jueves, 15 de noviembre de 2018
miércoles, 14 de noviembre de 2018
martes, 13 de noviembre de 2018
lunes, 12 de noviembre de 2018
Las esferas de lo público y lo privado en el MoDEPyS
Las esferas de lo público y lo privado en el MoDEPyS
Por Lic. Guillermo Moreno*Dr. Claudio Comari*
Lic. Norberto Itzcovich*
Quienes venimos predicando insistentemente sobre el Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), debemos reflexionar profundamente en torno de la asignación de recursos entre los diferentes sectores que componen la economía, que se realiza a partir de las señales de precios que brinda el mercado, destacando, a su vez, el rol del Estado dentro del universo de los "regulados", y poniendo especial énfasis en cómo se entrelazan los segmentos de mayor productividad y niveles de formalización con el denominado Sector Informal Urbano1 (SIU).
En el marco de este debate, en nuestro artículo El día después de mañana (BAE Negocios, 15/10/18), sosteníamos: "en las economías modernas, la posibilidad de reponer lo que se consume (reproducción ampliada) depende de la tasa de inversión. El quantum que esta alcance, inter e intra sectores, determina, entre otros aspectos, el gradiente que establece los beneficiarios centrales, secundarios y marginales, e incluso, en algunos modelos (como los neoliberales), quienes quedan "descartados", al decir del papa Francisco, de toda recompensa".
Esos diversos ordenamientos, que no son otra cosa que "modelos de acumulación de capital", encarnan tanto en la dimensión más profunda de la política, en términos de definición de la relación de los diferentes actores económicos y sociales entre sí (lo representado), como con las formaciones que disputan los espacios de decisión (las representaciones) que los expresan.
Repasábamos la semana pasada ("Sobre las representaciones y lo representado", BAE Negocios, 5/11/18) los contrastes observables entre un único modelo hegemónico perdurable como el que imperó en Brasil desde el golpe de Estado de 1964 hasta estos días, y la pendularidad de la superestructura política argentina, tensionada entre dos modelos contrapuestos, suficientemente vigorosos para, alternativamente, establecer primacías sobre su contrario, pero a la vez imposibilitados de consolidarlas en el tiempo.
Continuando estas reflexiones, especialmente desde el punto de vista de cómo la expresión, en términos políticos, de necesidades, intereses y aspiraciones de los conjuntos sociales, se vincula con su participación en la generación y distribución del ingreso total, en esta nota, proponemos un análisis complementario a los anteriores, en torno a la forma más eficiente de abordar la problemática del SIU y su articulación con los ámbitos de mayor formalización.
Al ser el sector privado de la economía el principal generador de valor agregado, deben propiciarse las condiciones macroeconómicas para que las compañías incrementen su tasa de ganancia y consecuentemente su actividad, hasta lograr el pleno empleo de los factores productivos.
Sobre el Estado, la informalidad y la exclusión
Entre las múltiples implicancias de la relación público-privado, se encuentra la referida a las problemáticas que expresan las denominadas "organizaciones sociales", que reúnen a un heterogéneo colectivo que va desde el SIU a los contingentes de "excluidos" residentes en barriadas y asentamientos.
Tales organizaciones se han ido institucionalizando progresivamente, formando diversos nucleamientos con creciente protagonismo, tanto en su actuación en el ámbito social (comedores comunitarios, clubes y centros vecinales, etc.) y económico (cooperativas de trabajo, gestión de empresas recuperadas, etc.), como en su participación y representatividad política.
La consideración sobre la importancia de este conglomerado social, tanto en términos numéricos como en su actuación pública, se expresa en los numerosos estudios existentes sobre el SIU y los debates sobre la "superpoblación relativa" o "masa marginal".
En este entorno, la pobreza y la desocupación que conviven al interior de este extendido conjunto social suele ser caracterizada como "estructural" por determinados enfoques. Esto implica asumir que, a pesar de que el aparato productivo lograra funcionar a pleno, siempre existiría una cantidad de familias que permanecerían en aquella condición.
De allí que, casi invariablemente, las respuestas de política económica a esta problemática oscilen entre resignarse a la exclusión (el penoso criterio de "que se la rebusquen"), que es la "solución" neoliberal, o bien que tengan un ingreso de subsistencia a partir del presupuesto del Estado en cualquiera de sus tres niveles.
Sin embargo, además de resultar ambas opciones económicamente ineficientes, la primera es moralmente inaceptable, en tanto la segunda implica convertir en perenne el equilibrio subóptimo alcanzado.
Si, por el contrario, se incrementa la tasa de ganancia de estas unidades productivas (UP) integrantes del SIU, es esperable que su crecimiento redunde en la formalización, con las ventajas de inclusión social que ello trae aparejado.
El rol del estado, en consecuencia, es el de utilizar sus políticas regulatorias para establecer el marco adecuado en el que todas las UP obtengan su cuota parte del excedente. Y esa decisión, obviamente, tiene estrecha relación con las consecuencias sobre los ganadores y los perdedores en el devenir del MoDEPyS.
La apropiación del excedente
El aparato productivo argentino, a diferencia de lo que acontece en las economías de otros países de Iberoamérica, se caracteriza por la generación de un único excedente social, apropiado en forma desigual por los distintos eslabones de las cadenas de producción y comercialización.
Sin embargo, actualmente, la desaparición de la tasa de ganancia (en prácticamente todos los sectores de actividad, al margen del tamaño de las empresas) producto del elevado costo de la energía y la espiralización hasta el ridículo de las tasas de interés reales, dañan peligrosamente la base material de la nación2.
Por su parte, desde el inicio del gobierno, los sectores populares ven gravemente afectados sus ingresos (conformados por sueldos, salarios, jubilaciones y pensiones), por el efecto devastador del aumento del precio de los alimentos (con origen en la devaluación inicial y la quita de retenciones), lo cual a su vez provocó una brutal pérdida de su poder adquisitivo, y la lógica caída del consumo.
En consecuencia, para recrear el círculo virtuoso de una economía sana, deben maximizase los vectores de competitividad del aparato productivo nacional, que no son otros que los asociados a las rentas extraordinarias3, utilizando todas las herramientas que el Estado tiene a su disposición en materia de regulación de precios.
Así, en el marco de un modelo que tienda al equilibrio:
a) desde el lado de la oferta, deberá contarse con precios de la energía (en todas sus formas) adecuados a los valores de los mercados de referencia internacionales, lo cual redundará en la baja de los costos totales de las empresas y en la recomposición de su rentabilidad y,
b) desde la perspectiva de la demanda, buscar precios justos y equitativos para los alimentos que permitirá recomponer el poder adquisitivo de los ingresos populares, impactando favorablemente en el consumo privado.
Ello, junto con políticas de tipo de cambio competitivo y una adecuada administración del comercio exterior (cuya implementación se ve favorecida por el contexto internacional), garantizará la hegemonía de las empresas locales en el mercado doméstico, al tiempo que potenciará su inserción en los internacionales.
Este correcto desenvolvimiento del MoDEPyS permitirá arribar al pleno empleo de los factores productivos, posibilitando, por lo tanto, la paulatina incorporación del SIU al sector formal de la economía.
Durante este tránsito, quedará demostrado que la pobreza y la desocupación no deben ser caracterizadas como "estructurales", sino sólo "circunstanciales".
*MM y Asociados
1 Definimos al SIU, como aquel sector compuesto por múltiples unidades productivas (unipersonales o no) oferentes de bienes y servicios, donde no resulta determinante su tipificación de acuerdo con el grado de cumplimiento de sus obligaciones fiscales, sino ciertas características intrínsecas de su organización, principalmente la indiferenciación en la retribución entre el trabajo y el capital, entre otras. Son activos generadores del excedente social, pero participando sólo marginalmente en su apropiación.
2 Las empresas, como simbiosis del capital y del trabajo, son el elemento primario constitutivo de la base material de la Nación.
3 Las rentas extraordinarias, tal como definimos en nuestro artículo “Cómo seguimos” (BAE Negocios, 29-1-18), están constituidas por “aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de la explotación de algún recurso natural”. Esa característica, en Argentina, la cumplen algunas tierras y la energía fósil, constituyéndose, en consecuencia, en los vectores de competitividad de nuestra economía.
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jueves, 8 de noviembre de 2018
miércoles, 7 de noviembre de 2018
lunes, 5 de noviembre de 2018
Sobre las representaciones y lo representado: los casos de Brasil y de Argentina
Sobre las representaciones y lo representado: los casos de Brasil y de Argentina
Por Lic. Guillermo Moreno*Dr. Claudio Comari*
Lic. Norberto Itzcovich*
Pocas semanas atrás introducíamos algunas reflexiones relacionadas con distintas dimensiones de la política ("El día después de mañana", BAE, 15/10/18), no como ámbito de disputa de lugares de decisión en un campo establecido (la representación), sino en términos de su propio diseño (lo representado) en tanto determinación de la tasa de ganancia y la distribución inter e intra sectores económicos del ingreso nacional.
Nos parece válido retomar esta problemática, frente al hecho que, la irrupción de Jair Bolsonaro en el estrellato de la política brasileña, señala un significativo cambio en el sistema de representaciones del vecino país, abriendo una serie de interrogantes que trascienden sus fronteras.
Sin embargo, entender este evento, de por sí disruptivo, como la trivial incorporación de un nuevo actor relevante en el establishment político, sería simplista, ya que su paso desde la cuasi marginalidad política al dominio del centro de la escena pública, es la manifestación inmediata de una crisis en el sistema político que expresó, bajo diversos matices, un modelo de acumulación de capital que rigió desde el golpe de Estado de 1964 hasta la fecha. Por ello, posiblemente, también sea el punto a partir del cual se torne irreversible la transformación de las representaciones que se empezara a expresar en el proceso de destitución de Dilma Rousseff.
Brasil parece enfrentarse así a una nueva etapa que, atravesada por la redefinición de la relación de los diferentes actores económicos y sociales con las formaciones políticas que los expresarán en el futuro, previsiblemente estará signada por la inestabilidad.
No sólo existe una manifiesta contradicción entre el discurso nacionalista y el programa neoliberal del designado ministro Paulo Guedes, que dificulta saldar la crisis de representatividad, sino que, centralmente, al ubicarse dentro del paradigma decadente del Consenso de Washington (CW), queda a contramano de los emergentes modelos de desarrollo nacional y las nuevas pautas que comienzan a regir las relaciones entre las naciones.
Se abre el interrogante, hacia el mediano plazo, sobre si Bolsonaro no será, el último paso intermedio hacia la génesis de una nueva superestructura política que, finalmente, ponga en discusión el patrón de acumulación sobre el que se sustentó el orden que hoy está en cuestión.
Mientras tanto, de este lado del Río Uruguay, ello da pie a profundizar la reflexión en torno a la instauración de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), especialmente desde el punto de vista de cómo la expresión en términos políticos de necesidades, intereses y aspiraciones de los conjuntos sociales, se vincula con su participación en la generación y distribución del ingreso total.
Historias que se cruzan
En un esquemático repaso histórico1, hay paralelismos y perpendicularidades a las que vale atender para una mejor comprensión de los procesos en curso en Brasil y Argentina.
La desigual industrialización en los países de Iberoamérica, durante la primera mitad del siglo pasado, produjo duraderas huellas en las sociedades.
Las transformaciones de las matrices productivas, y la aceleración en el paso de sociedades agro-ganaderas y rurales a entramados urbanos con mayor participación de la industria y los servicios, dieron nacimiento a nuevos actores económicos y sociales, que colisionaron y pusieron en cuestión los esquemas económicos hasta entonces vigentes.
Surgen en el período, las expresiones políticas nacionalistas-populares como las encarnadas por Getulio Vargas en Brasil o Juan D. Perón en la Argentina, como expresión de esos actores secundarizados o marginados por el orden conservador, formaciones cuyas evoluciones resultaron determinantes hasta el día de hoy.
En el caso de Brasil, el golpe de Estado que derrocó a João Goulart, logró configurar un modelo de acumulación que dio viabilidad a la asociación de las antiguas oligarquías con una significativa parte de las capas altas y medias emergentes. Ello significó, a su vez, la partición del entramado que dio sustento a la experiencia de aquel nacionalismo brasileño, hasta la final dilución de esa tradición, por lo que los segmentos sociales excluidos, numerosos por cierto, privados de sus "alianzas naturales", carecieron de volumen suficiente para engendrar representaciones políticas relevantes o centrales.
Es a partir de allí, que se desarrolla un proceso en el que las lógicas tensiones y las adaptaciones a los escenarios cambiantes, se dan sin volver a poner en cuestión los trazos centrales de la estructuración económica nacional, determinando, a la vez, la notable estabilidad del sistema político brasileño, que va evolucionando hacia los postulados del CW, vía diferentes versiones y combinatorias de sus dos expresiones icónicas (la socialdemocracia y el neoliberalismo), aun ante la incorporación de nuevas figuras y formaciones relevantes. De allí que fuera posible que Dilma Rousseff cediera las riendas de la economía al neoclásico Joaquim Levy.
En nuestras latitudes, por el contrario, la inestabilidad se convirtió en la regla.
Es que, así como el peronismo no pudo terminar con el orden oligárquico conservador, este último, aunque sí fue capaz de interrumpir el desarrollo del modelo del nacionalismo popular criollo, no pudo ofrecer un esquema económico idóneo para la incorporación de otros actores en una alianza de carácter permanente, ni desarticular los altos niveles de organización social alcanzados, especialmente por el movimiento obrero.
De manera que quedan en pie dos contendientes de peso, que al mismo tiempo no logran la entidad suficiente para imponer su hegemonía, dando lugar al proceso pendular que vivimos los argentinos desde hace prácticamente 80 años.
Permanente y de pleno empleo
Decíamos en uno de los artículos2 citados:
"El esquema económico de la alianza Cambiemos recorre sus estertores. La causal estructural, expresada en la inconsistencia de los diseños de política económica, radicó en la imposibilidad de establecer un modelo de acumulación de capital viable.
En las economías modernas, la posibilidad de reponer lo que se consume (reproducción ampliada) depende de la tasa de inversión. El quantum que ésta alcance, inter e intra sectores, determina, entre otros aspectos, el gradiente que ordena a los beneficiarios centrales, secundarios y marginales, e incluso, en algunos modelos (como los neoliberales), quienes quedan "descartados", al decir del papa Francisco, de toda recompensa.
Nos enfrentamos entonces, a un período en el que las litis por la distribución de los espacios de las representaciones quedan secundarizadas por la dimensión más amplia de la política, que no es otra que la que define quiénes serán los ganadores y los perdedores a partir de instaurar un sesgo distintivo en el proceso de acumulación de capital futuro."
Como hemos remarcado en otras oportunidades, la puesta en marcha de un modelo de desarrollo económico implica disponer de las rentas extraordinarias3, pero, vale reconocer, existen diversas perspectivas no sólo respecto a su cuantía sino, especialmente, a su utilización.
Para el enfoque que postula como inevitable, aun cuando la economía funcionara al máximo de su potencial, la existencia de ciertos niveles de desocupación y de pobreza, definidos como "estructurales", dichas rentas extraordinarias deben ser aplicadas, bajo diversas modalidades, en la subsistencia de aquellos sectores marginalizados.
Esta visión, sin embargo, pone en irresoluble colisión los aspectos aspiracionales con la perpetuación del status quo de una extendida franja de la sociedad.
Otra mirada, presupone que aquellas deben ser utilizadas por el propio Estado, quién asume así el rol de dinamizador de la economía, y las aplicará de acuerdo a las prioridades que una preexistente planificación económica les asigne, razón por lo cual, la imprecisa definición del papel del empresariado, no parece ofrecer estímulos suficientes para participar de una alianza perdurable.
Por último, la perspectiva que nos seduce, es la que plantea que dichas rentas deben ser distribuidas en la totalidad del entramado empresarial, con el objetivo de mejorar sus estructuras de costos y, por ende, sus precios de comercialización. Ello garantizará la hegemonía de esas compañías en el mercado doméstico, al tiempo que facilitará su adecuada inserción en los flujos internacionales de comercio4, asegurando de esta manera el pleno empleo de los factores productivos.
Las condiciones del Nuevo Orden Internacional, no podrían ser más favorables, al permitirnos apelar a la administración del comercio exterior como instrumento (transitorio) de protección y fortalecimiento del aparato productivo nacional.
Se trata, ni más ni menos, de resolver el desafío de articular armónicamente la participación de los diferentes actores de la sociedad en la estructura económica, en un modelo viable desde el punto de vista productivo, capaz de reproducirse en forma ampliada y dar origen, en el nivel de la superestructura política, a las representaciones que expresen dicha alianza.
A diferencia de lo que acaba de acontecer en Brasil, eso es lo que estará en juego en las próximas elecciones generales de la Argentina: la discusión de la representación en términos de lo representado.
De allí lo desafiante de los meses por venir.
*MM y Asociados
1 Por razones de espacio debemos apelar a simplificaciones y síntesis más allá de lo deseado.
2 “El día después de mañana”, BAE, 15/10/18.
3 Estas, tal como definimos en nuestro artículo “Cómo seguimos” (BAE Negocios, 29/1/18), están constituidas por “aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de la explotación de algún recurso natural”. Esa característica, en Argentina, la cumplen algunas tierras y la energía fósil, constituyéndose, en consecuencia, en los vectores de competitividad de nuestra economía.
4 Como señalamos en “El nuevo Nuevo Mundo” (BAE Negocios, 22/10/18), el diseño del nuevo ciclo de integración económica, adaptado a las necesidades de nuestro modelo de desarrollo, requerirá, además de redefinir la relación con Brasil, extender los horizontes de nuestro intercambio comercial en un esquema de articulación que integre a todas las naciones hispanoparlantes de América del Sur, en un conjunto armónico de economías complementarias.
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viernes, 2 de noviembre de 2018
jueves, 1 de noviembre de 2018
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