquel país europeo, que reclaman autonomía de Kiev, apoyadas por la FR;
la región comprendida entre Turquía y el Medio Oriente ampliado. En el caso de Siria, Estados Unidos no interfirió en el despliegue de tropas rusas, que terminó siendo definitivo para el desenlace de la guerra civil, en tanto los norteamericanos acaban de desplazar hacia el golfo pérsico (Irán) una flota encabezada por su portaviones USS Abraham Lincoln;
la República Bolivariana de Venezuela, donde la FR fijó presencia simbólica de carácter militar.
Estas fricciones en diferentes regiones del orbe constituyen las acciones previas a que cada uno, FR y EE.UU., consoliden sus respectivos espacios de influencia. Y, si bien podría producirse algún tipo de escaramuza, de ninguna manera se llegará a una confrontación generalizada, ya que lo que pondrían en juego (que podría llegar a ser, incluso, su propia existencia) es mucho mayor a lo que obtendrían en caso de una victoria.

El NOI y la defensa del interés nacional


Las menciones a los conflictos de primer y segundo orden, así como el emerger de los potentes liderazgos de Putin y Trump, más la imprescindible influencia de Su Santidad, el papa Francisco, contribuyen a explicar por qué el mundo va encontrando, en la diversidad de los modelos nacionales, un nuevo funcionamiento sistémico.

La República Argentina, en términos geopolíticos, y a partir de la nueva determinación de las Naciones Unidas4, debe diseñar su estrategia teniendo en cuenta su "completa extensión", es decir incluyendo la bicontinentalidad y la dimensión marítima. Además de los opulentos recursos de los casi 3.800.000 km2, que incluyen el territorio americano, las Islas del Atlántico Sur y una porción del continente Antártico, nuestra Patria se adeuda la protección y explotación de 6.600.000 km2 de extensión marítima (más allá de la usurpación de potencias extranjeras sobre legítimos espacios soberanos nacionales).

Por su parte, en materia económica, es imprescindible replantear la inserción de nuestro país diseñada por la alianza Cambiemos que, al pretender representar la modernidad, adhirió al viejo esquema caduco formalizado en el Consenso de Washington.

En ese contexto, tanto la jerarquizada relación con la RPC, que es el principal comprador de nuestra producción primaria y sus derivados, como con Brasil, socio mayoritario del MERCOSUR, deben ser sometidas a revisión.

Con China, porque además de desacelerarse su crecimiento, podría pasar a pertenecer al grupo de los países perdedores del NOI, como resultado de las disputas de primer orden.

En tanto, el nuevo ciclo de integración regional requiere redefinir la relación con Brasil, por la propia estructuración y el desacople que presenta el MERCOSUR respecto del NOI. En ese sentido, las políticas de su presidente, Jair Bolsonaro, se enfocan en recuperar para su país grados de libertad respecto del tratado sudamericano. Además, sus declaraciones y su voluntad de operar en el proceso electoral argentino resultan una inadmisible intromisión en nuestros asuntos internos, que no coadyuva a la relación bilateral.

Es imprescindible, en consecuencia, extender los horizontes del intercambio comercial para que la producción argentina llegue, cada vez más, al norte del continente, incorporando a todas las naciones hispanoparlantes de América del Sur, en un conjunto compensado de economías complementarias, alrededor del eje Caracas-Bogotá-Lima-Buenos Aires.

En este marco, las nuevas reglas de la producción y el comercio mundial abren importantes perspectivas para la toma de decisiones autónomas, respecto de las posibilidades de un crecimiento armónico de todos los sectores de actividad, tanto primarios como manufactureros y de servicios, privilegiando ante todo el Interés Nacional.

1 “Lo que ocupa a Trump, a Macri ni le preocupa”, BAE Negocios 22-11-17.

2 Esta provocó, como lo hicieran la revolución industrial (finales del siglo XVIII) y la de los procesos productivos (inicios del siglo XX) una brusca caída de los costos primos. “El America first y el Nuevo Orden Internacional”, BAE Negocios 28-1-19.

3 Algunas potencias europeas, como Italia, con gobiernos de corte “nacionalista”, parecen estar interpretando mal el NOI, al optar por sumarse a la Nueva Ruta de la Seda, propiciada por RPC.

4 La Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) —un grupo de expertos internacionales que funciona en las Naciones Unidas— adoptó por consenso las recomendaciones de la presentación argentina realizada en 2009, sobre el límite exterior de su plataforma continental.

*MM y Asociados

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