lunes, 4 de diciembre de 2017

¿Crecimiento económico o diario de Yrigoyen?

¿Crecimiento económico odiario de Yrigoyen?


porLic. Guillermo Moreno*
Lic. Norberto Itzcovich*
Dr. Claudio Comari*

Cada vez que se acerca fin de año, en general, las personas realizamos un balance de lo actuado. Nos preguntamos si cumplimos las metas que nos propusimos, si estamos, en términos relativos, mejor o peor que los años anteriores; y naturalmente, también nos planteamos, con mayor o menor rigurosidad analítica, los objetivos para el año que pronto comenzará. Esto va a cuenta, simplemente, de que también en estas semanas las consultoras económicas solemos finalizar la evaluación del año, y formular las proyecciones futuras.

En este artículo intentaremos comparar el resultado de algunos de los indicadores oportunamente proyectados, a la luz de los resultados de las estadísticas oficiales, en tanto dejaremos para próximas entregas nuestras previsiones para el año 2018.

Una extraña discordancia

Tomando como referencia nuestra prognosis, realizada hacia fines de 2016, y cotejándolas con las cifras oficiales, encontramos que, en casi todas las variables el pronóstico sobre 2017 fue de alta precisión (inflación entre 22 y 25%, resultado fiscal deficitario en u$s55.000 millones de dólares, cuenta corriente de la balanza de pagos, también con déficit, cercano a u$s30.000 millones, rojo comercial mayor a u$s5.500 millones, entre otras). Sin embargo, y de manera sorprendente, las mediciones gubernamentales no se condicen con nuestros pareceres respecto del crecimiento de la economía.

Esta inconsistencia nos generó una situación de incomodidad, resultándonos por demás llamativo que, hubiera tanta coincidencia en las componentes parciales, pero no fuera así en el total que las agrega.

En consecuencia, la única alternativa era hacer el ejercicio minucioso de análisis sobre este último, que aquí presentamos, pidiendo desde ya disculpas a los lectores, dado que constituye un trabajo un tanto engorroso de explicar en un artículo periodístico, pero, aseguramos, vale la pena hacer el intento.

Estadísticas verdaderas, conceptos erróneos

Al sumar, en un período determinado, los valores agregados para cada uno de los 16 sectores en los que las cuentas nacionales clasifican la actividad económica (por ejemplo: "Agricultura, ganadería, caza y silvicultura"; "Pesca"; "Explotación de minas y canteras"; "Industria Manufacturera"; "Electricidad, gas y agua"; "Comercio mayorista, minorista y reparaciones"; "Transporte y comunicaciones"; "Intermediación financiera", entre otros), se obtiene el Valor Agregado Bruto (VAB) de la economía.

Si al VAB se le adicionan los impuestos a los productos (restados los subsidios), el IVA, y los impuestos a la importación, todo ello conforma, finalmente, el Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Dado que el cálculo del PIB se realiza de manera trimestral, y por su complejidad se publica con 90 días de rezago (es decir, por ejemplo, que recién en marzo de 2018 se estará informando por parte del gobierno el resultado del año 2017), es posible apelar a otro indicador oficial, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que permite anticipar, mensualmente, el comportamiento de la economía.

Recientemente publicado, el resultado correspondiente al mes setiembre, arroja un crecimiento de 3,8%, respecto de igual mes del año anterior. Pero al indagar, al interior de él, cuál es el sector de actividad que más impactó en esa alza, viene la sorpresa. No fue la industria, ni el comercio, ni la minería, ni siquiera el sector financiero. Un tercio de ese crecimiento (1,29 puntos porcentuales) se debió al aporte del "sector Impuestos netos de subsidios".Es decir, si en lugar de considerar el PIB, se analiza el VAB, la producción propiamente dicha creció en setiembre 2,5%.

Haciendo el mismo ejercicio para el acumulado de 9 meses, el PIB creció 2,5%, mientras el VAB lo hizo 2,2%. Es decir que, en ese período, las políticas implementadas por el gobierno sobre los impuestos y los subsidios explican 0,3 puntos porcentuales del crecimiento publicado. Es de esperar, ante la baja de subsidios prevista en la última parte del año (y el consecuente aumento de tarifas), que el impacto de esas decisiones alcance más de 0,5 puntos porcentuales del PIB en todo el 2017.

Como ejemplo extremo, podría darse la paradoja de que, por modificar al alza las alícuotas impositivas, o por el impacto recaudatorio que se observa en cualquier economía que aumenta su nivel de importaciones, o bien en caso de que disminuyan los subsidios al sector privado, el PIB arrojaría una variación positiva, aunque no se haya incrementado, o incluso habiendo disminuido, la producción de bienes y servicios.

Esto, que no reflejaría lo que está aconteciendo en el aparato productivo, ocurre dado que el PIB se valoriza a precios de productor (incluyendo impuestos netos de subsidios), en tanto el valor agregado bruto, se calcula a precios básicos.

Un párrafo aparte merece la consideración sobre el comportamiento del sector "Intermediación financiera". En el mes de setiembre aporta 0,3 puntos porcentuales al crecimiento del PIB, en tanto en los 9 meses del año creció 4,5%. Según la metodología de cálculo, su VAB incluye los intereses cobrados menos los pagados. Esto es, cuanto más alta sea las tasas de interés que pague el BCRA en lebac, pases, etc., al sistema financiero ampliado, mayor será el VAB del sector.

De esta forma, comenzamos a encontrar las diferencias entre las cifras oficiales, que naturalmente se publican de la manera que marcan las metodologías estadísticas vigentes, y lo que verdaderamente ocurre con las unidades de negocios, que es hacia donde se orientan nuestras estimaciones.

Hasta aquí, las consideraciones se refieren a la forma de interpretar el desempeño económico, de manera correcta y útil, tanto cuantitativa como conceptualmente, con las herramientas que el análisis de la disciplina provee.

Conceptos verdaderos, estadísticas erróneas

Pero al buen criterio interpretativo, que como explicitamos marca un crecimiento de los bienes y servicios producidos menor al oficialmente publicado, debe sumársele el efecto, ya comentado en artículos anteriores, de incorrectas estimaciones en diversos sectores de actividad.

Se exagera el crecimiento del sector "Agricultura, ganadería, caza y silvicultura", que en los primeros nueve meses del año creció 4,4%, según información oficial, ya que para evaluar su actividad se utiliza información provista por el Ministerio de Agroindustria, que sobreestima la producción agrícola de la campaña 16/17, en aproximadamente 11 millones de toneladas. Esto significa que el sub sector agricultura, que tiene un peso en el PIB de más del 8%, no creció 11% como se informó oficialmente, sino aproximadamente un 2%.

Ello repercute a su vez, de manera relevante, en los sectores de transporte y de comercio, cuyo aumento o disminución se asocia linealmente a los volúmenes de producción agrícola.

También resulta dudoso el "notable crecimiento" verificado en el sector "pesca", que no es coherente con los datos de exportaciones y consumo interno, hasta tal punto que un informe recientemente publicado por Auditoría General de la Nación pone en cuestión las cifras de las que se nutre la estimación estadística oficial.

Por otra parte, el seguimiento de la actividad del sector minero, a través de la cantidad de ocupados y no de la producción física, debe necesariamente formar parte del análisis.

Adicionalmente, en el sub sector comunicaciones, específicamente en lo referido a la telefonía, las líneas de celulares se adicionan mes a mes, permaneciendo en los registros, con independencia de si están activas o no. Así se contabilizan 62 millones de líneas, un promedio de casi 1,5 teléfonos celulares por persona, tomando la totalidad de la población, guarismo extravagante. Tal procedimiento se repite en relación a la telefonía fija.

La única verdad es la realidad

Las cifras oficiales publicadas, correspondientes al período enero-setiembre de 2017, arrojan un crecimiento de la economía del 2,5%.

Aún falta contabilizar el último trimestre del año, en el cual, según las perspectivas, los márgenes sobre producción y/o ventas no muestran un buen desempeño, con una posible agudización de este fenómeno en el último mes del año.

Haciendo una más exhaustiva interpretación de los datos, junto con un correcto recálculo, debe restarse, de aquel guarismo, 0,5% por el tema impositivo y de subsidios, 0,33% por el impacto de las excesivas tasas de interés pagadas por el BCRA, y un 1% adicional por los "errores" de estimación de los sectores agrícola, comercial, de transporte, pesquero, de comunicaciones y minero.

Así, una vez finalizado el año, cuando llegue el próximo mes de marzo y el gobierno publique las cifras correspondientes al 2017, podríamos encontrarnos con un crecimiento de apenas 0,7%, respecto del pésimo desempeño en 2016, si se ajustaran los datos oficiales a los correctos criterios del quehacer económico.

El diario de Yrigoyen

Cuenta la leyenda popular que a Hipólito Yrigoyen sus asesores le acercaban un diario elaborado especialmente con buenas noticias. Hoy en día esto sería muy dificultoso por la masividad de medios de comunicación a los que se tiene acceso. Pero quizás haya un sistema de recolección y publicación de información que, sin poner en tela de juicio el trabajo estadístico volcado en su elaboración, genere aquellas mismas consecuencias políticas.

El resultado final que este tipo de revisiones arroja, pretende echar luz sobre la evolución real de la economía de la República Argentina, y el impacto y consecuencias que las políticas de agudización del déficit fiscal y endeudamiento (interno y externo), entre otras, implementadas por el gobierno del presidente Macri, tienen sobre sus habitantes, no siempre visualizado debidamente por quiénes desempeñamos la disciplina económica.

Así, dado que en el año 2016 la economía había caído 2,2%, y en el 2017, por las explicaciones mencionadas, crecerá sólo 0,7%, la economía acumulará un deterioro de 1,5% en los últimos dos años. Con un crecimiento poblacional de aproximadamente 1,1% por año, el presente año terminará con un PIB per cápita (PIB sobre cantidad de habitantes), a valores constantes, 3,6% menor al de hace dos años.

Ello, como todo promedio, sin tomar en cuenta la regresiva distribución del ingreso a la que lleva el actual experimento económico, producto del mayor impacto de los aumentos de precios en los sectores de menores ingresos.

Humildemente le volvemos a recomendar al oficialismo que aproveche el haber obtenido la primera minoría en las elecciones generales, para modificar de raíz el actual diseño de la política económica. Es cierto que es muy difícil que pueda estar aconteciendo "lo del diario de Yrigoyen", pero parece que al "mejor equipo de los últimos 50 años" le resulta muy útil confundir "gordura con hinchazón".

*MM y Asociados


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lunes, 27 de noviembre de 2017

Lo que ocupa a Trumpa Macri ni lo preocupa

Lo que ocupa a Trump a Macri ni lo preocupa



Lic. Guillermo Moreno*
Lic. Norberto Itzcovich*
Dr. Claudio Comari*
Especial para BAE Negocios

El actual oficialismo, incluso desde su propio nombre, "cambiemos", nos ofrece la posibilidad de que un mundo virtuoso irrumpa en estas costas, a partir de sus decisiones de gobierno. "El mundo nos abre los brazos" o "el mundo está esperanzado en Argentina", entre otras frases, bastan para sintetizar su cosmovisión. "Esta generación que vino a cambiar definitivamente la Argentina", como disfruta decir el presidente Macri, funge como interfase entre ese ideal de futuro venturoso y éste presente que necesita ser superado.

Ahora bien, ¿esto será realmente así? ¿O quienes venden "futuro" en realidad encarnan un pasado que languidece?

Se impone la visión de Trump


Durante el ya lejano mes de abril de este año, el presidente norteamericano Donald Trump recibió a su par chino, Xi Jinping. Lo hizo en la residencia que posee en la costa de Florida, cerca de Palm Beach. Un lugar distendido pero lejano del protocolo y, sobre todo, de la importancia política de la capital norteamericana, Washington D.C. El encuentro fue, como los primeros rounds en el boxeo, de conocimiento más que de resultados. Por eso Trump, cuál si fuera Mohammad Alí, seguro de que con el correr de los asaltos ganaría la pelea, bromeó con inusitada humildad ante la prensa "no he conseguido nada, absolutamente nada".

Ambos presidentes se comprometieron a volver a verse las caras durante el año, esta vez en la República Popular China (RPC).

Y en efecto, a principios de noviembre Xi recibió a Trump en Beijín, con toda la pompa de una visita de estado. El norteamericano hizo del déficit comercial de su país con China uno de los ejes de la campaña electoral del año pasado (cuando ese guarismo alcanzó los 309.000 millones de dólares), y en su viaje, junto a un nutrido grupo de empresarios, logró concretar una serie de acuerdos comerciales que servirán para ir resolviendo ese desbalance. Según la Casa Blanca, dichos convenios ascienden a u$s250.000 millones, impactando razonablemente en la resolución de ese rojo comercial, que en los primeros diez meses de este año alcanzan aproximadamente los u$s300.000 millones.

Los memorandos firmados se refieren a los sectores aeronáutico, biotecnológico, de maquinaria y equipos, electrónico, y principalmente al de la energía. En este último campo, en un periodo de 20 años, la Corporación de Inversión en Energía de China destinará a nuevos proyectos 83.700 millones de dólares. En la misma dirección, la empresa oriental Sinopec invertirá, en yacimientos de combustibles fósiles ubicados en Alaska, la suma de 43.000 millones de dólares, comprometiéndose a la compra de lo producido.

Al respecto es importante resaltar, principalmente en lo referente al mercado del gas que, como mínimo, al precio que se observa en el mercado doméstico norteamericano debe adicionársele el costo de la logística de transporte, con lo cual queda palmariamente demostrada la competitividad, en términos de precio del insumo energético, de la industria manufacturera de los EE.UU. vis a vis la de la RPC.

De esta forma, la revolución energética norteamericana se empieza a expresar, sobre el resto del mundo, con toda su potencia.

Así, la RPC, después de varios meses de disputa durante los cuales el conflicto con EE.UU. se planteó en términos geopolíticos (reclamo de soberanía sobre el mar meridional de China y apoyo relativo a Corea del Norte) parece haber aceptado, en su relación con la primera potencia, las nuevas reglas de juego.

Estos acontecimientos confirman lo que habíamos señalado en esta misma columna meses atrás. La globalización, tal cual había sido diseñada, ha llegado a su fin, y en su lugar el mundo facilita la puesta en valor de los vectores nacionales en los nuevos modelos de desarrollo.

El nuevo orden internacional


Las dos primeras medidas de Trump, una vez llegado a la Casa Blanca, fueron en esa dirección. Retiró a los Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, y decretó la renegociación del NAFTA con Canadá y México, en este último caso poniendo como condición inexcusable la mejora de los salarios y las condiciones de trabajo en el país azteca, para de esa forma evitar que las empresas estadounidenses se trasladen allí.

Asimismo, en su primer discurso en la asamblea general de las Naciones Unidas, en setiembre pasado, Trump sostuvo que su imperativo doctrinal, sintetizado en el lema "Norteamérica primero", no implicaba que EE.UU. quisiera estar solo. "Para mí estará siempre en primer lugar, como para cualquier dirigente responsable. Pero no queremos imponer nuestra forma de vida; no buscamos la expansión territorial, no pretendemos que todos los países compartan las mismas culturas, tradiciones o incluso sistemas de gobierno. Queremos naciones soberanas que trabajen juntas respetando los intereses de su propio pueblo y los derechos de cualquier otra nación soberana".

Sobre el final se preguntó: "¿Seguimos siendo patriotas? ¿Amamos a nuestras naciones lo suficiente para proteger su soberanía y tomar posesión de su futuro?".

Este nuevo modelo de funcionamiento, que puso fin tanto al orden surgido del Consenso de Washington a fines de los años ´80, como al rol de los organismos internacionales originados en los acuerdos de Bretton Woods, al final de la segunda guerra mundial (especialmente el que cumple la Organización Mundial del Comercio - OMC), obliga a nuestros países a repensar su inserción internacional.

Las circunstancias históricas generan la paradoja de que, mientras Estados Unidos (entre otros países), aplica políticas de administración del comercio internacional, privilegiando la generación de empleo en su territorio, al tiempo que propicia mejoras de salarios en uno de sus socios comerciales; la RPC en una extraña conjunción con sectores retrógrados, neoclásicos, y socialdemócratas, tanto europeos como latinoamericanos, persisten como los cultores del libre comercio.

La comprensión de este nuevo fenómeno requiere que, especialmente los dirigentes gremiales y empresariales, junto con los políticos y los especialistas en la temática, agudicen y amplíen los esquemas analíticos, despojándose de dogmatismos obsoletos.

"Nostalgias" y "Desencuentro", los tangos preferidos de Cambiemos


Mientras el mundo camina claramente en un sentido determinado, nuestro país lo hace en la dirección contraria. Tanto el presidente de la Nación, como sus referentes económicos, siguen sosteniendo con "Nostalgias", que Argentina debe intentar vivir en un mundo que ya no existe.

Siempre en el momento y lugar equivocados, resulta evidente que el gobierno nacional ignora las verdaderas oportunidades que en materia económica ofrece hoy el nuevo rediseño global. Por ello, como también lo señalamos oportunamente en esta columna, Macri decidió no concurrir a la mencionada Asamblea General de las Naciones Unidas, tal vez pensando que las ideas del presidente de la máxima potencia mundial son irrelevantes. Nos preguntábamos si estaría guiando el barco, nuestro país, hacia un puerto inexistente. Lamentablemente, parecería ser que sí.

En este sentido, la Argentina alcanzó en el período enero-octubre un saldo comercial negativo de u$s6.115 millones, con serias perspectivas de superar los u$s7.000 millones cuando finalice el año (cabe consignar que la proyección oficial para este año fue de u$s4.500 millones, por lo que resultaría errónea en más de un 50%). Este sendero se ve confirmando, siempre por las propias proyecciones oficiales presentadas en el presupuesto 2018, donde los déficits comerciales alcanzarían los 5.600; 6.000; 6.900 y 7.600 millones de dólares, para los años 2018; 19; 20 y 21, respectivamente.

Respecto de sus dos principales socios comerciales, Brasil y China, Argentina registró en 10 meses de este año, saldos comerciales negativos de u$s7.042 millones y u$s6.011 millones, los que resultaron 86% y 33% superiores a los de igual período del año anterior, respectivamente.

Mientras la primera economía del mundo, al igual que la mayoría de los países relevantes, se ocupan de sus saldos comerciales bi o multilaterales, a nuestro gobierno parece no preocuparle la temática.

Por el contrario, propicia la firma de tratados, como el de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, cuyo único interés parece ser el de beneficiar las exportaciones de origen primario, u organiza el "Undécimo período de sesiones de la conferencia ministerial" de la OMC, la reunión anual de ese muy cuestionado organismo en decadencia.

Muchas veces el arte interpreta la realidad de una manera sublime y sencilla. El tango "Desencuentro" reza en su comienzo "Estas desorientado y no sabés qué trole hay que tomar para seguir. Y en ese desencuentro con la fe, querés cruzar el mar y no podés".

La globalización y el "pensamiento único" del Consenso de Washington han fenecido, y en el mundo se adoptan políticas de protección de las economías locales. El desencuentro evidente ocurre entre las medidas que aplica el gobierno del presidente Mauricio Macri y los nuevos paradigmas de la actual etapa histórica mundial. Lo que equivale a desperdiciar la oportunidad de administrar, de acuerdo a los intereses nacionales, la velocidad de inserción internacional de los adecuados modelos de desarrollo local.

Le recomendamos, humildemente, al oficialismo que aproveche el haber obtenido la primera minoría en las últimas elecciones para adaptar sus visiones a la nueva realidad mundial. De otro modo, este experimento, como dice él tango, se convertirá en un "total fracaso de vivir", donde, seguramente, "ni el tiro del final te va a salir".


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lunes, 20 de noviembre de 2017

Recauda como liberal, gasta como keynesiano: la política del “después vemos”

Recauda como liberal, gasta como keynesiano: la política del “después vemos”


por Lic. Guillermo Moreno* Lic. Norberto Itzcovich* Dr. Claudio Comari*

La semana pasada se apareció en la oficina la tía que es “gorila”, pero que también gusta de charlar de los temas económicos porque “de eso, Guillermito sabe”. Con modo simpático y a la vez imperativo, reclamaba respuestas.

“A ver si me explican qué está pasando; escuché a los economistas que a mí me gustan y resulta que hay uno que habla de corralito, otro que recomienda comprar botes, el otro que dice que el Banco Central está quebrado; me están asustando”.

Nos pareció entonces que, sin dramatizar, debíamos pintarle el cuadro más aproximado posible. Y emulando a un economista, bien formado, que escribía sus artículos de divulgación conversando con su tía transcribimos, tan fielmente como pudimos, nuestra charla con la pariente contrera.

Le contamos que, cuando asumió el gobierno, pensábamos que iba a adecuar su comportamiento a la antigua consigna: “de que siempre hay que hacer lo que hay que hacer”.

Pero su modus operandi es otro
Hacia mayo de 2016, nuestra opinión era: “luego de seis meses de gestión macrista, se empiezan a agotar los plazos para definir el sesgo que tomará finalmente el gobierno. Durante estos meses hemos observado una política económica poco coordinada, e incluso acciones contrapuestas, entre un ala predominantemente desarrollista y la antagónica más liberal.

Mientras que la última, con el Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, como expresión más visible de este enfoque, sostiene y promueve a través de voceros calificados medidas más drásticas que permitan disminuir aceleradamente el déficit fiscal (aun cuando implique tener que lidiar con las posibles consecuencias sociales que acarrearían), el sector más desarrollista, expresado principalmente por el Ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay, postula que se pueden hacer gradualmente los ajustes necesarios e ir financiándolos con emisión de deuda, desarrollando a su vez un proceso de atracción de inversiones.”

Creíamos entonces que el gobierno iba a buscar algún tipo de solución a los problemas (¡que es su obligación!), sin sospechar que se trataba del verdadero modus operandi de la alianza Cambiemos: no importa si algo no se resuelve o incluso se agrava; lo importante es salir del paso hoy.

Aumentemos la ganancia de un sector, aunque resignemos recaudación… después vemos
Al inicio del gobierno se duplicó el precio de la canasta alimenticia, producto de la devaluación del 60% de la moneda y la eliminación o disminución de retenciones a ciertas exportaciones. La licuación del poder adquisitivo de los ingresos populares (y su impacto a la baja en el mercado, vía la demanda), que desplomó la economía, pretendió ser reemplazada por el gasto público. Por un lado, recaudaban menos y por el otro gastaban más. La conclusión es obvia: iniciaron un sendero de duplicación del déficit fiscal.

Pero no se amilanaron. Porque consideraron que podían recurrir al crédito externo para su financiamiento.

Los dólares comenzaron a entrar y a gastarse, para lo cual había que transformarlos en pesos, pero estos aumentaban la emisión monetaria y con ello la inflación y encontraron otra solución mágica: quitar esos pesos del mercado (esterilización) utilizando las Lebac. Para lo cual tuvieron que pagar una enorme tasa de interés y entonces emergió el déficit cuasifiscal, que sumado al del Tesoro Nacional y las jurisdicciones subnacionales, nos acercan al 11% del PIB de este año, esto es alrededor de U$S60.000 millones, similar (en porcentaje) al que alcanzó el gobierno de Alfonsín previo a su colapso. Y entonces ahora ¿cómo estamos?, preguntó En este punto de la conversación, tratando de minimizar la angustia de la tía, tuvimos que reconocerle que ahí no terminaban los problemas. Porque los dólares ingresados por las diferentes vías (deuda externa, carry trade, etc.) más la persistencia del proceso inflacionario, habían licuado la teórica ganancia de competitividad externa generada por la devaluación, con lo cual nos encontrábamos al día de hoy con que, a los productores argentinos, salvo contadas excepciones, se les dificultaba vender sus mercancías en el mercado externo y competir con las que, más baratas, llegan desde el exterior.

Si esto le sumamos que tampoco hay mercado interno por lo citado más arriba, nos encontramos en un punto que, por falta de ventas, prácticamente no hay empresas que ganen plata.

¡Pero para eso van a hacer estas reformas nuevas!, sostuvo la tía
Y sí. Pero parece que no es todo tan fácil, contestamos. Pensaban que con la reforma laboral podían transferir ingresos desde los asalariados hacia las empresas, pero eso no resuelve los problemas de debilidad de la demanda, ni tampoco, salvo contadísimas excepciones, mejora la competitividad de las compañías. Encima, si se achican los ingresos de los asalariados, se cae más el mercado interno. Como era esperable, el proyecto generó la reacción de todos los dirigentes sindicales así que hay que ver la propuesta definitiva y cómo se da el trámite legislativo, pero aparentemente y, por suerte, mucho no van a conseguir por ese lado.

En cuanto a la “reforma tributaria”, hay que tener en cuenta que el sector privado, enfrenta a un mismo tiempo la disminución del consumo doméstico, la retracción de exportaciones y la competencia de la producción foránea y que la supervivencia de la actividad de las unidades económicas, en no pocos casos, ha sido a costa de la resignación de márgenes de comercialización.

Así llegamos al momento de la “reforma fiscal” que, en un principio, iba a ser de resultado neutro para el Tesoro.

Le contamos lo que habíamos señalado la semana pasada en esta columna: tal reforma no permitiría mejorar la competitividad de la producción local vía disminución de precios sino que, a lo sumo, podría auxiliar a las empresas a recomponer los márgenes perdidos. Claro que esto sólo aplica a quienes se les bajaba la carga tributaria, ya que, para que el resultado de las modificaciones sea neutro, otros debían sufrir aumentos de impuestos.

Sin embargo, la reforma significará profundizar el desequilibrio fiscal ya que, frente a empresas y mandatarios provinciales perjudicados por incrementos que hicieron oír sus justos reclamos, el gobierno comprometió su retracción.

¿Entonces quién pone la plata que falta?, inquirió nuevamente
Así fue que llegó el momento de las evasivas. ¿Para qué amargarla? Ninguno tuvo el coraje de explicarle que, todo indica, serán las jubilaciones y pensiones los próximos “patos de la boda” con los que el gobierno va a tratar de emparchar semejante descalabro. Y también con las transferencias al Tesoro de las ganancias contables no reales, del Fondo de Garantías de Sustentabilidad y de las utilidades del Banco Nación.

Antes de despedirnos la tía agradeció y, equilibrando la balanza de las mentiritas piadosas, nos dijo: “me voy más tranquila”, sin que mutuamente nos creyéramos.

La procrastinación como esencia


El gobierno parece estar enfocado sólo en la postergación de las manifestaciones de los problemas que no soluciona. Esta actitud, rayana en la insensatez, es la que impregna al conjunto de la administración; para mejorar algo el consumo, la ANSES y los bancos públicos entregan créditos indexados que las familias no podrán devolver ni las entidades cobrar, o se resiente el patrimonio del Banco Provincia con las promociones de 40% y 50% de descuento. Finalmente, alguien se ocupará de sanear las cuentas de las instituciones, pero en el futuro.

Ni siquiera la acelerada dolarización de carteras pareciera preocuparlos, como si desconocieran la tradición bimonetaria de nuestra economía.

Cuando tomamos nota de que el circulante en poder del público ronda los 600 mil millones de pesos, y que las Lebac superan los 1,15 billones de pesos, potencialmente monetizables, contra U$S30.000 millones en reservas de libre disponibilidad, la división algebraica de una sobre otra, que daría un tipo teórico de cambio, conmociona.

La apuesta gubernamental consiste, evidentemente, en posponer las expresiones de tan compleja situación, hasta el momento de endosarle a terceros los costos de su resolución.

Entonces nos resta observar el curso de los acontecimientos con la conciencia de que el actual gobierno no buscará soluciones de fondo, aun cuando ello implique agravar los problemas. Y también con la certeza de que el timing de la economía no necesariamente se subordina a los deseos de los gobernantes.

En ese marco, reflexionar en rededor de una posible crisis resultó inevitable. El ala joven de la mesa repitió la frase de moda de los gurúes: “si sucede conviene” o, como dicen en Oriente, “toda crisis es una oportunidad”.

Claro que los más adultos, no pudimos ignorar la definición que se usa en este hemisferio: hay crisis cuando todas las posibles salidas… son malas.

*MM y Asociados

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