martes, 11 de diciembre de 2018
lunes, 10 de diciembre de 2018
Tres años de mala praxis económica
Tres años de mala praxis económica
Por Lic. Guillermo Moreno*, Dr. Claudio Comari*, Lic. Norberto Itzcovich*Hoy, al cumplirse tres años de la asunción del gobierno de Cambiemos, el aparato productivo nacional exhibe una performance calamitosa, en la que la vulnerabilidad no es privativa de las compañías pequeñas y medianas, sino que afecta a todos los negocios, ya que abundan entre las grandes empresas, los procesos preventivos de crisis, concursos y balances que exhiben cuantiosos quebrantos.
La situación de las familias no es diferente a la de las empresas. Los ingresos han perdido poder adquisitivo en forma sostenida, al tiempo que el panorama del empleo es de cotidiano declive.
El boom de inversiones y producción prometido por la alianza gobernante no se verificó y, por el contrario, la economía redujo su tamaño en el trienio.
Las explicaciones (excusas) oficiales de la secuencial postergación de la "lluvia de inversiones" del, ya ilustre, "segundo semestre", siempre son extra económicas: el peligro del triunfo populista en las elecciones de medio término, el "pasaron cosas" y, más recientemente, "la incertidumbre que genera el riesgo político", dada la caída del oficialismo en las preferencias electorales que vienen registrando las encuestas.
Tales descargos están lejanos a ser veraces. La ruinosa situación de la economía nacional es el inevitable resultado de la sucesión de políticas erróneas implementadas por Cambiemos, que no sólo no resolvió los problemas prexistentes, sino que los profundizó hasta extenuar a los agentes económicos.
La mala praxis económica nos ha conducido hasta aquí. Sin embargo, frente a ello, reafirmamos que nada justifica desfallecer ante el sombrío panorama, ya que sería injusto en cuanto valoración de lo hecho (mantener la empresa en marcha) y, principalmente, inútil hacia el porvenir.
Así como el pesimismo es un momentum del optimismo, este es un período que puede ser el punto de apoyo preparatorio para el reverdecer en los, necesariamente, mejores días que sabremos construir.
Y aunque las duras condiciones que hoy atravesamos hacen difícil percibir que tales afirmaciones tienen mayor fundamento que la propia voluntad de los enunciantes, ellas se sustentan en la misma profundidad y rigurosidad analítica que nos llevó a prever1 (con antelación suficiente a los primeros síntomas y a contramano de las corrientes mayoritarias de opinión profesional), la Supercrisis que transitamos.
En el principio fueron los alimentos
Con la devaluación inicial y la quita de las retenciones a las exportaciones agrícolas, el gobierno provocó un desmesurado aumento del precio de la canasta alimentaria, derrumbando el consumo del resto de los bienes y servicios, asestando así un golpe brutal al mercado interno.
Hacia mayo de 2016, nuestra opinión era: "Luego de seis meses de gestión macrista, se empiezan a agotar los plazos para definir el sesgo que tomará finalmente el gobierno. Durante estos meses hemos observado una política económica poco coordinada, e incluso acciones contrapuestas."2
Creíamos entonces que el gobierno iba a buscar algún tipo de solución a los problemas, sin sospechar que se trataba del verdadero modus operandi de la alianza Cambiemos:
"no importa si algo no se resuelve o incluso se agrava, salgamos del paso hoy".
El desplome de la economía, provocado por la caída del consumo privado, pretendió ser solucionado vía el aumento del gasto público, pero al recaudar menos y erogar más, se inició un sendero de duplicación del déficit fiscal heredado.
Este fue, fundamentalmente, financiado mediante el crédito externo. Dado que los dólares ingresados, para poder ser gastados, requerían ser transformados en pesos (aumentando la emisión monetaria y la probabilidad de inflación), el Banco Central de la República Argentina los esterilizó mediante instrumentos de deuda (Lebac, entre otros). Para lograrlo, debió pagar una exorbitante tasa de interés nominal, espiralizando el déficit cuasifiscal, que sumado a los rojos del Tesoro Nacional y las jurisdicciones subnacionales, siempre superaron el 10% del PIB.
La creciente inconsistencia del esquema macroeconómico de Cambiemos, alcanzó niveles críticos en 2017, hasta llegar al punto de disrupción el corriente año.
No conforme con la espiralización del resultado fiscal negativo, el oficialismo, leal a su premisa de empeorar lo que está mal, se lanzó a la desesperada búsqueda del desequilibrio externo, para completar su obra maestra: los "déficits gemelos".
Mientras en el mundo se adoptan las medidas de protección de las economías locales que aquí se desprecian, la producción doméstica de bienes y servicios quedó expuesta frente a la oferta de sus competidores no residentes, cuadro agravado por la revaluación del tipo de cambio derivada del sostenido ingreso de dólares provistos por los prestamistas externos.
En este marco, al finalizar 2017, se alcanzó un récord de u$s31.000 millones de resultado negativo en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
Se configuraron así las condiciones para la actual Supercrisis: Cambiemos consiguió, a un mismo tiempo, los desequilibrios macroeconómicos que, en términos fiscales provocaron el colapso del gobierno de Alfonsín, y en el sector externo, el de De la Rua3.
Por eso advertíamos, en diciembre pasado ("En esta coyuntura económica: ¡atentos y vigilantes!", BAE Negocios, 25/12/17), que lograr la vigencia del concepto de empresa en marcha sería el mayor criterio de éxito para los meses siguientes, y subrayábamos que, para la gestión en lo microeconómico, "es más que conveniente atenerse a los criterios de la prudencia, vigilando la propia exposición a los factores de contexto como:
el volumen, rendimiento y origen de los fondos de los préstamos al BCRA (Letras y Pases) y al Tesoro Nacional (Letras y Bonos),
el comportamiento del tipo de cambio,
el funcionamiento de las cadenas de pago (sobre todo el cumplimiento del Estado hacia sus proveedores),
Y aconsejábamos:
mantener una adecuada relación entre pagos y cobranzas, así como entre ventas y stocks,
optimizar la situación crediticia (principalmente en cuanto a las deudas en divisas) y disminuir riesgos mediante instrumentos de cobertura, aun cuando ello implique gastos adicionales.
la correcta previsión de las posibles modificaciones en las estructuras de costos, a partir de cambios en las listas de precios de nuestros proveedores, provocados por factores externos a ellos, tales como los aumentos de tarifas, por ejemplo.
Ninguna de estas exhortaciones ha perdido validez; por el contrario, se encuentran más vigentes que nunca.
A confesión de parte, relevo de pruebas
En el año que finaliza, tal como lo habíamos adelantado en "Los prestamistas externos también preguntan ¿cómo seguimos?" (BAE Negocios, 12/2/18), la Supercrisis se materializó.
A partir de allí, el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue requerido como garantía subyacente de los créditos otorgados por la banca extranjera. Pero, fiel a su estilo, la alianza Cambiemos no tardó en dilapidar los primeros u$s15.000 millones girados.
Fracasado el acuerdo, y forzado a renegociarlo, el organismo multilateral impuso las condiciones para que los fondos desembolsados se apliquen a garantizar su finalidad original, esto es, el pago de la deuda soberana a los tenedores no residentes, considerando que es posible establecer una renegociación voluntaria con los locales.
Como lo señalamos en octubre ("El domo del FMI", BAE Negocios, 10/12/18), el Fondo intenta contener las ondas expansivas del colapso de la economía nacional, dentro de nuestras fronteras.
Desde su óptica, imposibilitado el éxito de cualquier salvataje, sólo le queda prevenir los contagios, a la región y al mundo, de la entropía argentina.
La espiralización de las tasas de interés y el insólito "congelamiento de la base monetaria", no hacen más que reforzar el corset sobre la economía real, aventando cualquier expectativa de reanimación de la actividad y extremando las dificultades para las empresas.
Tal vez el único acierto del ministro Dujovne esté en su discurso en la Comisión Nacional de Valores, cuando dijo que en la Argentina nunca se hizo algo así "sin que caiga el Gobierno".
1 “Viento de cola en la política, nubarrones en la economía”, BAE Negocios, 30/10/17.
2 “Recauda como liberal, gasta como keynesiano: la política del después vemos”, BAE Negocios, 20/11/17.
3 Tanto fue así, que en nuestra consultora decidimos no realizar proyecciones para 2018, pese a que las formuladas en 2016 respecto a 2017, resultaron notablemente precisas; tan certeras como el pronóstico de lo que se avecinaba.
*MM y Asociados
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viernes, 7 de diciembre de 2018
jueves, 6 de diciembre de 2018
miércoles, 5 de diciembre de 2018
lunes, 3 de diciembre de 2018
El G20 en la era de Antón Pirulero
El G20 en la era de Antón Pirulero
Por Lic. Guillermo Moreno*Dr. Claudio Comari*
Lic. Norberto Itzcovich*
Las calles de la Ciudad de Buenos Aires cortadas, multitudes que se desplazan de un lado a otro. Miles de personas llegadas de distintos lugares se juntan en los lobbies de los hoteles, comentan, se dirigen hacia donde se realizará el evento. Se ven autos y motos de la policía, la gendarmería y otras fuerzas de seguridad por doquier.
No, no estamos hablando del encuentro más relevante del G201, la Cumbre de Jefes de Estado, que se desarrolló la semana pasada en Buenos Aires, sino de los preparativos para la frustrada revancha del River- Boca.
Sin embargo, el final es el mismo para ambos acontecimientos. Ninguno de los dos tuvo resultado alguno.
El último intento por salvar la globalización
Con la desintegración de la Unión Soviética no sólo se resuelve la Guerra Fría, sino que emerge y se consolida la "globalización"2.
Este esquema, que llegó a ser catalogado como el "fin de la historia"3 por su vigor inicial, al ingresar al siglo XXI, mostró serios síntomas de agotamiento, hasta el estallido de la crisis financiera internacional de 2008.
Ello dio lugar al surgimiento de la "Cumbre de líderes del G20", constituyéndose en el último intento, no exento de dificultades, de salvataje del orden globalizador frente a los obstáculos que ya se venían manifestando. Por caso, en nuestra región, con el fracaso de la Cumbre de las Américas de 2005 y con la administración del comercio exterior de la Argentina como su corolario; en Europa con el crecimiento de opciones nacionalistas que propugnan, con diferentes grados de éxito, la reformulación o disolución de la Unión Europea, y con el resurgimiento de Rusia como potencia militar.
Las tensiones también hicieron eclosión al interior del G20, cuando en su reunión cumbre de 2014 en Brisbane, Australia, a instancias del ex presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Barack Obama, se excluyó al líder ruso, Vladimir Putin, de la foto oficial.
El proceso de crisis de la globalización ingresa en su fase final con la llegada de Donald Trump a la primera magistratura de los EE.UU., que replantea los fundamentos preexistentes, así como el rol de los organismos internacionales, en especial el de la Organización Mundial de Comercio ( OMC).
Se trata, ni más ni menos, del surgimiento del Nuevo Orden Internacional (NOI) que, paso a paso, va sepultando el esquema que le antecedió, cuyas instituciones rectoras, incluyendo el G20, avanzan raudamente hacia la obsolescencia.
Como ilustramos oportunamente, apelando a una imagen retórica del papa Francisco (cuya elección también es un hito del actual proceso), el mundo uniformizado va siendo sustituido por otro en el que son las características de cada pueblo las que se destacan. La figura geométrica que representa la corriente globalizadora es una esfera, donde los puntos que la conforman, todos equidistantes del centro, son homogéneos y no se distinguen entre sí, contrastando con la óptica del NOI, donde el mundo se simboliza como un poliedro irregular, en el que cada una de sus caras -los pueblos- desde sus propias especificidades, integran un todo.
Así como la mencionada corriente "globalizadora" (la esfera) es reconocida como propia por el neoliberalismo y la socialdemocracia, lo mismo sucede en el campo de los "nacionalismos", que integran tanto los que proponen la construcción de muros como los que, fieles a la tradición de acogimiento de inmigrantes a la Argentina -que nos sentimos hermanados con los demás pueblos del mundo (aquel poliedro)-, aspiran a tender puentes.
La economía desde los conceptos de "la defensa y seguridad nacional"
La batalla de la hora, a nivel internacional, es por la protección del trabajo y del empleo en cada una de las naciones, a partir de la defensa de la producción y los mercados domésticos. Es una era en la que, como en la canción infantil, cada cual atiende su juego.
La guerra comercial Sino-Norteamericana es una muestra cabal. Allí, los postulados de la economía y los de la defensa y seguridad nacional, se imbrican para dar fundamento a las decisiones políticas que tipifican el actual proceso de consolidación del NOI.
Es así que el presidente de EE.UU., país que lidera el nuevo orden, invocó una ley que le da el poder de restringir el comercio, en nombre de la amenaza a la defensa y seguridad nacional que resultaría de socavar la viabilidad de producir localmente insumos estratégicos, así como, al renegociar los acuerdos comerciales del NAFTA o excluir a su país del tratado del pacífico, se basó en la primacía de los "intereses de la Nación".
EE.UU. recuperando su "zona de confort"
La revolución energética estadounidense, basada en la explotación comercial de shale gas/oil, permite obtener ganancias de competitividad que aceleran su tasa de inversión, y extiende así, nuevamente, la distancia de EE.UU. respecto de las economías de la República Popular China (RPC) y de la Unión Europea (UE) que, por el contrario, son tomadoras de los precios energéticos (sensiblemente superiores a los del mercado norteamericano), y al mismo tiempo, las más perjudicadas por las crecientes barreras comerciales.
En este marco, algunos de los ganadores del anterior orden, pasan a ser los perdedores del NOI y viceversa, como es el caso de la Federación Rusa que por ser, justamente, el principal proveedor de energía para Europa y China, pasa a integrar el grupo de los triunfadores.
Así, la III Guerra Mundial en cuotas, como la designa el papa Francisco, persistirá hasta que la economía de EE.UU., que a la salida de la II Guerra tenía el liderazgo absoluto en el bloque occidental (distancia que con el transcurrir de las décadas se fue acortando, tanto respecto de la UE como de la RPC), vuelva a imponer una amplia "zona de confort".
Réquiem al G20
Ningún programa será susceptible de ser exitoso para nuestro país, si no se basa en la comprensión de las profundas transformaciones que se operan en las relaciones internacionales, especialmente en el plano económico, desde hace ya una década.
Mucho ha incidido en el fracaso del gobierno de la alianza Cambiemos su incorrecto diagnóstico, que lo llevó a permanecer aferrado, en el plano internacional, a las ya fenecidas premisas de la globalización, mientras que en todo el mundo se privilegia adoptar medidas de protección de las economías locales.
Tampoco es acertada la visión que caracteriza a los actuales procesos políticos de los países latinoamericanos como insertos en una gigantesca "ola neoliberal", que tipifica la situación de todo el subcontinente.
Ello no sólo implica una errónea evaluación del papel que está jugando la principal economía mundial en la constitución del NOI, sino que tampoco justiprecia los sucesos de la región. Bolivia y Venezuela, mantienen los rumbos adoptados, al tiempo que sería impensable que un neoliberalismo rampante acepte un proceso de paz, en vez del aniquilamiento de su oponente, como sucede en Colombia.
Aquel diagnóstico tampoco se ajusta a lo sucedido en nuestro país o Brasil. Las presidencias de Mauricio Macri y de Michel Temer espiralizaron los desequilibrios fiscales, en franca contradicción con la premisa nodal de las administraciones en tiempos de globalización.
Es necesario profundizar nuestra comprensión del NOI, que acarrea:
severas amenazas, por su lógica esencialmente confrontativa, y
inéditas oportunidades, por la admisión como regla de la defensa de los intereses nacionales.
El G20, como entidad del orden decadente, no tiene más destino que el de la intrascendencia. Así lo ratificó la reciente Cumbre de Buenos Aires.
En el actual contexto, más temprano que tarde, los países que hoy lideran el conjunto victorioso repetirán, de alguna manera, un tratado que, a imagen del de Yalta, establezca áreas de influencia y construya las instituciones multilaterales que expresen el nuevo acuerdo que, sólo si incorpora la palabra rectora del papa Francisco en nombre de los pueblos que no tienen voz, resultará más justo que el anterior.
1 G-20: foro integrado por 19 países como miembros permanentes (Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, EE.UU., Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía), y una representación adicional por la Unión Europea. España concurre en calidad de invitado permanente. Participan, además, organizaciones internacionales que integran el foro a través de sus presidencias (ONU, FMI, Banco Mundial, Consejo de Estabilidad Financiera -FSB-, OIT, OMC, OMS; la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático -ASEAN-, la Unión Africana, la Comunidad del Caribe -CARICOM-, el BID, entre otras)
2 Ordenamiento internacional orientado por las premisas del “Consenso de Washington” y regulado por las instituciones alumbradas por los acuerdos de Bretton-Woods..
3 Concepto popularizado a partir de la tesis del ex funcionario del Departamento de Estado de los EE.UU., Francis Fukuyama, quien a posteriori de la caída del bloque socialista, postuló que el triunfo de la democracia liberal era definitivo e inevitablemente global, ya que la mayor parte de la humanidad había alcanzado la fase final de la evolución de la historia universal. Su teoría se expone en el libro “El fi n de la historia y el último hombre”, de 1992.
*MM y Asociados
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jueves, 29 de noviembre de 2018
miércoles, 28 de noviembre de 2018
martes, 27 de noviembre de 2018
lunes, 26 de noviembre de 2018
La singularidad bimonetaria de la economía argentina
La singularidad bimonetaria de la economía argentina
Por Lic. Guillermo MorenoLic. Norberto Itzcovich
Dr. Claudio Comari
Decíamos la semana pasada en Reflexiones sobre el modelo de desarrollo argentino (BAE, 19-11-18), que el ciclo económico de la alianza Cambiemos transita un sendero cuyo destino es el fracaso.
Por lo tanto, no hay dudas, que al actual experimento lo sucederá un esquema de recuperación del aparato productivo nacional.
No se le puede demandar a las ciencias sociales (y la economía es una de ellas), la predicción exacta sobre fecha y hora en que se producirá el punto de inflexión hacia la transición; sí es exigible, por el contrario, que la prognosis sobre el proceso en curso sea verificable a lo largo del tiempo.
Por caso, el diseño del mundo capitalista de la post guerra, producto de los acuerdos de Bretton Woods, y las líneas principales de la Guerra Fría, fueron determinados en el año 1944, sin necesidad de esperar el final de la II Guerra Mundial, porque los pronósticos realizados sobre su resultado eran suficientemente robustos.
Del mismo modo, comprobándose el desarrollo de la crisis, repetidamente anunciada como inevitable desde este espacio, debemos preparar la Argentina que vendrá, para estar listos cuando "lo terminado" acabe de irse. Es por ello que venimos aportando al debate, con insistencia, sobre el diseño del Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MODEPyS).
En este marco, y continuando con el tratamiento de algunas de las singularidades de nuestro país, no podemos dejar de reflexionar sobre los desafíos y oportunidades que impone el marcado carácter bimonetario de su economía.
Antecedentes
Las tres funciones principales del dinero, generalmente aceptadas, son: fungir como medio de pago, ser unidad de cuenta y constituir reserva de valor1.
En general, los países adscriben a sistemas unimonetarios. Sin embargo, en la Argentina, se utilizan dos monedas de manera casi indistinta: el peso y el dólar.
Esta particular dinámica bimonetaria se fue exacerbando durante las últimas seis décadas, en la medida que se producían profundos desequilibrios macroeconómicos que aceleraban el proceso inflacionario.
Si bien el primer antecedente público de esta problemática, que ya comenzaba a estar latente, fue la conocida frase del entonces presidente Juan D. Perón ¿Alguien vio alguna vez un dólar?, a posteriori se fue agudizando.
A partir de la década del ´60, los inversores más calificados comenzaban a operar en "moneda dura", proceso que fue discurriendo a lo largo de los años, dejando en el camino ganadores y perdedores, provocando una lógica reasignación de riqueza.
Posteriormente, con los acontecimientos conocidos como "el rodrigazo", "la tablita" de Martínez de Hoz y "el que apuesta al dólar pierde" de L. Sigaut, entre otros, se aceleró y masificó la dolarización de carteras, proceso que fue in crescendo, hasta alcanzar el paroxismo con la hiperinflación alfonsinista de 1989.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, es relevante comprender que dicha conducta no constituye, esencialmente, una "actitud especulativa rentística" especialmente arraigada en nuestra sociedad, sino que, simplemente, es la manera que fueron encontrando tanto las empresas como las familias para preservar el valor de sus patrimonios y sus ahorros.
Desde un apropiado enfoque de esta realidad, es posible convertir aquella conducta aparentemente defectuosa en una virtuosa para el conjunto social.
En efecto, existieron ciclos gubernamentales donde la utilización de cualquiera de las dos monedas (peso o dólar) era indiferente. Eso, permitió, incluso, que pretéritos atesoramientos se transformaran en ahorro para fondear la inversión.
¿Deudores o acreedores en dólares?
Si bien el estado argentino posee un significativo pasivo en dólares, hay que considerar que, a la inversa, el sector privado conserva un activo en esa misma moneda aún mayor. En tanto y en cuanto la Nación Argentina está conformada por el agregado de ambos sectores, podemos resaltar, como señalan las estadísticas oficiales, que nuestro país mantiene con el mundo una "posición neta positiva".
Esta situación puede observarse en las cifras que el INDEC publica como "Posición de Inversión Internacional (PII)", tal como se detalla en el cuadro.
Los resultados de la PII, al segundo trimestre del año 2018, arrojan un saldo favorable de poco más de U$S 52.000 millones, con un activo cercano a los U$S 362.000 millones, de los cuales casi el 79% (U$S 284.792 millones) pertenecen al sector institucional denominado "otros sectores" (que corresponde al sector privado no financiero).
Volviendo a hacer del defecto una virtud, el próximo modelo de desarrollo argentino debe permitir que los fondos en el extranjero, así como el atesoramiento doméstico, se transformen en ahorro que financie el flujo inversor, facilitando el crecimiento sostenido de la economía.
Consistencia macroeconómica para un bimonetarismo virtuoso
Para ello, es relevante indagar sobre la forma en la cual la política monetaria consigue que haya una situación de indiferencia entre la utilización de ambas monedas.
Y ese sendero debe lograrse mediante políticas que posibiliten la convergencia de las tasas de interés y de inflación, hacia niveles compatibles con los internacionales, eliminando las expectativas de devaluación.
En ese marco, además, debe consolidarse un esquema de consistencia macroeconómica, donde los superávits gemelos cumplen un rol central, tal como ya fue demostrado en anteriores etapas de desarrollo de la Argentina.
Así, se generará un contexto en el cual las empresas puedan encarar proyectos de inversión a mediano y largo plazo, que generen una adecuada rentabilidad, utilizando parte de aquellos activos en moneda extranjera.
Cabe consignar que, una vez conseguido ese objetivo, es preciso prever que la sobre abundancia de dólares no retrase el tipo de cambio competitivo, necesario para que la economía nacional sostenga su desarrollo. Ello, teniendo en cuenta que no puede absorber más de 12 a 15 mil millones de dólares plus por año, con un PIB creciendo a tasas anuales del 6% o 7%, sin que se produzca una revaluación del peso.
Ello permitirá a nuestro país ingresar en la etapa virtuosa del bimonetarismo, evitando lo que aconteció, con excepciones, en los últimos sesenta años, cuando al tiempo que la Argentina iba transformando bienes de producción en dólares, fueron creciendo, notablemente, la desocupación y la pobreza. Como afirmamos en Panes y peces (BAE, 6-8-18) "se presenta la enseñanza de que la satisfacción de las necesidades depende del acceso a los bienes (o servicios) y no de una mediata representación, como es el dinero".
Por esa razón, en el próximo MODEPyS, que deberá ser con una clara orientación a la producción, crecerá significativamente la base material de la nación.
*MM y Asociados
1 La utilización del dólar como reserva de valor puede realizarse como ahorro o atesoramiento. En este último caso, se debe tener en cuenta que los fondos no pertenecen al virtuoso circuito “ahorroinversión”, pero en el instante en que son utilizados para la adquisición de un bien, al financiar la inversión, se transforman en ahorro.
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jueves, 22 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
Reflexiones sobre el modelo de desarrollo argentino
Reflexiones sobre el modelo de desarrollo argentino
Por Lic. Guillermo Moreno*Dr. Claudio Comari*
Lic. Norberto Itzcovich*
El ciclo económico de la alianza Cambiemos transita un sendero que no tiene destino ni retorno.
De aquí en más, es importante que su oportuno reemplazo se lleve a cabo de forma incruenta, minimizando riesgos para el conjunto de la población.
Las secuelas negativas del experimento en curso son severas para la economía nacional en su totalidad y, de no operarse en contrario, el daño, en el discurrir de los acontecimientos, se irá profundizando.
En este marco, se imponen los siguientes desafíos:
en lo inmediato, establecer los mecanismos de transición que reviertan el deterioro y,
en el mediano plazo, delinear e implementar un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS).
La hora de la oferta
Los ciclos económicos de desarrollo (crecimiento con distribución) que experimentó la Argentina en las últimas décadas, asentaron su dinámica, centralmente, en la variable consumo, dado que una importante ociosidad de los factores productivos era su punto de partida.
Sin embargo, a medida que éstos iban siendo utilizados, se suscitaba una creciente tensión de precios en aquellos sectores que más rápido alcanzaban el límite de su capacidad instalada (inflación de demanda).
A su vez, dado que el crecimiento del PIB provoca un incremento más que proporcional en las importaciones, el deterioro de la balanza comercial que ello conlleva tiende a impactar al alza en las expectativas de devaluación y, por consiguiente, en la tasa de interés (inflación de costos).
Así como el año 1952 fue un claro ejemplo de lo ut supra señalado, una vez más, como a lo largo de la historia, resurge a partir de 2012 el clásico problema, aunque esta vez agudizado por la singular característica de bimonetarismo que ha adquirido nuestra economía.
Para las etapas reconstructivas que necesariamente sucederán al fracasado esquema actual, los estímulos de la demanda serán los pasos iniciales para emprender la recuperación.
Pero de manera sistémica y concomitante, la economía deberá incrementar significativamente sus capacidades productivas y, a partir del set de precios relativos, acelerar la dinámica inversora que aumente la oferta de bienes y servicios en forma sostenida, y de esta manera superar las recurrentes restricciones mencionadas.
Por lo tanto, el Modelo de Desarrollo para la Argentina, con los necesarios requisitos que lo hagan permanente y sustentable, deberá orientarse, esta vez, a la producción.
Poder adquisitivo popular y rentabilidad empresaria: al alza y en simultáneo
Existe una propensión, en algunos empresarios, a pensar que la disminución proporcional de los sueldos y salarios permite incrementar su tasa de ganancia.
Este razonamiento se da de bruces con las directrices del capitalismo moderno, que tienden a la protección y el fortalecimiento de los mercados internos (a partir de mejorar el poder adquisitivo de los ingresos populares-IP1), los cuales se constituyen en los elementos iniciales de las condiciones endógenas de desarrollo.
La manera de encontrar una solución a esta falsa dicotomía (sueldos y salarios vs. tasa de ganancia) es la apropiación, por parte del conjunto de la sociedad, de las rentas extraordinarias. Estas, como definimos en BAE Negocios, 29-01-2018, "Cómo seguimos", están constituidas por "aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de la explotación de algún recurso natural. Esa característica, en Argentina, la cumplen algunas tierras y la energía fósil, constituyéndose, en consecuencia, en los vectores de competitividad de nuestra economía".
Para maximizar el aprovechamiento de esos dos vectores de competitividad, se deben utilizar las políticas regulatorias pertinentes.
En consecuencia:
Por el lado de la demanda, los precios justos y equitativos para los alimentos, permitirán recomponer el poder adquisitivo2 del IP, impactando favorablemente en el crecimiento del consumo privado.
En tanto, desde la perspectiva de la oferta, la posibilidad de contar con precios de la energía (en todas sus formas) adecuados a los valores de los mercados de referencia internacionales, redundará en la baja de los costos totales de las empresas que la utilizan como insumo, y en la recomposición de su rentabilidad.
Para el correcto funcionamiento de las políticas aplicadas para incentivar simultáneamente el consumo y la producción, se necesita un contexto macroeconómico consistente, en el que deben lograrse, y mantenerse a lo largo del tiempo, los equilibrios fiscal y externo.
Asimismo, las tasas de interés reales y la inflación deben converger a niveles internacionales, eliminando de esa forma las expectativas de devaluación, llevando a un punto de indiferencia en la utilización de cualquiera de las dos monedas (peso o dólar).
El tipo de cambio competitivo3, complementado con una adecuada política de administración del comercio exterior (cuya implementación se ve favorecida por el contexto internacional), garantizará la hegemonía de las empresas locales en el mercado doméstico, y potenciará su inserción internacional.
Este panorama permitirá a nuestro país ingresar en la etapa virtuosa del bimonetarismo (sobre la que nos explayaremos en próximas entregas), dejando atrás los ciclos dañinos de dolarización de carteras, como el actual.
En síntesis, para la implementación del MODEPyS es imprescindible que las dirigencias gremiales, tanto empresarias como sindicales, lo hagan propio, y ello sólo se conseguirá con una trayectoria que permita que:
- las empresas obtengan una adecuada rentabilidad,
- el mercado de trabajo tienda al pleno empleo, y los IP gocen de alto poder adquisitivo, y
- los sistemas de previsión y seguridad social4 sean suficientemente vigorosos, asegurando adecuados niveles de bienestar para el conjunto de la población.
Se trata, finalmente, de implementar los mejores planes, programas y proyectos, que garanticen simultáneamente el crecimiento y la inclusión social, asegurando la permanencia y sustentabilidad de esos logros.
*MM y Asociados
1 Los Ingresos Populares (IP), incluyen los sueldos y salarios, jubilaciones, pensiones y asignaciones.
2 Al reducir la proporción del ingreso requerido para la adquisición de alimentos (en virtud de la mejora de los precios relativos), aumenta la capacidad de consumo de bienes y servicios no alimentarios.
3 Si bien algunas propuestas contemplan desdoblar el tipo de cambio, dado que históricamente finalmente el equilibrio se ajusta por el tipo de cambio más alto, dicha política no resulta recomendable.
4 Por previsión social entendemos el ingreso en concepto de salario diferido que recibirá todo trabajador cuando deje de prestar servicio activo, en tanto la referencia a seguridad social involucra aquellos ingresos o beneficios que recibirá determinada población meta, incapacitada de obtenerlo en condiciones de mercado.
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sábado, 17 de noviembre de 2018
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