lunes, 8 de enero de 2018

¿Será Sturzenegger el Sourrouille de Macri?

¿Será Sturzenegger el Sourrouille de Macri?



Corría el año 1988 y el "Plan Austral", implementado por el gobierno radical en 1985, colapsaba. Entonces se les ocurrió el "Plan Primavera". Se pretendía alcanzar una situación de convivencia razonable hasta la elección presidencial del año siguiente. Entre otros objetivos, buscaba tener:

► un tipo de cambio único y administrado,

► tasas de interés arbitradas por el mercado y,

► una política de ingresos activa.

Pero claro, no se corrigieron los desmesurados desequilibrios del sector externo ni el fiscal.

Hacia marzo del '89 y bajo la creciente corrida cambiaria, el candidato radical, Eduardo Angeloz, apremiado por las encuestas que pronosticaban un resultado desfavorable en la citada elección, presionó al Dr. Alfonsín para que diera un golpe de timón que le permitiera mejorar sus chances.

En ese marco, el Presidente cambió su Ministro de Economía, Juan V. Sourrouille, por Juan C. Pugliese, obteniendo resultados contrarios a los buscados, acelerando la ruptura del delicado proceso imperante hasta el momento. Con su recordada expresión "les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo", el entonces flamante ministro describió el comportamiento del empresariado (que lógicamente tomaba decisiones de acuerdo a las crecientes expectativas de devaluación) y expuso, contundentemente, la imposibilidad de ordenar, mínimamente, las principales variables de la economía.

Algunos años después, con profundo realismo, Sourrouille reconoció que durante su gestión "el Gobierno no tenía otra política posible que buscar, como pudiese, que hubiera, en el mejor de los casos, un acto electoral razonablemente organizado, y no salió bien".

Décadas después, podemos evaluar que, así como él con su gestión garantizaba que el radicalismo perdería las elecciones, también aseguraba la entrega del mando en la fecha estipulada, y no seis meses antes, como finalmente aconteció.

Nos trajeron estos recuerdos los recientes anuncios oficiales de las áreas económicas.

3 contra 1 no es de caballeros


Finalizando 2017, los argentinos fuimos sorprendidos con una inusual conferencia de prensa brindada por Peña, Dujovne y Caputo, de la que, insólitamente, participó también Sturzenegger.

Hasta la vestimenta fue claro reflejo de los alineamientos. De manera análoga a los vestuarios de los clásicos picados entre solteros y casados, el presidente del BCRA fue el único de los cuatro luciendo corbata. El resultado fue el previsible: los más someten a los menos.

Postergando la (necesaria) reflexión que merece la cuestión de la independencia de los Bancos Centrales en los diseños institucionales de occidente, nos concentraremos en los anuncios y sus implicancias.

Allí, los funcionarios informaron a la población sobre el cambio en la meta de inflación prevista para el año 2018, que pasó de 10% (+/- 2 puntos porcentuales) a 15%. La idea principal subyacente a ese cambio, es la de disminuir las tasas de interés de referencia, flexibilizando la política monetaria. Adicionalmente, explicaron que redireccionarían el financiamiento del déficit fiscal total (DFT)1 hacia el mercado local, tomando crédito interno.

¿Qué cambió?


En los dos primeros años del gobierno de Cambiemos, dados los estímulos que ofreció (las tasas de interés), los fondos que debían dirigirse a solventar la inversión del sector privado se desviaron al financiamiento del DFT. Los recientes anuncios de las autoridades económicas pretenden iniciar un camino distinto: reducir los rendimientos financieros para incentivar los proyectos privados de inversión.

De lado quedan los diagnósticos que indicaban que el alto nivel de la tasa de interés no impactaba en el de la actividad del sector productivo, dado el bajo volumen de crédito con que contaba la economía.

Veamos ahora su factibilidad.


Si tenemos en cuenta que el DFT tenderá a estancarse o crecer, dadas las últimas modificaciones impositivas y previsionales, no es sensato esperar que se lo pueda financiar con fuentes locales sin absorber la totalidad, o al menos la mayor parte, de los fondos disponibles para préstamos del sistema financiero ampliado. De esta forma, el sector público seguirá desplazando al sector privado en la captación del ahorro doméstico1.

A su vez, es necesario tener en cuenta que, si la "esperanza de devaluación" supera a la tasa de interés, el comportamiento esperable es el de búsqueda de valorización patrimonial mediante la acumulación del ahorro en la moneda que se considera "retrasada". Si, por el contrario, se espera una prevalencia de la tasa de interés, la apreciación de la moneda local profundizará los desequilibrios del sector externo.

Todas las salidas son malas


Queda claro, que el escenario económico se enfrenta, cada día más ostensiblemente, a los límites del esquema diseñado. Como señalamos en nuestra nota "Cuesta abajo en las ventas", los dos factores de incremento de demanda, que le permitieron al gobierno llegar a las elecciones de octubre, están exhaustos:

► el gasto en obra pública, que no puede seguir aumentando sin elevar el déficit fiscal a niveles explosivos y

► los préstamos para consumo/inversión de los particulares que, de seguir creciendo, pondrían en crisis la solvencia del sistema financiero.

Ante este panorama, intentar revertir dicha situación mediante la baja de la tasa de interés (por lo ut supra señalado) suena más a voluntarismo que a dominio de la disciplina económica.

La osadía, que puede ser un valor tratándose de asuntos particulares, es manifiesta irresponsabilidad cuando lo que se arriesga son los activos de toda la sociedad. Tal vez el Gobierno debiera resignarse a su fracaso y dedicarse con meticulosidad a administrar, de la mejor manera posible, el tiempo que le resta hasta alcanzar la meta.

Apelar a "jugadas maestras" desconociendo las causalidades elementales del "arte económico", pueden llevar al sistema a acelerar su entropía.

Lamentablemente, las inconsistencias económicas del actual oficialismo, principalmente sus déficits gemelos, se asemejan a las de los tramos finales del gobierno de Alfonsín.

Con profundo sentido del deber patriótico... lo estamos señalando.

*MM y Asociados

1 Suponiendo que tal hipótesis no se cumpla y que los agentes económicos dispongan de pretérito atesoramiento para fi nanciar el desarrollo de sus proyectos, este fondeo podría estar en pesos o en dólares. Si fuera en pesos, el plus de inversión presionaría sobre el sector externo haciendo inmanejable su défi cit mientras que, si fuera en dólares, su conversión a pesos para implementar los proyectos, deprimiría más el tipo de cambio real impactando también en el sector externo.



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