lunes, 25 de diciembre de 2017

En esta coyuntura económica: ¡atentos y vigilantes!

En esta coyuntura económica: ¡atentos y vigilantes!


por Lic. Guillermo Moreno* Lic. Norberto Itzcovich* Dr. Claudio Comari*

Alguna vez, con su célebre ironía, el presidente Perón describió que algunos malinterpretaron su conocida consigna y se pusieron más vigilantes que atentos.

En este caso, y para evitar confusiones, nos referimos a que debemos estar muy atentos al comportamiento económico general y también muy vigilantes respecto a la propia empresa. Tal conducta es requisito para eludir las amenazas que se ciernen sobre las unidades de negocios, al agudizarse los riesgos que encierra la declinación de la actividad productiva en un contexto de inconsistencia macroeconómica creciente, con conflictividad social en aumento.

La paciencia Zen no era infinita


La caída en las ventas de los inicios del gobierno de Cambiemos, fue (para muchos) tolerable a condición de que se iniciara, a posteriori, una etapa de ascenso. Sin embargo, a la leve recuperación registrada entre fin del año pasado y las elecciones, le sucedió un nuevo (y en algunos casos drástico) desplome. Ya no reditúa vender esperanza porque la paciencia para transitar un nuevo ciclo recesivo se ha agotado.

Nuestros estudios de opinión pública, al igual que los de muchos colegas, indicaban que el balance del primer tramo del gobierno de Macri resultaba predominantemente negativo, sin que ello se constituyera en óbice para otorgarle una nueva chance de dar satisfacción a las expectativas generadas.

Esa conjunción, de un balance negativo de lo actuado con anterioridad, con las expectativas de mejoras, planteó un desafío al gobierno para la segunda mitad de su mandato: debía dar respuestas tanto almundo empresarial como al del trabajo, que esperan la obtención de resultados, pero ya sin contar conla ventaja de ser una gestión nueva, y partiendo de una base de disconformidad con el desempeño previo. La conflictividad social emergente durante el corriente mes de diciembre pareciera estarexpresando tal tensión en los estados de ánimo colectivos.

Es así, ya que el verdadero caldo de cultivo del visible malestar es la parálisis, o retroceso, que cada uno experimenta en su actividad económica, una vez superadas las elecciones, más allá de que se haya expresado a partir de los debates por la reforma jubilatoria.

No es casualidad entonces, que la mayor concentración de "caceroleros", se registrara en zonas de clasemedia de grandes centros urbanos, donde predominan comerciantes, pequeños empresarios y profesionales. El malhumor de los mercados, al que hemos aludido en esta misma columna la semana pasada, no es el de la "city", sino el de la economía real, aquella de "carne y hueso".

En este marco, las palabras del Presidente de la Nación (con las que, subrayábamos dos semanas atrás, concuerdan los diagnósticos de todas las bibliotecas económicas), caracterizando a la macroeconomía "en una posición de altísima fragilidad" y que se orienta "a estallar", catalizaron el proceso.

Y claro, también podría tratarse de una profecía autocumplida, toda vez que se han agotado los motores de la efímera recuperación (no es posible seguir expandiendo el gasto público y empiezan a frenarse los créditos a particulares por la fragilidad del sistema financiero), y no quedan herramientas disponibles para revertir el ciclo.

Por ello es esperable que el mercado interno siga deprimido, en tanto:

► no se reconstituya el poder de compra de los sectores populares,

► el comercio internacional siga en situación de desventaja para la producción local, y

► la política monetaria continúe dificultando el financiamiento del capital de trabajo de las empresas.

Todo esto a la vez que el "paquete de reformas", presentado como una panacea, ha sufrido una cantidad de retoques improvisados tal, que resulta imposible saber con precisión si el desequilibrio fiscal se redujo o, como parece, se magnificó.

Bajo estas circunstancias, es sensato pensar que la tensión política ha llegado para quedarse, y que incluso se expresará al interior de la alianza gobernante.

Atentos en la macro y vigilantes en la microeconomía

En este marco de dificultades, que agudizan la sensibilidad de los agentes que interactúan en los diferentes mercados (pudiendo incluso presentarse sobre-reacciones u otros factores disruptivos), resulta indispensable estar atentos a algunas de las siguientes señales macroeconómicas:

► el volumen, rendimiento y origen de los fondos de los préstamos al BCRA (Lebac y Pases) y al Tesoro Nacional (Letras y Bonos),

► el comportamiento del tipo de cambio (formal e informal),

► el funcionamiento de las cadenas de pago (sobre todo el cumplimiento del Estado hacia sus proveedores), entre otros significativos indicadores del funcionamiento general.

A la vez, en lo microeconómico, es más que conveniente atenerse a los criterios de la prudencia, vigilando la propia exposición a los factores de contexto, buscando:

► mantener una adecuada relación entre pagos y cobranzas, así como entre ventas y stocks,

► optimizar la situación crediticia (principalmente en cuanto a las deudas en divisas) y disminuir riesgos mediante instrumentos de cobertura, aun cuando ello implique gastos adicionales.

► la correcta previsión de las posibles modificaciones en las estructuras de costos, a partir de cambios en las listas de precios de nuestros proveedores, provocados por factores externos a ellos, tales como los aumentos de tarifas, por ejemplo.

Insistimos en la idea de que, en esta etapa, la preservación de la compañía es un valor en sí mismo. Los riesgos, que suelen otorgar premios en los períodos de alza, pueden propinar duros castigos durante los períodos de retracción y, aunque ésta máxima es extensible a todas las empresas, vale especialmente para las pequeñas y medianas, corazón y nervio de nuestra economía, por su particular vulnerabilidad.

Disminuir la exposición parece ser una conducta sabia en los meses por venir. Para algunos, llanamente se tratará de la búsqueda de la supervivencia en un contexto hostil, en el que lograr la vigencia del concepto de empresa en marcha será el mayor criterio de éxito.

No hay dudas...este es uno de aquellos momentos donde "empatar es ganar".

*MM y Asociados


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lunes, 18 de diciembre de 2017

Cuesta abajo… en las ventas

Cuesta abajo… en las ventas


por Lic. Guillermo Moreno* Lic. Norberto Itzcovich* Dr. Claudio Comari*

Especial para BAE Negocios

En esta época de balances de fin de año, estamos lejos de querer infundir pesimismo a nuestros lectores. Sin embargo, ello no nos exime de observar la realidad. Para nosotros el pesimismo es sólo un “momentum” inmanente del optimismo.

Como anticipamos, los meses de noviembre y diciembre transcurren con una preocupante baja de las ventas en la mayoría de los negocios, que terminarán, una vez descontado el efecto inflacionario, un 10% por debajo de diciembre de 2015.

Así, comienza a derramarse el malhumor en el mercado, dado que, luego de haberse recuperado los ingresos a partir del último bimestre de 2016 (sin desconocer situaciones particulares negativas), resulta difícil explicar si la actual baja es consecuencia de las incorrectas decisiones de los administradores de las compañías o, por el contrario, del propio comportamiento de la economía. Este artículo intenta contribuir a allanar esa duda.

Que en el mundo no cabía… no llegan las inversiones

Allá por diciembre de 2015, Mauricio Macri y sus consejeros económicos decidieron iniciar su gobierno con una fuerte devaluación que, junto con la disminución de las retenciones al maíz, trigo y soja, (en los dos primeros casos en forma total), provocó un profundo deterioro de los ingresos populares con la consiguiente retracción de la demanda global.

Posteriormente, se intentó revertir esa caída mediante el incremento de la inversión pública, aunque este proceso no fue inmediato, ya que sus efectos comenzaron a sentirse en el último bimestre del 2016, extendiéndose durante gran parte del 2017. La recuperación lograda sólo fue transitoria y trajo aparejada la espiralización del déficit fiscal.

A sabiendas de que esta situación no podía ser permanente, el gobierno cifró sus esperanzas en la “lluvia de inversiones” para reemplazar, con el sector privado como locomotora de la economía, al público. Es más, en un rapto de optimismo pensaba que, si dicho “maná” se direccionaba a sectores exportables, se podrían resolver las restricciones del sector externo.

Sin embargo, las dificultades que se expresan en la ausencia de condiciones de competitividad vis a vis los costos de producción de otros países, impidió (e impide) la concreción de este proceso, lo cual, a su vez, se trató de paliar, mediante políticas de modificación de tipo de cambio efectivas (reintegros, reembolsos, baja de retenciones, etc.) para las economías regionales, sin mayores resultados, ya que hoy se encuentran agonizando.

En el plano del mercado interno, va de suyo que los proyectos de inversión necesitan de una demanda sostenible a la cual colocar su producción de bienes y servicios. Situación harto difícil, por cierto, ya que el incremento en el precio de los alimentos, sumado a los aumentos tarifarios, han modificado la estructura de los presupuestos familiares, limitando su capacidad de gasto.

A ello se agrega que los fondos que debieran financiar la inversión privada son absorbidos por el sector público, dados los estímulos (altas y crecientes tasas de interés) que el gobierno y el BCRA otorgan a quienes orientan sus excedentes al financiamiento del déficit fiscal total.

Es evidente que tampoco por el lado de las inversiones, encontró el gobierno la salida al laberinto en el que voluntariamente se ha metido.

Entonces, hacia el mes de marzo de 2017, para tratar de agilizar una demanda global, el gobierno impulsó una política de otorgamientos masivos de créditos a las familias, tanto para la adquisición de viviendas, como de bienes de consumo (durables y no durables). Ello le permitió arribar a las elecciones de octubre sin interrumpir el ciclo iniciado en noviembre del año pasado.

Sin embargo, esta política alcanza sus propios límites, dado el nivel de endeudamiento de las familias y los descalces intertemporales en el sistema financiero entre el origen de los fondos (depósitos) y su aplicación (préstamos).

Esta situación, comienza además a encender luces amarillas sobre la posible afectación patrimonial que pudieran sufrir las instituciones bancarias.

En síntesis, ya no se puede seguir traccionando la demanda global con gasto público (el déficit fiscal total, bien medido, orilla el 11% del PIB), ni tampoco con consumo o inversión de las familias a partir de su endeudamiento.

¿Mi esperanza y mi pasión?… estas reformas no son solución

El presidente Macri reconoció que el consenso alcanzado por la disciplina económica es correcto, afirmando que si seguimos así…estallamos.

Ante este panorama inquietante, el gobierno apuesta nuevamente a generar un shock de inversiones, mediante las reformas laboral, impositiva y previsional, junto con el acuerdo de responsabilidad fiscal, que intenta disminuir el déficit consolidado total.

Sin embargo, la idea de que la mejora de la rentabilidad de corto plazo incentive las perspectivas de inversión privada es falsa ya que, para la maduración de los proyectos, las mejoras deben sostenerse en períodos de tiempo extendidos.

En este sentido, de las reformas presentadas, sólo la previsional (siempre y cuando se cumplan las proyecciones oficiales para 2018, fenómeno de difícil ocurrencia), impactará de acuerdo al objetivo originalmente planteado, aunque con el costo de afectar a más de 17 millones de jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares.

La baja de ventas, salvo situaciones particulares, es producto de las propias inconsistencias del diseño macroeconómico, y a esta altura el gobierno no tiene ya la posibilidad de revertir transitoriamente la situación, como lo hizo a partir de noviembre de 2016.

Así que sólo le resta a los hombres de negocios tomar las mejores decisiones “de gestión”, que les permitan preservar el concepto de “empresa en marcha”: no es tiempo de autoinculparse, porque la causa de la retracción de la facturación es, finalmente, externa a sus compañías.

Cabría decirle al gobierno, parafraseando la lograda frase que sintetizara una contienda electoral norteamericana, me bajan las ventas porque: ¡es la macroeconomía, estúpido!

*MM y Asociados


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lunes, 11 de diciembre de 2017

Un consenso inquietante sobre el actual diseño económico

Un consenso inquietante sobre el actual diseño económico


por Lic. Guillermo Moreno* Lic. Norberto Itzcovich* Dr. Claudio Comari*

Pocos meses atrás, cualquier ejercicio de interpretación de la realidad económica exponía al público a un esfuerzo hercúleo. La diversidad de diagnósticos, valoraciones y pronósticos reinante entre los economistas era de tal envergadura, que parecía imposible encontrar denominadores comunes que permitieran a cualquier lego asumir una posición como propia sin ejercer, al mismo tiempo, un acto de fe. Tal vez sin adquirir un formato explícito de debate entre colegas, la confrontación de los puntos de vista a través de los medios de comunicación, sumada a la fuerza brutal de los hechos, comienzan a parir extendidas coincidencias en la disciplina.

Sin embargo, al alivio que supone la disipación de la virtual Torre de Babel en la que parecíamos inmersos, le sucede lo inquietante de los contenidos del consenso encontrado: inconsistencia macroeconómica de base con perspectivas de irrupción de una profunda crisis sistémica.

La convergencia fue posible

En las diagnosis y proyecciones económicas lo que se pone en juego es la comprensión de la realidad. Se trata, ni más ni menos, de un intento de construir, desde conjuntos fragmentarios de informaciones dispersas, sistemas coherentes y articulados de conceptos, capaces de interpretar y dar adecuada cuenta de las situaciones pasadas y presentes, así como de prever los itinerarios posibles del devenir.

Como todo proceso de producción de conocimientos, mucho más cuando se trata de una ciencia social, requiere para su éxito, además de la buena fe, cumplimentar las exigencias de adecuadas rupturas epistemológicas, misión imposible de llevar adelante sin la confrontación de los propios paradigmas con las evidencias que les son hostiles. Con mayor sencillez, el papá de uno de nosotros suele explicar que, si en una mesa para cuatro, cada uno tiene una idea y la comparte, al levantarse cada cual habrá cuadruplicado su sabiduría.

Hasta no hace mucho, los debates económicos se asemejaban a diálogos entre sordos. En esta misma columna subrayábamos en el mes de julio que "la prognosis del futuro económico inmediato de nuestro país está lejana a la expresión de un consenso; por el contrario, es un terreno de arduo debate que no pocos califican, equivocadamente, como una batalla entre el optimismo y el pesimismo."

Las discusiones, explícitas o implícitas, que la disciplina dio a través de medios tanto gráficos como audiovisuales, parece haber alcanzado niveles de maduración suficientes como para establecer nuevas bases de certezas compartidas. Pese a que la capacidad de difusión es dispar (y hasta desproporcionada), y que se asumieron formas, si se quiere, plebeyas de debate que trascendieron los acartonados círculos "aristocráticos" para darse de cara a la sociedad, los "contendientes" empezamos a encontrar, cada vez más, inesperadas coincidencias.

En esta misma columna, y en más de una oportunidad, hemos caracterizado el contexto como de profunda inconsistencia macroeconómica, y alertado tanto sobre las insalvables limitaciones que ello impone al crecimiento y a la inversión, como sobre los riesgos de alcanzar los puntos de ruptura del sistema. Al mismo tiempo, las inquietudes de nuestros colegas se enfocaban mayoritariamente, en esclarecer la cuantía que iba a alcanzar el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) este año y los subsiguientes, dando por descontados los "éxitos" que la actual administración obtendría en el terreno económico; por esta razón, lo que nosotros caracterizábamos como obstáculos estructurales de tortuosa superación, ellos apenas lo percibían como ligeras desviaciones susceptibles de fácil corrección.

La situación actual luce diametralmente diferente, encontrándonos con que, aún en las indisimulables discrepancias ideológicas y políticas, afloran comunes inquietudes, conceptos y hasta usos de la terminología.

El caleidoscopio de los economistas

Seguramente todos habremos disfrutado, al menos una vez, de jugar con un caleidoscopio, ese artefacto donde una imagen se replica en tres o más espejos. Algo similar ocurre con la economía de hoy; sin importar si se focaliza la mirada en el reflejo de alguna de las corrientes clásicas, ortodoxas o heterodoxas, la imagen percibida siempre es la misma, políticas económicas contradictorias que impiden conciliar:

► La (insostenible) estrategia fiscal,

► El creciente déficit de la balanza comercial,

► El escalofriante saldo negativo en la cuenta corriente de la balanza de pagos (financiado con endeudamiento externo, sobre el que a la vez que se proyecta una sistemática revaluación cambiaria en términos reales), y

► El creciente déficit cuasifiscal, generado por la política monetaria, con la reactivación de un mercado interno severamente dañado y una imprescindible mejora en las ventas externas.

Los puntos de ruptura que, luego de haberlos señalado como amenazas por mucho tiempo, describimos en detalle en nuestra nota de octubre "Viento de cola en la política, nubarrones en la economía", también se hacen omnipresentes en el discurso de nuestros colegas. Con el máximo de los cuidados, para no descontextualizar las citas ni distorsionar su sentido, vale la pena repasar las afirmaciones recientes de algunos profesionales.

Javier Milei y Diego Giacomini, en una entrevista para un diario especializado, coincidiendo con MM y Asociados en que el déficit fiscal total consolidado alcanza al 11% del PBI, alertan que, si no se hacen correcciones urgentes, los funcionarios del gobierno "volverán a las andadas de la maquinita, vendrá la infleta, vendrá la devaluta y eso se llama piña". Germán Fermo no duda en calificar como "experimento" la política económica, en su nota titulada "Macri y una lotería sin plan: un acto de fe que sólo apuesta a la suerte".

Lorenzo Sigaut Graviña, en su reciente nota "¿Otra vez sopa? Condiciones necesarias para el desarrollo", sostuvo "La velocidad de acumulación de la deuda externa (títulos públicos/Tesoro) e interna (Lebacs/BCRA) preocupa. Si en un par de años el gobierno no logra bajar significativamente el déficit y la inflación, podríamos entrar en una etapa de incertidumbre sobre el repago de nuestros pasivos".

José Luis Espert expresó en un programa televisivo, que "Argentina está en una trayectoria insostenible" y que "esto que está haciendo Macri es absolutamente irresponsable"; en su nota "Los liberales quieren alertar al Gobierno", puso corolario a su reflexión con la advertencia de que "el Gobierno está haciendo lo mismo que condujo al fracaso de múltiples programas económicos, en particular el Plan Austral de Alfonsín y la convertibilidad () sostenida caprichosamente por De la Rúa hasta su explosión". Idéntica perspectiva expresa Juan Carlos De Pablo, quien afirmó sin hesitación: "así como vamos, chocamos".

El rector de la Universidad del CEMA y discípulo de Milton Friedman, Carlos Rodríguez, caracteriza que Argentina es "un país que está en un profundo desequilibrio", y amplía: "son más que atroces los desequilibrios que están generando el Banco Central, y la continuidad de la política de déficit fiscal, pero esta vez financiado con deuda externa. Van a explotar."

Carlos Melconian, ex presidente del Banco de la Nación Argentina y asesor del presidente Macri, en una reciente entrevista televisiva sostuvo que "el Gobierno cayó en la trampa de la inconsistencia fiscal y monetaria." Sobre ese mismo particular, él ha llegado a afirmar que "esto se va a la m...".

La aflicción incluso alcanza a los periodistas de opinión, como es el caso de Joaquín Morales Solá, quien en su nota de llamado de atención al gobierno "Una economía que demanda otras señales", apunta que "Las economías regionales se están apagando lentamente por obra de un dólar subvaluado. El déficit obliga a un endeudamiento cada vez mayor, que, a su vez, tira hacia abajo el precio del dólar y hace inviables las exportaciones y facilita las importaciones".

Opinión de muchos, consuelo de...

Con el parafraseo de la antigua expresión popular queremos hacer referencia al hecho de que, no necesariamente ni siempre, la coincidencia en las opiniones ayuda a formar las decisiones más favorables para el conjunto de la Nación.

Pero tan cierto como ello es que, cuando las opiniones coincidentes señalan con claridad prístina un final que está cantado, corresponde considerar si no es preferible corregir a tiempo. La incógnita que flota en el mercado es ¿Cambiemos quiere cambiar?; de la respuesta a este interrogante dependerá el sentido en que cada quien orientará sus decisiones empresariales.

Nosotros preferimos ser optimistas, pensando que el actual oficialismo adoptará las erudiciones sugeridas por los consensos alcanzados. Finalmente, todos coincidimos en que es necesario cambiar a Cambiemos.

*MM y Asociados

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