lunes, 5 de noviembre de 2018

Sobre las representaciones y lo representado: los casos de Brasil y de Argentina

Sobre las representaciones y lo representado: los casos de Brasil y de Argentina

Por Lic. Guillermo Moreno*
Dr. Claudio Comari*
Lic. Norberto Itzcovich*

Pocas semanas atrás introducíamos algunas reflexiones relacionadas con distintas dimensiones de la política ("El día después de mañana", BAE, 15/10/18), no como ámbito de disputa de lugares de decisión en un campo establecido (la representación), sino en términos de su propio diseño (lo representado) en tanto determinación de la tasa de ganancia y la distribución inter e intra sectores económicos del ingreso nacional.

Nos parece válido retomar esta problemática, frente al hecho que, la irrupción de Jair Bolsonaro en el estrellato de la política brasileña, señala un significativo cambio en el sistema de representaciones del vecino país, abriendo una serie de interrogantes que trascienden sus fronteras.

Sin embargo, entender este evento, de por sí disruptivo, como la trivial incorporación de un nuevo actor relevante en el establishment político, sería simplista, ya que su paso desde la cuasi marginalidad política al dominio del centro de la escena pública, es la manifestación inmediata de una crisis en el sistema político que expresó, bajo diversos matices, un modelo de acumulación de capital que rigió desde el golpe de Estado de 1964 hasta la fecha. Por ello, posiblemente, también sea el punto a partir del cual se torne irreversible la transformación de las representaciones que se empezara a expresar en el proceso de destitución de Dilma Rousseff.

Brasil parece enfrentarse así a una nueva etapa que, atravesada por la redefinición de la relación de los diferentes actores económicos y sociales con las formaciones políticas que los expresarán en el futuro, previsiblemente estará signada por la inestabilidad.

No sólo existe una manifiesta contradicción entre el discurso nacionalista y el programa neoliberal del designado ministro Paulo Guedes, que dificulta saldar la crisis de representatividad, sino que, centralmente, al ubicarse dentro del paradigma decadente del Consenso de Washington (CW), queda a contramano de los emergentes modelos de desarrollo nacional y las nuevas pautas que comienzan a regir las relaciones entre las naciones.

Se abre el interrogante, hacia el mediano plazo, sobre si Bolsonaro no será, el último paso intermedio hacia la génesis de una nueva superestructura política que, finalmente, ponga en discusión el patrón de acumulación sobre el que se sustentó el orden que hoy está en cuestión.

Mientras tanto, de este lado del Río Uruguay, ello da pie a profundizar la reflexión en torno a la instauración de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), especialmente desde el punto de vista de cómo la expresión en términos políticos de necesidades, intereses y aspiraciones de los conjuntos sociales, se vincula con su participación en la generación y distribución del ingreso total.

Historias que se cruzan


En un esquemático repaso histórico1, hay paralelismos y perpendicularidades a las que vale atender para una mejor comprensión de los procesos en curso en Brasil y Argentina.

La desigual industrialización en los países de Iberoamérica, durante la primera mitad del siglo pasado, produjo duraderas huellas en las sociedades.

Las transformaciones de las matrices productivas, y la aceleración en el paso de sociedades agro-ganaderas y rurales a entramados urbanos con mayor participación de la industria y los servicios, dieron nacimiento a nuevos actores económicos y sociales, que colisionaron y pusieron en cuestión los esquemas económicos hasta entonces vigentes.

Surgen en el período, las expresiones políticas nacionalistas-populares como las encarnadas por Getulio Vargas en Brasil o Juan D. Perón en la Argentina, como expresión de esos actores secundarizados o marginados por el orden conservador, formaciones cuyas evoluciones resultaron determinantes hasta el día de hoy.

En el caso de Brasil, el golpe de Estado que derrocó a João Goulart, logró configurar un modelo de acumulación que dio viabilidad a la asociación de las antiguas oligarquías con una significativa parte de las capas altas y medias emergentes. Ello significó, a su vez, la partición del entramado que dio sustento a la experiencia de aquel nacionalismo brasileño, hasta la final dilución de esa tradición, por lo que los segmentos sociales excluidos, numerosos por cierto, privados de sus "alianzas naturales", carecieron de volumen suficiente para engendrar representaciones políticas relevantes o centrales.

Es a partir de allí, que se desarrolla un proceso en el que las lógicas tensiones y las adaptaciones a los escenarios cambiantes, se dan sin volver a poner en cuestión los trazos centrales de la estructuración económica nacional, determinando, a la vez, la notable estabilidad del sistema político brasileño, que va evolucionando hacia los postulados del CW, vía diferentes versiones y combinatorias de sus dos expresiones icónicas (la socialdemocracia y el neoliberalismo), aun ante la incorporación de nuevas figuras y formaciones relevantes. De allí que fuera posible que Dilma Rousseff cediera las riendas de la economía al neoclásico Joaquim Levy.

En nuestras latitudes, por el contrario, la inestabilidad se convirtió en la regla.


Es que, así como el peronismo no pudo terminar con el orden oligárquico conservador, este último, aunque sí fue capaz de interrumpir el desarrollo del modelo del nacionalismo popular criollo, no pudo ofrecer un esquema económico idóneo para la incorporación de otros actores en una alianza de carácter permanente, ni desarticular los altos niveles de organización social alcanzados, especialmente por el movimiento obrero.

De manera que quedan en pie dos contendientes de peso, que al mismo tiempo no logran la entidad suficiente para imponer su hegemonía, dando lugar al proceso pendular que vivimos los argentinos desde hace prácticamente 80 años.

Permanente y de pleno empleo


Decíamos en uno de los artículos2 citados:

"El esquema económico de la alianza Cambiemos recorre sus estertores. La causal estructural, expresada en la inconsistencia de los diseños de política económica, radicó en la imposibilidad de establecer un modelo de acumulación de capital viable.

En las economías modernas, la posibilidad de reponer lo que se consume (reproducción ampliada) depende de la tasa de inversión. El quantum que ésta alcance, inter e intra sectores, determina, entre otros aspectos, el gradiente que ordena a los beneficiarios centrales, secundarios y marginales, e incluso, en algunos modelos (como los neoliberales), quienes quedan "descartados", al decir del papa Francisco, de toda recompensa.

Nos enfrentamos entonces, a un período en el que las litis por la distribución de los espacios de las representaciones quedan secundarizadas por la dimensión más amplia de la política, que no es otra que la que define quiénes serán los ganadores y los perdedores a partir de instaurar un sesgo distintivo en el proceso de acumulación de capital futuro."

Como hemos remarcado en otras oportunidades, la puesta en marcha de un modelo de desarrollo económico implica disponer de las rentas extraordinarias3, pero, vale reconocer, existen diversas perspectivas no sólo respecto a su cuantía sino, especialmente, a su utilización.

Para el enfoque que postula como inevitable, aun cuando la economía funcionara al máximo de su potencial, la existencia de ciertos niveles de desocupación y de pobreza, definidos como "estructurales", dichas rentas extraordinarias deben ser aplicadas, bajo diversas modalidades, en la subsistencia de aquellos sectores marginalizados.

Esta visión, sin embargo, pone en irresoluble colisión los aspectos aspiracionales con la perpetuación del status quo de una extendida franja de la sociedad.

Otra mirada, presupone que aquellas deben ser utilizadas por el propio Estado, quién asume así el rol de dinamizador de la economía, y las aplicará de acuerdo a las prioridades que una preexistente planificación económica les asigne, razón por lo cual, la imprecisa definición del papel del empresariado, no parece ofrecer estímulos suficientes para participar de una alianza perdurable.

Por último, la perspectiva que nos seduce, es la que plantea que dichas rentas deben ser distribuidas en la totalidad del entramado empresarial, con el objetivo de mejorar sus estructuras de costos y, por ende, sus precios de comercialización. Ello garantizará la hegemonía de esas compañías en el mercado doméstico, al tiempo que facilitará su adecuada inserción en los flujos internacionales de comercio4, asegurando de esta manera el pleno empleo de los factores productivos.

Las condiciones del Nuevo Orden Internacional, no podrían ser más favorables, al permitirnos apelar a la administración del comercio exterior como instrumento (transitorio) de protección y fortalecimiento del aparato productivo nacional.

Se trata, ni más ni menos, de resolver el desafío de articular armónicamente la participación de los diferentes actores de la sociedad en la estructura económica, en un modelo viable desde el punto de vista productivo, capaz de reproducirse en forma ampliada y dar origen, en el nivel de la superestructura política, a las representaciones que expresen dicha alianza.

A diferencia de lo que acaba de acontecer en Brasil, eso es lo que estará en juego en las próximas elecciones generales de la Argentina: la discusión de la representación en términos de lo representado.

De allí lo desafiante de los meses por venir.

*MM y Asociados

1 Por razones de espacio debemos apelar a simplificaciones y síntesis más allá de lo deseado.

2 “El día después de mañana”, BAE, 15/10/18.

3 Estas, tal como definimos en nuestro artículo “Cómo seguimos” (BAE Negocios, 29/1/18), están constituidas por “aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de la explotación de algún recurso natural”. Esa característica, en Argentina, la cumplen algunas tierras y la energía fósil, constituyéndose, en consecuencia, en los vectores de competitividad de nuestra economía.

4 Como señalamos en “El nuevo Nuevo Mundo” (BAE Negocios, 22/10/18), el diseño del nuevo ciclo de integración económica, adaptado a las necesidades de nuestro modelo de desarrollo, requerirá, además de redefinir la relación con Brasil, extender los horizontes de nuestro intercambio comercial en un esquema de articulación que integre a todas las naciones hispanoparlantes de América del Sur, en un conjunto armónico de economías complementarias.


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Entrevista en "Solo periodismo"

lunes, 29 de octubre de 2018

Adonde quieren llevarnos...¡es imposible llegar!

Adonde quieren llevarnos...¡es imposible llegar!

Por Lic. Guillermo Moreno*
Lic. Norberto Itzcovich*
Dr. Claudio Comari*

Mediante el "Yo confieso", una de las más conocidas oraciones de la liturgia católica que junto con el "yo pecador" conforman el "Confiteor", se pide perdón por los pecados de pensamiento, palabra, obra u omisión, cometidos.

Por ello, si no advirtiéramos de manera contundente lo que viene sucediendo en materia económica y sus consecuencias para nuestro país, estaríamos, no sólo vulnerando el juramento profesional que oportunamente realizamos, sino esencialmente pecando.

Bajo esta "tea votiva", durante el primer semestre de su mandato, alertamos a la alianza Cambiemos sobre las inconsistencias macroeconómicas entre una política monetaria contractiva y otra fiscal expansiva, que anidaban en el seno del diseño propuesto.

Lejos de ser transitorias, ellas se consolidaron como los componentes definitorios del esquema económico oficial, llevándonos a caracterizarlo como un "experimento", dada la carencia de una "estructura ordenadora" que permita tipificarlo como un "modelo".

A pesar de ello, oportunamente efectuamos las proyecciones macroeconómicas para el año 2017, con la expectativa de que cierto dominio de la disciplina iba a hacer entrar en razones a las autoridades económicas de aquel entonces. Pero, por el contrario, se dedicaron a agudizar los desequilibrios durante el año electoral.

Llegado este punto, nos vimos obligados a señalar que la magnitud de los desbalances alcanzados imponía tales niveles de oscilación sobre los principales indicadores, que tornaba imposible la elaboración de pronósticos certeros de su desempeño en 2018I.

Eran tiempos en los que la mayoría de los "especialistas" pronosticaban un crecimiento del PIB del 3,5%, una inflación del 15%, y un valor del dólar de 21 pesos, a fin del corriente año.

Durante el último mes de abril la realidad confirmó nuestra razón. En el artículo "¡Ay, Patria mía!" (BAE Negocios, 7-5-18), señalábamos: "La Argentina de mayo de 2018 se enfrenta a un escenario en el que convergen los desequilibrios fiscales del 89 con los del sector externo de 2001, por lo que ambos fenómenos se potencian mutuamente generando las condiciones de una Supercrisis".

Así entonces, de la misma forma que de haber asumido la interesada posición del mainstream hubiéramos pecado por omisión, hoy ocurriría lo propio si no señaláramos claramente que las iniciativas económicas oficiales no tienen ninguna chance de viabilidad.

Como ya dijimos, el remedio es peor que la enfermedad (II)


Cuando el oficialismo decide espiralizar las tasas de interés, la idea fuerza que subyace es que ello resulta, para la actividad económica, menos dañino que un tipo de cambio al alza. De esa manera, soslaya que en una economía bimonetaria como la nuestra, las empresas, en general, encuentran los mecanismos para continuar operando en contextos devaluatorios.

Los tipos de interés para los pasivos remunerados del BCRA que, hacia el mes de abril, cuando estallaron las dificultades cambiarias, se incrementaron hasta valores del 40% anual, alcanzan hoy guarismos insólitos en torno al 74%, siendo aún inferiores a los que deben pagar las compañías para financiarse, que ya superan los 3 dígitos.

Ello perjudica a todas las empresas, independientemente de su tamaño, las cuales se ven día a día severamente impactadasIII, hasta paralizar crecientemente las actividades de producción y comercialización de sus bienes y servicios.

Sin aportar ninguna solución, al persistir las inconsistencias macroeconómicas que determinaron la Supercrisis, el gobierno nacional acudió al FMI, cuya intervención como ya advirtiéramosIV se justificaba en que "los fondos a girar a la Argentina por el organismo sirven como garantía subyacente de los créditos otorgados por la banca extranjera".

Pero, con su proverbial irresponsabilidad, el oficialismo dilapidó el monto ingresado por el primer desembolso, según se observa en el gráfico, viéndose obligado a renegociar el acuerdo con urgencia, apenas 60 días después de su entrada en vigor.

Ahora bien, con el objetivo de evitar que nuevamente se "timbeen" los fondos desembolsados (como ocurriera durante la gestión del mesadinerista Caputo en el BCRA) y asegurar que se apliquen a garantizar su finalidad original, el gobierno comprometió la no expansión de la base monetaria, hasta junio de 2019.

Esto les resulta necesario ya que, dado el deber ser del organismo multilateral, y al prever el colapso del esquema vigente, sólo resta evitar los contagios, a la región y al mundo, de la entropía argentinaV.

¡Peligro-Periculum-Danger!


De ninguna manera resulta sorprendente que el oficialismo ejecute medidas económicas descabelladas, que vulneran las reglas más elementales de la disciplina.

Pero la decisión de mantener en cero el crecimiento de la base monetaria es el súmmum del absurdo.

Como ya señalamos, esa medida, en un contexto de inflación inercial, tiene como inmediata consecuencia la caída de los saldos monetarios reales, espiralizando aún más las tasas de interés.

De esta forma, en un derroche de incompetencia, el actual oficialismo se ha encargado de acelerar el deterioro tanto del Sector Privado:

donde en la economía real, concomitantemente se ven indeterminados los costos totales de producción, y el diferencial entre pago contado y a plazo en las cadenas de comercialización,
mientras que, en el sistema financiero ampliado, si bien se devengan importantes ganancias producto del diferencial entre las tasas de interés activa y pasiva, su efectiva realización se cubre de un manto de incertidumbre a partir del incremento que se dará en la morosidad e incobrabilidad de los créditos.
Como del Sector Público, con la espiralización del Déficit Fiscal Total, tanto por la caída estrepitosa de la recaudación tributaria, como por el crecimiento geométrico del déficit cuasi fiscal, producto de los pasivos remunerados del BCRA.

Finalmente, de continuar por este sendero, la alianza gobernante obligará al cierre indiscriminado de empresas de todas las actividades, destruyendo gran parte de la base material de la Nación, agudizando hasta el paroxismo la Supercrisis.

A ese sitio, al que el oficialismo pretende llevar al país, es imposible llegar.

En consecuencia, es tan importante para quienes nos desempeñamos en la tarea del análisis económico advertirlo, como para quienes tienen las responsabilidades pertinentes, evitarlo, de tal manera de no incurrir en los pecados de omisión ni de obrar.

Amén.

I-El alto grado de dispersión en las variables involucradas, impedían la construcción de una prognosis correctamente elaborada.

II-BAE Negocios, 23-7-18, “Subir la tasa de interés, un remedio peor que la enfermedad”.

III-BAE Negocios, 14-5-18, “Llegó la Supercrisis. Evitemos la hipercrisis” y BAE negocios, 18-6-18, “Demasiado tarde para lágrimas”.

IV-BAE Negocios,, 14-5-18, “Llegó la Supercrisis. Evitemos la hipercrisis” y BAE negocios, 18-6-18, “Demasiado tarde para lágrimas”.

V-BAE Negocios, 08/10/18, “El domo del FMI”.

*MM y Asociados


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lunes, 22 de octubre de 2018

El nuevo "Nuevo Mundo"

El nuevo "Nuevo Mundo"

Por Lic. Guillermo Moreno*

Dr. Claudio Comari

Lic. Norberto Itzcovich

Desencontrado con la etapa histórica, el oficialismo se arrojó a los brazos del libre comercio al mismo tiempo que éste, como modelo hegemónico y excluyente, sufría su derrota final con la deserción de los Estados Unidos de sus filas.

Es por ello que, varias veces, señalamos que la estrategia de inserción internacional de la alianza Cambiemos fue, entre otros, uno sus mayores errores de diagnóstico.

El surgimiento del Nuevo Orden Internacional (NOI), caracterizado por la puesta en valor de los vectores de competitividad de las economías nacionales, se desarrolla en una dinámica de fondo esencialmente confrontativa1, una lucha sin concesiones por la determinación de cuáles son los pueblos que tendrán trabajo y cuáles lo perderán.

Y, como hemos tratado de manera recurrente (la semana pasada, entre otras oportunidades), ese reordenamiento paulatino de las relaciones internacionales, cada vez más ajeno a las premisas del Consenso de Washington, abre una ventana de oportunidad para convertir a una Argentina de pleno empleo en una realidad posible.

En todo el orbe tal mutación adquiere diferentes características y velocidades, conforme se van redefiniendo a su vez las relaciones comerciales entre los países.

En América, dos hechos resonantes recientes ameritan ser objeto de análisis por sus secuelas:

en el hemisferio Norte, el acuerdo NAFTA acaba de ser renegociado, sobre bases que se apartan significativamente de su matriz filosófica inicial, dando origen al "Acuerdo Estados Unidos- México-Canadá" (USMCA, por su sigla en inglés), en mayor armonía con el NOI;
y en el Cono Sur, Brasil parece encaminarse a consagrar como presidente a Jair Bolsonaro, quien ha realizado altisonantes declaraciones sobre su preferencia por "menos Mercosur y más acuerdos bilaterales", abriendo un interrogante sobre el enfoque hacia las relaciones internacionales que desarrollaría el nuevo gobierno de nuestro vecino país, que podría distar significativamente del de sus antecesores inmediatos, y del que sostiene el actual gobierno argentino.
Ninguna de estas novedades puede ser ignorada a la hora de reflexionar sobre el Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) que la Argentina necesita y que, más temprano que tarde, iniciará su marcha.

En el norte: hecho en casa y bien pago


Con el allanamiento de Canadá a revisar el anterior tratado de libre comercio, culminó un proceso de arduas negociaciones, bajo la amenaza del presidente Trump de denunciar el antiguo pacto si no se modificaban aspectos considerados perjudiciales para su país.

Aunque restan los pasos formales para su vigencia, tales como la ratificación por los parlamentos, los trazos principales del USMCA ya han sido acordados por los negociadores de los respectivos poderes ejecutivos.

Los aspectos más distintivos, en cuanto a las modificaciones introducidas, son aquellas disposiciones orientadas a limitar el ingreso de bienes finales o insumos intermedios provenientes de países externos al tratado, ya que los beneficios arancelarios, en el intercambio comercial entre sus miembros, están subordinados al cumplimiento de cuotas mínimas, en general muy altas, de uso de componentes producidos en la región.

Bolsonaro anticipa “menos Mercosur y más acuerdos bilaterales” si gana la presidencia

En el caso particular del intercambio con México, otro elemento clave impulsado por los EE.UU., es el vinculado a la reducción de las asimetrías entre los mercados laborales de los países.

Así se acordó:

que entre el 40% y el 45% de los productos de la industria automotriz debe ser realizado por trabajadores que ganen al menos u$s16 por hora,
incluir un Anexo que compromete acciones en la legislación mexicana para garantizar el ejercicio de las negociaciones colectivas y obliga a las partes a adoptar y mantener derechos laborales reconocidos por la Organización Internacional del Trabajo,
limitar, entre otros, los llamados "contratos de protección" que tienden a favorecer la precarización de las condiciones de los asalariados, e
incorporar nuevas disposiciones para prohibir la importación de mercancías producidas por el trabajo esclavo y garantizar que los migrantes estén protegidos por las leyes laborales.
Resulta evidente que el cuidado de las industrias locales y la promoción de empleos bien remunerados, son los ejes rectores de estos nuevos acuerdos.

Diseñando nuestra nueva integración económica


En varias oportunidades hemos señalado que las transformaciones del orden internacional hacen cada vez más evidente los límites del Mercosur.

Es que si luego de más de tres décadas desde la "Declaración de Foz de Iguazú"2, los impedimentos de la integración continúan, ello no se debe (centralmente) a falta de voluntad o pericia política de los poderes ejecutivos, sino a la ausencia de complementariedad entre las dos economías más importantes del bloque.

Se trata de entramados productivos que compiten entre sí. Por ello, sin importar de cuál bien o servicio se trate, en general, las empresas brasileñas y las argentinas disputan los mismos clientes, incluso en sus mercados internos.

Dijimos hace más de un año ("Reforma laboral de Brasil: ¿el fin del Mercosur?", BAE Negocios, 24/7/17), "si a las asimetrías de competitividad hoy existentes se le adiciona que la producción brasileña logra obtener un diferencial basado en el abaratamiento del costo de la mano de obra, será imposible la supervivencia del acuerdo tal como lo conocemos".

A su vez, recordemos, las áreas de libre comercio nacieron enmarcadas en los postulados del mundo globalizado, sostenidas en los cimientos axiomáticos de las corrientes neoliberales y que también fueran adoptados como tales por las socialdemócratas.

Así como el oficialismo argentino se "abraza a la globalización", también lo vienen haciendo las últimas administraciones de Brasil, fenómeno especialmente notorio una vez que, en su segundo gobierno, Dilma Rousseff cediera las riendas de la economía al neoliberal Joaquim Levy3.

En el caso de que asumiera Bolsonaro, y una vez en el gobierno diera curso a los anuncios antes citados, Brasil sólo anticiparía una discusión que ineludiblemente debemos dar, compelidos por las necesidades que supondrán para la instalación de un MoDEPyS en la Argentina, la continuidad de las múltiples tensiones e incompatibilidades en el mercado común.

No caben dudas de que el diseño del nuevo ciclo de integración económica, adaptado a las necesidades de nuestro modelo de desarrollo, requerirá, además de redefinir la relación con Brasil, extender los horizontes de nuestro intercambio comercial en un esquema de articulación en el que la producción argentina llegue, entre otros destinos, cada vez más al norte del continente.

En el nuevo amanecer de nuestra Patria, nuestro mejor futuro estará en saber integrar a todas las naciones hispanoparlantes de América del Sur, en un conjunto armónico de economías complementarias, alrededor del eje Caracas-Bogotá-Lima-Buenos Aires, recuperando así la gesta sanmartiniana.

1 Proceso no exento de violencia, al que el papa Francisco con crudeza caracteriza como III Guerra Mundial en cuotas.

2 Acuerdo de integración, precursor del Mercosur, firmado por los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney en 1985.

3 Dicha orientación tendría continuidad si resultara electo el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, según sus propios anuncios de campaña.

*MM y Asociados


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