sábado, 30 de junio de 2018
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jueves, 28 de junio de 2018
lunes, 25 de junio de 2018
Saltando... de la sartén al fuego
Saltando... de la sartén al fuego
Si los fondos del FMI son dilapidados, aumenta el riesgo de incumplir los pagos
por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Norberto Itzcovich, Dr. Claudio Comari
Antaño, casi siete meses atrás, el Gobierno daba a conocer pretendidas "políticas milagrosas" para futuros venturosos con pompa y oropeles. En la actualidad, cuando anuncia cambios, lo hace con vergüenza.
Oportunamente, caracterizábamos como "la política del después vemos" (BAE Negocios, 21/1/2018) a la conducta oficialista de, a través de medidas inconexas, intentar resolver un problema, pero creando uno más grande y complejo aún.
Los anuncios realizados confirman la persistencia de aquel modus operandi, en el que resalta, como elemento más alarmante, el relacionado con los desembolsos del préstamo del FMI. Es que, procrastinando una vez más, pareciera que los fondos serán aplicados en el diferimiento de la solución de las inconsistencias, lo que podría poner al país en el riesgo de la cesación de pagos.
Uno de los cambios más significativos es, sin dudas, el que se produjo en la conducción del Banco Central de la República Argentina (BCRA), ahora encabezado por el "mesadinerista" Luis Caputo, privilegiando así el papel de rectoría de la "timba financiera" por sobre el de autoridad monetaria.
En su momento, luego de la fallida conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado, titulábamos una nota con la pregunta: "¿Será Sturzenegger el Sourrouille de Macri?" (BAE Negocios, 8/1/18), ya que encontrábamos un paralelismo entre el saliente presidente del BCRA y el exministro de Alfonsín cuya dimisión precipitó la crisis que obligó al traspaso anticipado de la Presidencia de la Nación. En aquellos días, pese a sus profusos malogros, era quien "con su gestión garantizaba que el radicalismo perdería las elecciones", pero a la vez "aseguraba la entrega del mando en la fecha estipulada".
Asimismo, el Gobierno tampoco parece haber adquirido mayor densidad técnica ni política con las concomitantes salidas de los exministros Aranguren y Cabrera.
Es que, con la sustitución de un expresidente de una refinadora de petróleo por un exvicepresidente del rubro, seguirá vacante la definición de una política energética que permita hacer de los combustibles fósiles un vector de competitividad de la economía nacional. Y, en cuanto a la cartera de Producción, más allá de los nombres, poco puede anhelarse en el contexto recesivo que transitamos y que signará los días que se avecinan.
Sin soluciones a la vista
Finalmente, se suscribió el contrato de mutuo con el FMI y se liberaron los primeros 15.000 millones de dólares del crédito Stand-By. Los desembolsos de los tramos siguientes quedan sujetos al cumplimiento, por parte del Gobierno, de los compromisos asumidos. Como hemos señalado con anterioridad, la velocidad de la caída de la recaudación tributaria superaría a la de la disminución del gasto público, poniendo en duda la observancia de las metas fiscales y, por tanto, de la continuidad de las transferencias del organismo multilateral.
La búsqueda de fondos del Tesoro Nacional mediante la emisión de letras, sólo se puede realizar cuando, como el lunes pasado, las tasas de interés son exageradamente altas y se incluyen cláusulas que funcionan como seguros de cambio.
Por parte del BCRA, la última licitación de Lebac sólo consiguió la renovación del 60% de los vencimientos, a costa de un sustancial incremento de las tasas de interés ofrecidas, que alcanzaron el 47% anual para el tramo más corto.
Así, como lo explicitamos oportunamente, se agravan día a día los problemas prexistentes:
► se perpetúa la restricción del crédito comercial entre las compañías ("El discurrir de la supercrisis", BAE Negocios, 28/5/18),
► se imposibilita a de las Empresas Capital Intensivo la determinación sus costos de producción ("Demasiado tarde para lágrimas", BAE Negocios, 19/6/18), al tiempo que,
► debido a la baja en la demanda de la moneda doméstica, no cede la dolarización de las carteras de inversión (ibid.).
Desvistiendo a un santo para vestir a otro
Como manifestamos la semana pasada en el artículo citado, el acuerdo con el FMI es, en esencia, el reemplazo de un acreedor por otro, en tanto que los fondos girados por el organismo multilateral no tendrían otro fin que el de servir como subyacente de los créditos otorgados por la banca privada extranjera a nuestro país.
Sin embargo, es posible que tal resguardo no esté disponible al momento de usarlo porque, si una significativa parte de esas divisas se aplica a la contención de la corrida cambiaria, tal vez no haya suficientes dólares para la atención de los vencimientos de deuda. Esto significa, lisa y llanamente, el ingreso en situación de default de los bonos soberanos.
El Gobierno anunció que la mitad del primer desembolso será vendido por el Tesoro, mediante el Banco Central a través del mecanismo de subasta de dólares, para intervenir en el mercado cambiario y así abastecer al sector privado, al tiempo que colecta los pesos que permiten atender sus gastos domésticos.
El extraño dispositivo implementado no está exento de riesgos de posibles cartelizaciones por parte de los bancos intervinientes en las compulsas, elemento que ameritaría, en cumplimiento de la ley recientemente sancionada, posteriores investigaciones de la Autoridad Nacional de la Competencia.
Asimismo, los fondos en dólares provistos bajo este mecanismo, lejos están de aportar al mercado el volumen necesario para compensar el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Sin ir más lejos, sólo uno de sus componentes, el déficit comercial, sigue en ascenso y en mayo alcanzó los 1.285 millones de dólares (si bien es cierto que podría ir disminuyendo por la contracción de las importaciones).
En síntesis, si como el propio Gobierno sostuvo, los mercados de deuda voluntarios están cerrados para la Argentina y los fondos provistos por el FMI son dilapidados, aumenta el riesgo de incumplir los pagos, por lo que los funcionarios actuantes deberán asumir su responsabilidad ante tal evento.
Apelando una vez más a la conducta de "vestir a un santo desnudando a otro", la alianza Cambiemos nos confirma que goza de la extraña habilidad de empeorarlo todo, incluso lo que ya estaba muy mal.
La supercrisis sigue su derrota.
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Demasiado tarde para lágrimas
Demasiado tarde para lágrimas
por Lic. Guillermo Moreno, Lic. Norberto Itzcovich, Dr. Claudio Comari
El gobierno se orienta, bajo la tutela del FMI, a encarar una política económica armonizada en un plan, ahora sí, neoliberal.
La factibilidad del intento queda severamente amenazada, no sólo por las implicancias en términos de sustentabilidad económica y social, sino por la distancia existente entre los desequilibrios que constituyen el punto de partida y la convergencia esperada.
Mientras tanto, el día a día de las empresas, es cada vez más complicado y para muchas, imposible de sostener.
Empezó mal y termina peor
Apenas tres meses después de que asumiera el actual oficialismo, llamábamos la atención sobre las serias inconsistencias del esquema macroeconómico implementado que, desdeñando las más elementales causalidades de la disciplina, pavimentaron el camino hacia el abismo.
El "mejor equipo de los últimos 50 años" logró introducir a nuestro país en una supercrisis, que en su discurrir, pone en riesgo la propia continuidad de la Nación.
Ya en el mes de febrero de 2016, alertábamos sobre la problemática fiscal, al afirmar: "la disminución de los ingresos que recibe el Estado por un lado y el incremento de sus gastos por el otro, conducen a una inconsistencia macroeconómica que podrá ser sostenida unos pocos meses".
En este marco, el gobierno comenzó a tomar deuda en el exterior, y como sosteníamos en nuestro artículo "Recauda como liberal, gasta como keynesiano: la política del después vemos" (BAE Negocios 20-11-17): "Los dólares comenzaron a entrar y a gastarse, para lo cual había que transformarlos en pesos, pero estos aumentaban la emisión monetaria y con ello la inflación y encontraron otra solución mágica: quitar esos pesos del mercado (esterilización) utilizando las Lebac. Para lo cual tuvieron que pagar una enorme tasa de interés y entonces emergió el déficit cuasifiscal, que sumado al del Tesoro Nacional y las jurisdicciones subnacionales, nos acercan al 11% del PIB de este año, esto es alrededor de u$s60.000 millones, similar (en porcentaje) al que alcanzó el gobierno de Alfonsín previo a su colapso".
Posteriormente, al problema fiscal se le sumó el del sector externo.
La incomprensión sobre la importancia de la administración del comercio exterior (instrumento hoy en auge en el mundo), condujo a nuestro país a un rojo comercial récord de u$s8.471 millones en 2017, que forma parte del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, de aproximadamente 6% del PIB, y que seguía en ascenso hasta el inicio del actual ciclo de depreciación de la moneda doméstica.
Finalmente, como dijimos en "Ay Patria mía" (BAE 7-5-18): "La Argentina de mayo de 2018 se enfrenta a un escenario en el que convergen los desequilibrios fiscales del 89 con los del sector externo de 2001, por lo que ambos fenómenos se potencian mutuamente generando las condiciones de una supercrisis".
¿Respaldo internacional o riesgo de default?
El aporte ciertamente extraordinario que aparentemente hará el FMI es leído como un fuerte respaldo de la comunidad internacional al gobierno. ¿Será así?
El crecimiento de la prima de riesgo de default de las compañías aseguradoras, para el caso argentino, funcionó como una alerta para el sistema financiero internacional que, para disminuir su exposición por los préstamos oportunamente otorgados, promovió la activa participación del FMI. La visita de Christine Lagarde a nuestro país, en marzo pasado, fue la "mise en scene" del inicio de este proceso.
En este marco debe interpretarse el verdadero motivo del inusitado monto pre-acordado (que alcanza 11 veces la cuota que aporta por su participación nuestro país). Así, los fondos a girar a la Argentina por el FMI sirven como garantía subyacente de los créditos otorgados por la banca extranjera.
El reemplazo de un acreedor por otro tiene una lógica de hierro: el sector privado está sujeto a la posibilidad de cesación de pagos, mientras que el organismo multilateral está prácticamente blindado a esta alternativa, como quedó demostrado en diciembre de 2001.
Naturalmente, el aporte comprometido sólo se efectivizará bajo la condición de resolver las inconsistencias macroeconómicas preexistentes con lo cual, ex post acuerdo con el FMI emerge ahora sí, un plan económico neoliberal.
¿Demasiado tarde para un plan?
Desequilibrios tales como un déficit fiscal total que supera en términos de PIB al de 1989, y un rojo de cuenta corriente mayor al que provocó la crisis de 2001, sólo podrían resolverse, en el marco de dicho plan, con una baja de la tasa de interés a niveles razonables y aceptando que el tipo de cambio alcance un nivel, hoy, indeterminado.
Sin embargo, sus consecuencias sociales son inaceptables, ya que requiere que el consumo de los hogares disminuya en magnitudes sólo compatibles con el 25% de la Población Económicamente Activa Desempleada, y el 50% de la Población Total en Situación de Pobreza.
La dudosa viabilidad social del "nuevo modelo" no es el único obstáculo ya que, en el corto plazo, el préstamo del FMI no resuelve el serio problema del "trade off" (intercambio) entre la tasa de interés y el valor del dólar.
El nivel de dichas tasas, fijado por el BCRA con el objetivo de desincentivar la dolarización de las carteras de inversión (producto de la caída de demanda de la moneda doméstica), podría provocar en la economía un impacto de desabastecimiento, por la acelerada contracción del crédito comercial, perjudicando principalmente a las pequeñas y medianas empresas, cómo ya hemos explicado en el artículo "Llegó la supercrisis. Evitemos la hipercrisis" (BAE Negocios 14-5-18).
Asimismo, su permanencia en el tiempo tiene un efecto demoledor sobre las Empresas Capital Intensivo (ECI), característica que en la Argentina es propia de las grandes compañías proveedoras de insumos difundidos.
Su función de producción, sesgada a la utilización del capital, se ve tremendamente impactada por niveles de tasa de interés reales superiores al 70%.
Por el contrario, si para evitar este sobrecosto, las ECI optan por utilizar como numeral de cálculo la moneda estadounidense, enfrentan la incertidumbre sobre el nivel futuro del tipo de cambio (esperanza de devaluación).
Por un camino, o por el otro, se encuentran en la problemática situación de no saber si el precio al que comercializan sus bienes cubre, o no, sus costos de producción.
¿Cuánto tiempo podrá soportar la economía enfrentando estas condiciones?
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