miércoles, 22 de agosto de 2018
martes, 21 de agosto de 2018
lunes, 20 de agosto de 2018
Pinta tu aldea y pintarás el mundo
Pinta tu aldea y pintarás el mundo
Por Lic. Guillermo Moreno*
Lic. Norberto Itzcovich*
Dr. Claudio Comari*
"Me asustas. ¡No me dijiste que no hay ninguna posibilidad de una supercrisis!".
Pese a lo tentador que resultaría escribir sobre el reconocimiento del ministro Dujovne, en un diálogo televisivo con un afamado relator deportivo, sobre la caracterización que oportunamente hicimos acerca del surgimiento de la supercrisis1, y las consecuencias vividas en su transcurrir, nos parece más oportuno centrar la mirada en los desafíos del porvenir.
Para ello, resulta ineludible realizar un correcto diagnóstico del contexto global. Hoy asistimos a una nueva era caracterizada por la puesta en valor de los vectores nacionales en los modelos de desarrollo. Esto es especialmente evidente desde la orientación que adquieren los Estados Unidos con D. Trump, Rusia con V. Putin y el proceso entrópico que atraviesa Europa, y deja atrás la antigua estructuración de la economía internacional2.
Los modelos universalistas dominantes en el siglo XX, con sus pretensiones de uniformidad en los planos de la economía, la política y la cultura han caído en la obsolescencia. El modelo socialista fue sepultado por los escombros del muro de Berlín, mientras que la globalización neoliberal se encamina hacia su sepulcro, y con ella sus instituciones regulatorias que, como el caso de la Organización Mundial del Comercio, sometían al conjunto de las naciones al cumplimiento de los preceptos del Consenso de Washington.
Es por ello que el Nuevo Orden Internacional (NOI) emergente, constituye una oportunidad para las fuerzas políticas, económicas y sociales que entiendan que un modelo justo, inclusivo y sustentable podrá alcanzarse sólo si se generan las condiciones necesarias de integración mundial desde una posición competitiva.
En esta dirección, la administración del comercio exterior, desde la perspectiva de la demanda, y la baja de los costos primos unitarios, desde la de la oferta, se transforman en elementos determinantes de este proceso.
La revolución energética norteamericana
Dentro del modo de producción capitalista observamos tres momentos que podemos caracterizar como "revolucionarios", por la brusca caída de los costos primos unitarios en las funciones de producción.
Tales revoluciones son:
la industrial, en Inglaterra, a finales del siglo XVIII, que le permitió transformarse en el "taller del mundo";
la de los procesos, cuando florecieron las ideas de Taylor y Ford en la organización fabril, que le permitió a Estados Unidos internacionalizar su producción manufacturera; y
la energética, cuyo epicentro se ubica en Estados Unidos, y se asienta en la explotación no convencional de combustibles fósiles.
En este aspecto, y tal cual venimos anticipando en sucesivos informes y artículos, el propio Secretario de Energía norteamericano, Rick Perry, afirmó hace pocos días: "Los beneficios de nuestra revolución del shale han dado un tremendo impulso tanto a la economía doméstica como a nuestra seguridad energética".
Además, agregó "hace unos pocos años, en los EE.UU. los productores de gas gastaron miles de millones para construir instalaciones para importar dicho combustible. Hoy, por primera vez desde que Dwight Eisenhower fue presidente, nos convertimos en un exportador neto de gas natural".
El impacto del insumo energético en los costos del aparato productivo norteamericano arroja ya resultados visibles. En el segundo trimestre del año, el PIB norteamericano alcanzó el 4,1% de crecimiento, logrando una tasa de desocupación que tocó el menor nivel de los últimos quince años (3,9%), generando así, por primera vez en décadas, un crecimiento anual mayor al 2% en los salarios reales.
La ceguedad oficial
A principios del siglo pasado, la inserción internacional de la Argentina estuvo signada por la necesidad que tenían los sectores dominantes de ubicar su producción primaria en los mercados externos. Ello tipificó la economía local, cuyas tensiones se expresaron en la consigna que reflejaba una antinomia de manera clara y didáctica: "campo versus industria".
Desde su inicio, hace ya más de dos años y medio, el oficialismo ha intentado revalidar aquella vetusta consigna, a juzgar tanto por su errónea percepción del contexto global, como por su accionar en cuanto a las decisiones de política económica netamente destructivas del entramado manufacturero doméstico.
Su tozuda miopía le impide interpretar correctamente el NOI (lo que se evidencia, por ejemplo, en la insistencia de firmar un tratado de libre comercio con la Unión Europea), así como percibir la importancia de la energía como uno de los vectores de competitividad sistémica, lo que agrega una tensión adicional a las estructuras de costos empresariales.
El color de lo por venir
El contexto internacional constituye una invaluable "ventana de oportunidad" para impulsar, una vez finiquitado el actual esquema económico, la implementación de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) en nuestro país que, necesariamente, deberá estar orientado a la producción3.
Para ello, entre otros aspectos, el MoDEPyS deberá contener los dos elementos determinantes mencionados al comienzo:
por un lado, las políticas de Administración del Comercio Exterior (ACE), que tienen la virtud de complementar la determinación de un tipo de cambio de equilibrio, y coadyuven a generar la protección de mercado que las empresas necesitan, y
de otra parte, la disponibilidad de energía en cantidad y precio que les permita minimizar sus costos, mejorando en términos relativos su competitividad vis a vis el resto del mundo.
Achicar el diferencial entre los valores de la energía en EE.UU. y los que alcanza en nuestro país, actualmente de u$s4,79 por MBTU (promedio neto de subsidios), un 61,8% mayor al norteamericano, debe constituir uno de los objetivos a lograr en el marco del nuevo modelo de desarrollo4.
Ambos factores posibilitarán generar las condiciones endógenas necesarias para la búsqueda de un entorno de competitividad sistémica. Se trata de que la política económica, realizando una correcta apreciación de las condiciones de contexto, articule los instrumentos indispensables para lograr los objetivos simultáneos de crecimiento e inclusión social (desarrollo), garantizando el pleno empleo de los factores productivos.
Este es, sin dudas, el formato de nuestro futuro.
Por esto mismo es que de nada sirve asustarse, como le sucedió al mentado relator.
Por el contrario, es el momento de poner en juego nuestro optimismo que, como hemos dicho5, es ese espíritu de iniciativa requerido tanto para obtener la máxima ventaja posible de cada situación dada, como para la paciente preparación ante lo que está por venir.
1 BAE Negocios: Llegó la supercrisis, evitemos la hipercrisis (14/5/18).
2 BAE Negocios: El mundo actual facilita los modelos de desarrollo nacional (5/9/18); Lo que ocupa a Trump a Macri ni le preocupa (26/11/17).
3 BAE Negocios: Cómo seguimos (29/1/18); Administración del comercio exterior, un imperativo del ahora (5/2/18), y otras.
4 Esto implica revisar el acuerdo que oportunamente la administración de YPF firmó con las empresas productoras de gas, donde se les garantiza, a mediano plazo, un precio de u$s7,5 por MBTU en boca de pozo.
5 BAE Negocios: El pesimismo es momentum del optimismo (31/7/17)
*MM y Asociados
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sábado, 18 de agosto de 2018
viernes, 17 de agosto de 2018
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martes, 14 de agosto de 2018
lunes, 13 de agosto de 2018
Te ganarás el pan
Te ganarás el pan
Por Lic. Guillermo Moreno* Lic. Norberto Itzcovich* Dr. Claudio Comari*
En los días que corren no es fácil ganarse el pan con el "sudor de tu frente". La pelea por los puestos de trabajo es el motivo que da formato a la III Guerra Mundial en cuotas de la que habla el papa Francisco, y nuestra Patria no queda exenta de tal confrontación.
Los argentinos pagamos con puestos de trabajo la incomprensión del oficialismo del mundo actual por una parte, y el insensato, por su inconsistencia, esquema macroeconómico desplegado, por el otro. Tristemente, el oficialismo no está a la altura de ejercer el "generalato" que transitoriamente le otorgó el voto popular.
Así lo ratifica el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación (MTEySS) que, recientemente, dio a conocer su informe mensual "Reporte del Trabajo Registrado"i, presentando las novedades del pasado mes de mayo, en el que se verifica una pérdida de más de 27.000 inscriptos respecto a abril, y se consolida la tendencia negativa que caracteriza a 2018.
Es que, desde diciembre de 2017, la pérdida de inscriptos contabilizada por el MTEySS para los primeros cinco meses del año supera los 127.000, de los cuales más del 83% de las bajas se registran entre asalariados: 56.000 pertenecen a los del sector privado y otras 50.000 a los del sector público.
Pero más allá de este alarmante señalamiento sobre la coyuntura, un examen más minucioso del reporte de la cartera laboral nos permite distinguir, en términos de la dinámica cuantitativa y cualitativa del empleo, tres ciclos durante el gobierno de Cambiemos:
► uno contractivo, desde su asunción hasta mediados de 2016;
► uno expansivo que, de la mano del aumento del gasto público y del endeudamiento de los particulares, se extiende hasta las postrimerías del año pasado, y
► una nueva fase destructiva, que tiende a profundizarse con el transcurrir de la Supercrisis.
Registrando el trabajo registrado
En los primeros seis meses del actual gobierno, la tendencia observada en el trabajo registrado fue netamente contractiva, con una pérdida cercana a 112.000 inscripciones, necesaria consecuencia de la asfixia al mercado interno determinada por el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos populares ante el drástico encarecimiento de los alimentos con el que el oficialismo inauguró su administración.
Luego, a partir mayo de 2016 y hasta fines del año pasado, la tendencia se revierte, hasta alcanzar un saldo positivo de 327.000 nuevos registros desde la cantidad observada al momento de la asunción.
Coincidió esa dinámica con la fuerte expansión del gasto público, que fue espiralizando el déficit fiscal, y cuyo financiamiento en dólares sobreofertó al mercado de divisas, provocando la apreciación de la moneda doméstica, deteriorando así la competitividad de nuestras empresas en los mercados internacionales. En consecuencia, a la señalada ausencia de mercado interno se le adicionó la del externo, imposibilitando la inversión del sector privado, que además ha debido competir por el crédito disponible con el Estado, que pagaba (y paga) tasas de interés astronómicas.
Ante esa situación, la alianza gobernante, pese a sus previas diatribas contra el empleo público, tomó la decisión de sustituir a los particulares en la generación de puestos de trabajo, al tiempo que, mediante la expansión del sistema de asignaciones familiares, promovió la mejora en la registración laboral.
Ese ciclo expansivo del trabajo registrado, como ya hemos expresado en artículos anteriores y se verá en mayor detalle al continuar, se explica por la conjunción de las inscripciones de puestos de trabajo preexistentes, con la creación de nuevas posiciones. En este último grupo, los mayores aportes son los que provienen de los puestos de trabajo creados por los planes sociales (que se identifican como independientes monotributo social) y del empleo público.
Agotada esa fase, durante el desarrollo del presente año la dinámica destructiva volvió a convertirse en tendencia. Con ello, el saldo de la actual administración, desde su asunción hasta mayo, es de 213.000 nuevas inscripciones, poco más de la cuarta parte del total de puestos de trabajos necesarios para cubrir el crecimiento vegetativo de la población económicamente activa.
Acercando la lupa
En el gráfico, se puede observar en las líneas cuáles son las categorías de trabajo registrado que exhibieron tendencias predominantemente crecientes a lo largo del período.
Como se observa, sobresale la de independientes monotributo por la magnitud de su contribución. Sin embargo, este es un caso en el que la mayor parte de las nuevas registraciones no corresponden a la creación de puestos de trabajo, sino que son explicadas por la inscripción de posiciones preexistentes declaradas a partir de estímulos fiscales. Es que, a partir de abril de 2016, el Gobierno Nacional decidió que esta clase de independientes monotributistas podrían acceder al sistema de asignaciones familiares, del que estaban excluidos hasta ese momento, decisión que tuvo un fuerte y sostenido impacto, alentando la registración de posiciones antes desempeñadas en el ámbito informal de la economía.
Los trabajadores inscriptos como independientes monotributo social muestran un sistemático crecimiento que, como ya señalamos, se corresponde con la expansión de los planes sociales, tendencia que podría estar revirtiéndose desde el segundo trimestre de este año.
También se observa un persistente incremento, aunque de inferiores órdenes de magnitud, entre los asalariados de casas particulares, cuya dinámica también podría estar influida por mejoras en la registración de trabajadores.
Pero las restantes categorías, graficadas con barras, han mostrado una dinámica oscilante a lo largo del gobierno de la alianza Cambiemos.
La categoría más típica de registración para trabajadores por cuenta propia, profesionales y pequeños empresarios, es la de independientes autónomos, que fue la que mostró las menores variaciones entre noviembre de 2015 y mayo de 2018, finalizando con una pérdida de alrededor de 12.000 posiciones.
También es negativo el saldo entre los asalariados del sector privado, con una pérdida de 28.000 inscriptos respecto de noviembre de 2015. A lo largo del período, se observan importantes oscilaciones, en las que el límite inferior se alcanza hacia mediados de 2016 (-131.000). Son muy pocos meses en los que la cantidad de registros superan el nivel de inicio de la serie. El segundo trimestre del corriente año, muestra el comienzo de una nueva tendencia decreciente.
Contrariamente, entre los asalariados del sector público se verifica un saldo positivo de 37.000 registros. En el gráfico se pueden observar los procesos de disminución que estacionalmente ocurren en los primeros meses de cada año en ese segmento del mercado de trabajo doméstico (que se asocia con finalizaciones de contratos y jubilaciones), y los posteriores ascensos que no sólo recuperan las pérdidas, sino que tienden a superar los picos precedentes.
Tanto en los saldos de cada categoría durante el período, como en las dinámicas observadas en su transcurso, se evidencia una extrema sensibilidad del mercado de trabajo a las decisiones gubernamentales.
La acción estatal explica 219.000 nuevas inscripciones si sumamos:
► las determinadas por el estímulo a la inscripción de independientes monotributistas (123 mil),
► el crecimiento de los planes sociales (60 mil), y
► del empleo público propiamente dicho (37 mil).
Al tiempo, las dos categorías típicas del sector privado en el entramado productivo, asalariados e independientes autónomos, presentan saldos negativos, y acumulan una pérdida de 40.000 posiciones entre la asunción de Cambiemos y mayo de 2018.
El gráfico que antecede también muestra la sensibilidad del empleo en las empresas ante la política pública, atento a que los períodos de ascenso se vinculan estrechamente a los de expansión del gasto fiscal, especialmente en el dirigido a la obra pública.
Finalmente, en la producción de servicios no orientados al mercado, los hogares como empleadores mostraron el desempeño positivo (+34 mil) previamente señalado.
A cuatro meses vista
Como lo explicitamos reiteradamente, la economía argentina ha pasado a desempeñarse en un escenario de Supercrisis, por lo que, sin considerar el impacto de probables hechos disruptivos, el empleo, al igual que los ingresos populares y el mercado doméstico, seguirá contrayéndose.
Es previsible que los trabajadores que debieran incorporarse al empleo en lo que resta del año por el crecimiento vegetativo de la población, no logren hacerlo, al tiempo que continúe el proceso destructivo tanto en el sector privado (registrado y no registrado), como en el público.
De modo que, por no haber conseguido trabajo o haber perdido el que tenían, rondarían las 800.000 personas las que se sumarán al contingente de los desempleados, por lo que el año terminaría con un crecimiento cercano al 50% en la tasa de desocupación.
Esta es la triste verdad a la que, más temprano que tarde, deberemos ponerle remedio.
Informe elaborado sobre la base de registros administrativos de los sistemas de la seguridad social (AFIP). Contabiliza personas registradas. A fin de evitar duplicaciones, cada inscripto es considerado sólo en la categoría principal. BAE Negocios: “Llegó la supercrisis, evitemos la hipercrisis” (12/5/18); “La supercrisis se materializó” (21/5/18); y otros.
*M.M. y Asociados
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